Bolivar Hernandez*
Pese a la edad que tengo actualmente, 78 años, no logro desentrañar el porqué evito a toda costa las reuniones con viejos compañeros de escuela. Ni se me ocurre ni por un instante, ni sobrio ni borracho, buscar el encuentro con mis condiscípulos. Aclaro que soy abstemio de toda la vida, y, por lo tanto, siempre estoy sobrio.
No me interesó jamás, en lo más mínimo, reunirme con mis ex compañeros de la universidad, y mucho menos con mis condiscípulos de preescolar, primaria, secundaria, normal, y de otros ámbitos educativos donde cursé maestrías y diplomados, porque en la meritocracia de entonces, era una obligación coleccionar títulos, puros cartones.
Traigo este tema a colación
Porque tuve un gran amigo en la universidad, el famoso Güero Estrada, y cuando escribí las anécdotas sobre nuestra amistad de juventud, no pensé en buscarlo jamás. Él es historia. Sin embargo, muchos de mis lectores me sugirieron que lo buscara en internet.
Mi amiga Ojitos De Miel se propuso encontrar al Güero Estrada, y lo halló. Y ahí me doy cuenta que Alejandro también se llamaba Jesús, nunca lo supe hasta hoy. Le escribí y me respondió amable y afectuoso, y no dio para más ese reencuentro; y tampoco lo pretendía. El asunto: El Güero Estrada, es un caso cerrado. Punto.
Tengo varios conocidos, sobre todo mujeres, que mantienen actualmente una agenda social con sus compañeros del kínder, primaria, secundaria, bachillerato, universidad, y se reúnen al menos una vez al mes con cada grupo.
En Guatemala, esa práctica tiene también otra finalidad…
Es organizar una colecta de dinero mensual y se rifan el número para ir recibiendo ese monto monetario. El número uno recibe de inmediato el monto total , y el número ocho, ocho meses después. Se llama cuchubal, y en México se le denomina: tanda, pero es solo entre vecinos o familiares no entre ex condiscípulos.
Las reuniones de ex compañeritos son la pura nostalgia de un tiempo remoto que no volverá. En todas las reuniones con ellos, hay una frase muy repetida: Te acuerdas cuando…
Debo confesar que he olvidado a todos mis ex compañeritos de casi toda mi vida escolar, desde el preescolar hasta la universidad, salvo a algunos de la escuela normal donde estuve internado por tres años. Y recuerdo a pocos compañeros de la universidad. Y cuando estos últimos se reúnen cada cierto tiempo, y me invitan, yo procuro tener a la mano una buena excusa para no verlos.
Hace mucho fui a una reunión de excompañeros de la universidad, y saqué la conclusión de que muchos ya habían muerto, y los pocos vivos que asistieron, tenían la firme idea de que haber tenido éxito en la vida, era haber acumulado dinero o bienes materiales.
Y que no importaba mucho la vida miserable que llevaban con sus parejas. O tampoco la poca o mala salud que tenían. Poderoso Don Dinero, pues…
Tengo un pariente cercano cuya vida entera se la dedica a su escuela y a sus ex compañeritos, vive para ellos. Él egresó hace cincuenta años de su escuela, y sigue activo en la asociación de egresados, es vocal. Se ha empeñado en escribir la historia de su escuela, como una contribución de un hijo hacia su alma mater.
El pariente me dice: El vínculo con mi escuela es tan fuerte que ahí están mis amigos y mis enemigos también …
Desde niño fui un llanero solitario, con pocos amigos
Nunca fui parte de ningún grupo, ni mafia, pandilla, clan, clica, mara, club o partido político. Mi espíritu libre me lo ha impedido toda la vida. Quiero actuar y pensar sin acatar consignas de nadie, soy un librepensador, en el sentido literal del término.
Las únicas asociaciones que he establecido en mi larga vida, son con las parejas amorosas, con mis esposas, y con mis amantes.
La identidad personal la construí en forma ajena a instituciones educativas, religiosas, políticas o deportivas. La familia nuclear ha sido mi referencia para bien y para mal.
Hace unos días recibí un documental sobre la escuela pública donde estudié la secundaria en la Ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, y era una exaltación exagerada de las virtudes de ese centro educativo, el INVO, por parte de sus egresados.
Solo atiné a decir en mi comentario publico que los años en que estuve ahí, estudiando, me tocó un capítulo muy oscuro y nefasto. Fue cuando un militar dictador y presidente de la República, impuso la militarización de la educación en el país.
En esa época de la secundaria, fui castigado corporalmente por decir a viva voz:
Los civiles nos podemos militarizar, pero los militares no se pueden civilizar.
*La Vaca Filósofa
