Bolivar Hernandez*
Guatemala.- La planificación de mi próximo viaje a México me consume mucha energía, y finalmente, con flexibilidad, acepto todos los imprevistos de un viaje como éste.
Las expectativas siempre son muy altas y las frustraciones son del mismo grosor. No pierdo la capacidad de asombro y soy como un niño curioso, que todo quiere ver y saber.
Me entero que la línea del metro que va de mi casa a la terminal poniente de autobuses, estará cerrada por mantenimiento, y durará seis meses inhabilitada.
Mis amigas de Uruapan, Michoacán, primera etapa de mi gira artística, ya me buscaron un alojamiento, y eso me hace feliz.
Antes, la aventura mía consistía en no saber dónde iba a dormir y, en algunos casos, fue en estaciones de tren o de autobús, nunca en un parque.
Antes fui un vagabundo pobre, nunca un pobre vagabundo.
El misterio consiste en saber a quiénes podré ver y abrazar y a quiénes no. No pasa nada si no ocurre lo que estoy deseando tanto. Estas son las reflexiones sobre un viaje inminente al extranjero.
*La vaca filósofa.
