Arturo Ríos Ruiz
Hay condiciones para denunciar judicialmente a quien comete abuso o un ilícito, porque si no, son campañas que se pueden echar a andar y no se actuaría con justicia, declaró el presidente respecto al caso de Pedro Salmerón, una manera usual del mandatario, para defender a los suyos.
En tanto, organizaciones y activistas exigen frenar el nombramiento de Salmerón. En una misiva rubricada por cientos de activistas y colectivas, solicitaron detener el nombramiento de Pedro Salmerón, por las acusaciones en su contra por acoso sexual.
Columnistas, legisladores y partidos políticos aseguran que el polémico escritor es el protegido de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de AMLO. Tiene buenos amarres que podrían imponerlo, tal y como se ha hecho en otros casos: Verbigracia el de Félix Salgado, que gobierna tras bambalinas.
Suenan bien las palabras del mandatario, sólo faltaría que, en efecto, se presentara una denuncia formal contra Salmerón y que sí se aplicara La ley, como sucede en cualquier Estado de Derecho.
A estas alturas de la administración
López Obrador ha sumado una cadena de defesas a los suyos que han sido señalados en actos de corrupción, la lista es semejante a un relicario. No alcanzaría el espacio con el que contamos.
Para cimentar lo anterior, tenemos a innombrable Manuel Bartlett con su emporio inmobiliario, Eréndira Sandoval y su esposo, igualmente retorcidos con propiedades, los hermanos recibiendo dinero en circunstancias palpables de irregularidad, familiares empresarios con contratos millonarios, y un largo etcétera.
De las últimas defendidas por el huésped de Palacio es Delfina Gómez, señalada con puntualidad sobre los descuentos a los empleados de la alcaldía de Texcoco, para apoyar económicamente al entonces aspirante. Como lo hicieron muchos y siempre ha encontrado la manera de sacudirse con una negativa y absolutista explicación. Con todos remata bajo el endeble argumento de que: Es una persona honesta y tan, tan …
Es ocioso repetir las andanzas de sus cercanos que, con un apoyo decisivo y cortante, para en seco las acusaciones; aumenta con ello la protección y exhibe que sólo los adversarios son corruptos y los suyos tienen todo el permiso de actuar con impunidad.
Cada vez es más frecuente esta dinámica presidencial y la recurrencia de bochornosos actos de integrantes de su equipo que tienen asegurado un escudo para cubrir sus excesos, lo que es un inevitable acto de corrupción, complicidad, ilegalidad y cinismo.

