El papa Francisco retornó a la prisión en la que hace una década inició el rito de la misa In coena domini, en la que cada Jueves Santo lava los pies a doce presos, como referencia al gesto que tuvo Jesús con sus doce apóstoles, antes de ser crucificado.
Así, Francisco acudió a la Casa del Marmo, una prisión de menores ubicada en la periferia de Roma, donde tras su homilía, en la que animó a los fieles a ayudarse entre sí, se levantó de su silla de ruedas para lavar y besar los pies de diez hombres y dos mujeres.
El sumo pontífice fue dado de alta el sábado pasado, tras haber estado hospitalizado tres días en el nosocomio Gemelli por una bronquitis; si bien no pudo arrodillarse, realizó el gesto de pie y sin ayuda.
El Papa narró a los jóvenes y personas congregadas en la capilla de la prisión:
Jesús, justo el día antes de ser crucificado, tuviera este gesto lavar los pies. Entonces era una costumbre hacerlo antes de entrar en casa, pero era un trabajo de esclavos. Yo haré el mismo gesto, pero no es una cosa folclórica, es un gesto que dice como tenemos que ser nosotros con los demás.
Tras la misa
Francisco compartió unos minutos con los reclusos, quienes le regalaron una cruz realizada en un curso de carpintería, además de un paquete de pasta y unas galletas, productos elaborados en las cocinas del centro.
Previamente, el papa presidió la misa Crismal, que conmemora la institución del sacramento del orden sacerdotal por Jesucristo durante la Última Cena, dedicada a la renovación por parte de los prelados de los votos de pobreza, castidad y obediencia.
Este Viernes Santo, el Pontífice presenció el Viacrucis en el Coliseo, por tv
El Papa Francisco no estuvo en la procesión del Viacrucis al aire libre debido al frío, informó el Vaticano en un comunicado.
Empero, más temprano, asistió a la misa de Viernes Santo en la Basílica de San Pedro.
Es la primera vez que el Papa no preside el servicio del Viacrucis en el Coliseo de Roma, desde que fue elegido en 2013.
El Sábado Santo presidirá la Vigilia Pascual y el domingo, en la plaza de San Pedro, oficiará la Misa de Resurrección e impartirá la tradicional bendición Urbi et Orbi, asomado en el balcón central de la fachada del Vaticano.
