Pedro Blaster, Charliee Sebastian y Jeff Pliers Peralta son los nombres de tres actores sumergidos en el estridente circuito del porno gay del Área de la Bahía, en San Francisco.
Su aparente estabilidad de glamur exhibicionista, seguridad económica o sexo al alcance de su antojo, se ve perturbada con la inesperada ola de suicidios que parece afectar, como discreta epidemia, a otros compañeros actores de la industria.
De por sí tambaleante, por los acelerados cambios generacionales y tecnológicos que suscitan nuevas formas de concebir las relaciones, la atracción, el poder, las drogas, el sexo y el amor entre hombres.
Pornografía para piromaníacos, de Wenceslao Bruciaga, Editorial Sexto Piso, nos lleva del glamur exhibicionista, el sexo fácil y una sorpresiva escalada de suicidios.
Es autor de los libros Tu lagunero no vuelve más (Moho, 2000), Funerales de hombres raros (Jus, 2012), Un amigo para la orgía del fin del mundo (Discos Cuchillo, 2016) y Bareback Jukebox (Moho, 2017).
