Legalmente, aquellos actos que fueron interpretados como violencia o abuso sexual, deben ser tratados en un espacio que reconozca la importancia de las fantasías o los meros pensamientos, y cuyos efectos se dejan sentir en todo el espectro del tejido social.
Es Juan Luis Cortés Cervantes, Psicólogo por la UNAM y experto en Psicoanálisis, quien habla en exclusiva para diarionoticiasweb.com sobre la problemática de violencia sexual, las víctimas y su entorno familiar .
¿Por qué tarda una víctima en denunciar un acto de violencia sexual?
Esta es, sin duda, una pregunta importantísima porque no solo toca a la víctima sino a la estructura familiar, que es testigo de un acto de violencia sexual.
Empecemos recordando y reconociendo que todos hemos sido indefensos, cuando llegamos al mundo si no nos cuidan, morimos. Y quien nos cuida tiene la necesidad de tocarnos, ya sea para darnos de comer o para limpiarnos, entre muchas otras actividades que tienen como objetivo sostener nuestra vida en esos primeros momentos.
Lo que nuestros cuidadores no tienen contemplado es que ya, desde pequeños, relacionamos esos cuidados con sensaciones, que pronto podemos identificar como placer y dolor, lo que yo llamo experiencia sensible. Dicho en otras palabras, los cuidados o la falta de ellos, nos permite sentir o experimentar placer o dolor.
CRITERIO DEL INFANTE
Para el autor del libro: Sexualidad infantil y crimen: Psicoanálisis del Estado, antes de considerar que los padres son malos porque ejecutan actos que representan dolor al niño, les pido recordar que ese evento de dolor depende únicamente del criterio del infante; y lo que, como adultos con criterio y conocimiento, vemos como actos necesarios para sostener la vida de los niños.
Como enseñarlos a ir al baño, darles a comer ciertos alimentos, limpiarles las heridas que se hacen al jugar, ser vacunados o ser bañados, etcétera, son actos que representan para los niños fuentes de molestia o dolor casi insoportable. Es decir, cuidar a un infante no es fácil porque requiere soportar la molestia de los pequeños por procurar su propia vida.
Desde la experiencia infantil, ahí empieza la dificultad de los infantes de poder señalar los límites entre lo deseable y lo posible en su propia vida, pues literalmente no conocen otras alternativas para vivir más que las que sus cuidadores les han brindado. Esa es la primera barrera con la que choca el criterio de un infante o incluso un adolescente que ha vivido situaciones de violencia en casa, física o sexual, para poder compartirla incluso con sus seres más queridos, ya sean familiares o amigos.
La familia es no solo un refugio en contra de amenazas del mundo, es también un cúmulo de relaciones donde se toleran ciertos niveles de violencia, tanto de los cuidadores hacia los más jóvenes como de los infantes o jóvenes hacia los adultos.
Entonces, si bien como adultos podemos señalar a un infante que vive en malas condiciones de higiene, por ejemplo, para esos niños eso es su vida y pensar vivir en una situación diferente es, literalmente, atentar en contra de su vida, esto es, lo viven como una amenaza de muerte o fuente de grandes angustias.
REFUGIO O CONSUELO
En este escenario que le ofrezco, dice Cortés Cervantes, donde para quien vive una situación es difícil emitir un juicio determinante, no solo podemos incluir niños que han sido víctima de violencia sexual, sino adultos que viven en relaciones afectivas violentas; donde encuentran motivos para sostenerlas, dado que esa misma relación, donde vemos que su vida está amenazada, representa para ellos algún refugio o consuelo para su pasado o presente.
-Pero regresemos al escenario familiar donde ocurre un evento de violencia sexual…
Ahora, en afán de presentarle las dificultades legales en la determinación de los hechos, consideremos que para lo psíquico la fantasía y los sueños pueden ser tan reales como los hechos que vivimos todos los días. Entonces, puede una persona haber fantaseado, soñado o interpretado los hechos de tal forma que se asuma víctima de violencia sexual, y en eso no hay locura, es su vivencia.
Presentar una denuncia iniciará un proceso que tendrá como fin determinar la veracidad de la acusación de acuerdo a un marco legal; y ante lo subjetivo o la experiencia de quien dice ser víctima, muchas denuncias no prosperan al no encontrar evidencias de dicha violación.
Y antes de cuestionar a las autoridades o sus procedimientos, quienes siempre tienen que estar en revisión, señalaré que estamos frente a un hecho incuestionable en la importancia que tiene para el tejido social y es el individuo y su relación con sus sentimientos y vivencias. Todos tenemos el derecho de opinar sobre nuestra propia vida y los efectos de los actos de los demás en nuestro propio criterio.
