Bolivar Hernandez*
Durante el siglo XX, la universidad sirvió a muchos como un elevador social, porque facilitaba el ascenso de una clase a otra superior.
Medio siglo después, ya entrado el siglo XXI, el panorama cambió radicalmente para los jóvenes con títulos universitarios. Éstos yacen devaluados, sin prestigio alguno, que no garantizan siquiera el poder insertar al joven en el mercado laboral.
La educación superior universitaria se convirtió recientemente en el gran negocio, con una oferta muy amplia de diplomados, maestrías, doctorados y posdoctorados; cuyo nicho de mercado, que son los jóvenes de clase media con aspiraciones de escalar la pirámide social con éxito.
Sin embargo, en la realidad, esos centros universitarios sobre todo privados, no garantizan absolutamente nada a los jóvenes; esos títulos devaluados ya no son “patentes de corso“, como se pensaba antiguamente.
Tenemos en el siglo XXI, una gran paradoja social
Los jóvenes actuales poseen un nivel de estudios superiores nada comparables a los niveles de estudios de sus padres, que muchas veces no pasaban de un nivel de primaria o secundaria, pero estos graduados universitarios no encuentran trabajo en el cada vez más competido y voraz mercado laboral.
La frustración, la desolación, la falta de esperanzas en un futuro mejor, conducen a los universitarios a laborar “de lo que sea”, y no en aquel campo para el que se preparó con tanto ahínco. O bien, a emigrar al extranjero en busca de una oportunidad de trabajo que en su país no consiguieron, inclusive habiendo luchado tenazmente por eso.
Es patético ver a los universitarios de hoy laborando en los Mac Donalds, en los Starbooks, o como repartidores en moto de Pizza Domino; son empleados con contratos basura, sin ninguna prestación social ni con un buen salario.
El servicio de taxis Uber, está repleto de choferes, con títulos universitarios.
El problema del desempleo juvenil es preocupante, pero más aún el desempleo de los jóvenes con títulos universitarios. Por ejemplo, actualmente existen en España dos millones de jóvenes graduados en el paro, sin trabajo en aquel país.
Cómo pueden los jóvenes en esas condiciones formar una familia, tener hijos, construirse una vivienda, o comprar un piso (departamento) en alguna ciudad. Ya no se diga poseer un automóvil o viajar de vacaciones por el mundo. ¡No pueden, es imposible!
Millones de jóvenes conviven aún en los hogares paternos, por la imposibilidad de ser autónomos o independientes en lo económico.
El panorama para los jóvenes universitarios es funesto
El mercado laboral se ha transformado radicalmente, en todo el mundo. Se requieren nuevas habilidades, y nuevas profesiones más orientadas al mundo digital, más ingenierías, más técnicos en todo.
Lo que las universidades actuales siguen ofreciendo al mundo productivo actual, son profesiones tradicionales, carreras saturadas de titulados sin rumbo, como son los profesionales de Ciencias y Técnicas de la Comunicación, los comunicólogos o periodistas. Por citar un solo ejemplo de la absoluta falta de planeación educativa.
No saber cuántos médicos, abogados, comunicólogos, ingenieros, arquitectos, nutricionistas, maestros de primaria o de educación especial, se requieren cada año, es algo inaudito.
Los profesionistas universitarios no sobran en lo absoluto, pero están mal distribuidos en el país, la mayoría están concentrados en la ciudades más grandes, hay capitales que están sobresaturadas de médicos y de abogados, por ejemplo.
Un síntoma importante a considerar es el siguiente: ¿Por qué los plomeros, los mecánicos automotrices, albañiles, entre otros oficios, ganan mejores salarios que los que poseen títulos universitarios?
Hasta pronto desobedientes que se afanan en coleccionar cartones, títulos universitarios, sin valor alguno, en lugar de aprender un oficio útil y necesario.
*La vaca filósofa.
