Jean-François Geneste*
Este artículo relata el progreso chino y ruso en este campo (armas hipersónicas) y evoca las preocupaciones del mundo occidental en cuanto a su capacidad de ponerse a la par, empezando por Estados Unidos. Ponemos aquí la cuestión de un atraso que no se debería a un desarrollo posterior, sino a lo que parece ser una dificultad conceptual real para hacer trabajar tales máquinas.
Ya que estamos en Occidente, recordemos las palabras de Richard Feyman, Premio Nobel de Física: “El objetivo de la física es hacer que las ecuaciones hablen.”
Nótese entonces que, al final de la Guerra fría, nos encontrábamos en una situación bastante extraña a primera vista. Occidente llevó la electrónica y los computadores mucho más lejos que la Unión Soviética. Nunca pasó por la cabeza de nadie que esta última se hubiese mantenido sin ellos y nos contentamos con pensar que sus equipos eran obsoletos e ineficaces. ¡El conflicto ucraniano mostró lo contrario!
Sin embargo, quien trabajó en materiales distintos antes de la caída del muro de Berlín sabe muy bien que el “enemigo” de aquella época realizó verdaderos tesoros de reflexión precisamente para hacer que las ecuaciones hablasen y entender lo que realmente estaba en juego sin tener que pasar por cálculos del ordenador. Este fue el caso, por ejemplo, de los motores de propulsión espacial “iónicos.”
Durante este periodo, en casa, dependíamos cada vez más del software. Era una caja negra de la que no teníamos dominio y devorábamos los resultados, cualesquiera que fuesen, como si fuesen la verdad desnuda y cruda saliendo de un oráculo.
Muchas veces un ejemplo vale más un largo discurso
En 2013, hice una prueba de una máquina de mi proyecto en un túnel de viento digital. Se firmó un contrato con la Escuela de Minas que puso a uno de sus mejores alumnos del Politécnico de Milán. El objetivo del estudio era determinar los coeficientes de arrastre y la sustentación de mi aeronave. Hice una estimativa manual que me tomó 10 minutos.
Luego de seis meses de esfuerzo, el súper computador produjo un coeficiente de arrastre igual al mío, dentro de un margen de 10 por ciento. Si detuviéramos el cuento aquí, tal vez usted pensaría que yo estaba equivocado en 10 por ciento.
¡No! La verdad es que mi concepto, en esencia, debería tener un coeficiente de sustentación diferente de cero. Pero lo que salió del programa “infernal” fue cero. Fue, por ello un error manifiesto que mostró que no se podía tener ninguna confianza en el resultado relativo al arrastre. Voy a pasar por el análisis que le siguió, así como con sus conclusiones.
Hoy, las escuelas de ingeniería, en total acuerdo con las empresas, quieren personas que sepan lidiar con diversas herramientas de TI: Catia, etc. Estas de hecho, aunque en el momento en que fueron concebidas, trajeron grandes progresos para los que estaban habituados a pensar, tan sólo “taylorizan” la verdadera profesión, degradándola enormemente, llevando a la mejoría que mañana será privilegio de la Inteligencia Artificial. Por otro lado, desde mi punto de vista, sustituir a los físicos e ingenieros soviéticos de aquella época con IA no sería posible en absoluto.
Es en ese punto en el que nos encontramos
Hasta que nuestros científicos consigan hacer que las ecuaciones hablen, parece improbable que Occidente sea capaz de fabricar misiles hipersónicos dignos de ese nombre. ¿Qué quiero decir con eso? No se trata de cohetes que hayan llegado hasta Mach 5, que es el límite entre súper sónico e hipersónico, sino de los que llegan a Mach 9, como el Zircon al nivel del mar, o Mach 27, como el Avangard a grandes altitudes, manteniéndose maniobrables.
Para llegar a esa categoría es imprescindible reconectarse a los estudios con foco en el papel y lápiz. Escriba las ecuaciones, intente resolverlas manualmente y entienda, al hacer aproximaciones, a lo que correspondan físicamente y si son legítimas.
Veamos un ejemplo más. Existen los loops de fluido de cambio de fase para enfriar partes de, por ejemplo, satélites. De no hacerse, con aproximaciones ad hoc, un desarrollo limitado del orden de 4 ecuaciones Navier-Stokes, no sería posible proyectar dichos loops. Un computador nunca será capaz de hacer eso, mientras que los excelentes ingenieros lograban hacerlo.
Cuando vemos hoy el bajo grado de la matemática y de la física en toda la enseñanza occidental, nos decimos a nosotros mismos que la iluminación vendrá de otro lugar. Y es eso lo que estamos viendo.
*Jean-François Geneste tiene casi cuarenta años de experiencia en el campo aeroespacial y de la defensa. Fue director científico del grupo EADS, hoy Grupo Airbus, por 10 años. Fue profesor del Instituto Skolkovo de Ciencias y Tecnología de Moscú. Actualmente es director de la WARPA. Artículo publicado originalmente en el sitio del Centro Français de Recherche sur le Renseignement
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