Esto es muy difícil de reconocer desde la psicología y la psiquiatría, quienes tienen que apartarse de la psicopatología para poder observar al ser humano dentro de la experiencia de aquel. La subjetividad o individualidad nos habla de un criterio único o la experiencia de un individuo frente al mundo y frente a sí mismo, no necesariamente de locura.
Entonces, antes de continuar, invito a cada persona a acercarse a las autoridades a conocer sus leyes que son herencia de nuestra historia. No es que las autoridades o las leyes no sirvan para alcanzar lo que nosotros creemos es justo, sino que la búsqueda de la justicia en la realidad es un camino vivo de cambio constante que necesita de todos para alcanzarse.
Es la disciplina del psicoanálisis y no la psicología quien puede recoger la importancia de los hechos que nunca ocurrieron en lo físico sino en lo mental, propiamente dicho. Legalmente aquellos actos que fueron interpretados como violencia o abuso sexual, deben ser tratados en un espacio que reconozca la importancia de las fantasías o los meros pensamientos, y cuyos efectos se dejan sentir en todo el espectro del tejido social.
Le pondré un ejemplo, pudo alguien haber soñado que fue ofendido por el vecino y al despertar va y lo mata; y ese asesino puede no estar enfermo mentalmente, puede no tener ningún cuadro psicótico e incluso ser un miembro productivo de la sociedad, simplemente soñó y actuó en consecuencia.
Debo señalar que estoy planteando un escenario posible de un sujeto con relación a sus sueños, no un caso real; aunque a veces la realidad va mucho más allá de mis hipótesis. En este caso hipotético, un asesinato es un asesinato y no debe ser tenido en menos solo porque su acto tuvo origen en un evento tan cercano a todos nosotros como lo es el sueño.
Ahí está el valor de nuestras leyes y el aparato legal en su conjunto, son necesarias así como necesitan de todos nosotros, para llegar al objetivo por el cual están hechas.
En la realidad cotidiana
Quienes amamos debemos pagar por ser protagonistas en los sueños de nuestros amores. Nuestros amores sueñan que les fuimos infieles y despiertan para maltratarnos. Amamos y seremos amados, no sin una buena dosis de violencia hacia nuestras personas. Lo cual me lleva a otro punto de la realidad social que vivimos, señala el Psicólogo por la UNAM y experto en Psicoanálisis.
No puedo evitar señalar que el anhelo de una vida totalmente libre de violencia es imposible, pues como dije la violencia no la determina solamente quien hace un acto, sino quien siente ese acto.
Repito, efectivamente hay quien agrede con la intención de agredir, pero tenemos que considerar que el acto violento depende de un criterio sobre el cual se ejerce un poder, y que es ese criterio el que determina lo que es violencia y lo que está dispuesto a tolerar del otro.
Podemos justificar nuestros actos como amorosos, hacerlos con toda la intención de cuidar a quien amamos, pero si nuestros sactos son percibidos como violentos por quien cuidamos, éstos son violentos y eso es algo que tenemos que asumir como seres humanos.
Incluso, tocar con el pétalo de una rosa o con una palabra, puede ser vivido como un acto violento.
Estoy hablado de la diferencia de criterio entre los individuos y ahí tenemos algo que ha sido literalmente el motivo de las grandes disputas de la humanidad. Es un tema amplio que me lleva a escribir la segunda parte de Psicoanálisis del Estado, que he titulado La dialéctica del castigo.
Son estas diferencias de criterio aún entre los grupos más unidos, lo que favorece la aparición de todo un universo de vivencias del mismo pensamiento, incluida toda forma de pensamiento religioso y, por supuesto, el feminismo mismo. No es que los sistemas de pensamiento no funcionen, sino que es su funcionamiento y evolución lo que nos permite notar que no somos iguales aunque digamos que pensamos lo mismo e incluso, tengamos los mismos títulos o vayamos a la misma iglesia.
-¿Cómo podemos concluir este vasto y polémico tema, Juan Luis Cortés Cervantes?
Como humanidad entera tenemos un largo camino para vivir considerando las diferencias entre lo que parece igual, es decir, nuestros semejantes. No es algo imposible, pero urge introducir la función de la palabra y las diferencias para hacer de esta vida algo más placentero para el mayor número de individuos posible.
En otras palabras, para molestia de muchos colegas en psicología, el psicoanálisis vive porque es necesario para los individuos y para los Estados.
*Periodista-Investigadora; Premio Nocional de Periodismo
Foto: educadormarcoss/Quetzalli Blanco
