Rubén Darío*
Dice H. Spencer que el objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás. Vaya tarea para los tiempos que corren, en los que día a día se nos dificulta más podernos identificar como Latinoamericanos.
¿Cómo gobernarme a mí mismo?,¿De qué manera me libero de las influencias y decisiones foráneas? ¿Qué tan minado estoy de estas ideas y hasta donde puedo ser capaz de liberarme de ellas?
Para lograr aterrizar cualquier idea, cualquier plan o proyecto educativo es necesario considerar la condición y naturaleza del hombre y de la cultura en su conjunto, para lo cual cada individualidad tiene sentido por su vinculación e interacción con los demás y con el conjunto.
La individualidad será pues, fundamental para formar un ser autónomo y capaz de tomar resoluciones de manera crítica.
El hombre a pesar de habitar en la naturaleza y convivir con los demás seres del medio natural, posee ciertas cualidades que lo distinguen de los otros seres y una de ellas es la imposibilidad de determinar y predecir su comportamiento. Los humanos somos seres impredecibles e inacabados, que se mantienen en un constante crecimiento y aprendizaje.
Y para ello debe valerse de los andamiajes de su cultura, de su entorno para adaptarse y transformar su medio y transformarse así mismo.
Los humanos necesitamos aprender lo que no sabemos
Es decir, lo que no nos es innato y potenciar lo que por herencia genética tenemos y, para tal fin, se requiere de la presencia de los otros y la cultura; un proceso educativo, es decir, educar.
Pensar educar entonces, es ser capaz de aportar en la formación del individuo a partir de su cultura y su entorno, poniendo énfasis en la construcción de su individualidad ya que es sustancial para la creación de significados.
Interpretar y crear significados supone dialogar con el mundo en sus diferentes contextos culturales. Esta resignificación de su cultura estará determinada por el contexto en el que se originó.
El educar hace posible la individualidad de un ser humano en tanto que sienta sus bases sobre el sujeto y es, en ese sentido, donde la tarea de educar se constituye como una herramienta fundamental para la consolidación de una sociedad autónoma, critica y justa.

