Elisabeth Hellenbroich*
En su nuevo libro ¿Putin -Herr des Geschehens?* (Putin ¿Señor de la partida?), de Jacques Baud, deconstruye sistemáticamente las fake news, los prejuicios y la desinformación que la grande prensa occidental ha difundido en torno a la participación de Rusia en la guerra de Ucrania. El autor, es un economista y experto en seguridad ex funcionario del Servicio secreto suizo, en 2014 trabajara para la OTAN en Ucrania, posteriormente, en varias misiones ante Naciones Unidas.
La autora de este artículo recuerda una breve conversación sostenida recientemente con un exdiplomático estadounidense en Alemania, quien respondió a la pregunta de cómo veía la evolución de los acontecimientos de Urania:
Tenemos que enviar más armas a Ucrania, para que pueda ganar esta guerra. Interrogado sobre el peligro de un conflicto nuclear, respondió que ésta no es una amenaza seria. (¡) Otro aspecto de la conversación fue la historia de las primeras bombas nucleares que Estados Unidos detonó sobre Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto de 1945) para poner fin a la guerra con Japón. El interlocutor agregó que en ese entonces una bomba nuclear estaba destinada a Alemania (¡), la cual, sin embargo, capituló antes, el 8 de mayo de 1945.
Este ejemplo ilustra la desgracia de negar sistemáticamente la realidad de la guerra ucraniana, con la repetición de la aterradora ilusión de que con más armas “podemos y vamos a ganar la guerra.
El libro de Jacques Baud señala a la perfección que los prejuicios que corren en Europa no se corresponden a la realidad y que las decisiones políticas que parten de prejuicios tendrán el efecto contrario. Por ello la conclusión de Baud al final del libro es que el presidente ruso, Vladímir Putin, a pesar de las enormes sanciones impuestas a su país y de las predicciones de su fracaso, tiene en sus manos los acontecimientos.
Deconstrucción de mitos y mentiras
Baud revisa varios mitos en su libro. Comienza con la historia de la expansión de la OTAN al Este, la cual se inicia después del derrumbe del comunismo. Esto incluye la integración de Hungría, de la República Checa y de Polonia en 1999, seguida por la de los tres estados bálticos, de Eslovaquia, de Eslovenia, Rumania y Bulgaria en 2004. Cuando Estados Unidos comenzó a pensar en estacionar Sistemas de defensa contra proyectiles balísticos en Europa oriental (Polonia y Rumania) -según Baud- cambió el mapa geopolítico de Europa, lo cual puso a la OTAN más cerca de la frontera rusa.
Este “cambio” de la política de Estados Unidos y de la OTAN fue también la razón del duro discurso que el presidente Putin pronunció en la Conferencia de seguridad de Múnich de 2007. En él se refirió a las garantías que se le habían ofrecido a Gorbachev en 1990 y 1991, que claramente excluían la expansión de la OTAN hacia el Este. Baud menciona varios documentos -como los documentos publicados en diciembre de 2017 por el “Registro de Seguridad Nacional” (Universidad George Washington).
Lo documentos a los que se les retiró la condición de secretos mostrarían claramente que las garantías de seguridad contra la expansión de la OTAN fueron dadas a los líderes soviéticos por Baker, Bush, Genscher, Kohl, Gates, Mitterrand, Thatcher, Hurd, Major y Wörner. (NAS 12/12/2017 Washington, DC).
Baud subraya que, aunque sea correcto que no existe ningún tratado ni ninguna decisión por escrito del Consejo del Atlántico Norte” que pruebe las garantías ¡esto no significa que no hayan sido expresadas! Persiste en la actualidad el sentimiento de que la URSS, perdedora de la Guerra fría, no tenía nada que decir en el desarrollo de los acontecimientos mundiales. Esto es equivocado, según Baud, “Desde noviembre de 1989 la idea de la reunificación de Alemania estaba en el aire. Occidente sabía que a la URSS vencedora de Alemania en 1945 se le concedió el derecho veto de jure respecto a la reunificación. Occidente estaba obligado, por lo tanto, a obtener el consentimiento de la URSS y a respetar sus intereses legítimos de seguridad.
OTAN, ipso facto, estaría más cerca de la frontera soviética
Según Baud, esto es lo que Genscher declaró en un discurso pronunciado el 31 de enero de 1990 en Tutzig (así lo informó el embajador estadounidense en Bonn en un cable secreto).
Genscher advierte, sin embargo, que cualquier intento de extender las estructuras militares de la OTAN hacia el territorio de la actual RDA, estorbaría a la unificación alemana.
Esto significaría para la URSS, que la OTAN ipso facto estaría más cerca de la frontera soviética. En ese entonces todavía existía el Pacto de Varsovia y la doctrina de la OTAN permanecía intacta. Por ello era legítimo que la URSS viera en esto un riesgo para su seguridad.
Cabría agregar que la URSS con la reunificación alemana y la retirada de su Grupo de Fuerzas Armadas Soviéticas (GFAS), sus tropas para contingencias más fuertes y más modernas, aceptaba esto, lo cual tenía por consecuencia el debilitamiento significativo de su posición estratégica en Europa. Es por ello que el ministro de Relaciones Exteriores Genscher explicó:
Los cambios de Europa y la reunificación alemana no deben conducir a recortar los intereses de seguridad soviéticos. Por ello la OTAN debe excluir la extensión territorial hacia el Oriente, es decir, acercarse a las fronteras soviéticas.”
Grobachev tomo rápidamente tal consentimiento y lo llevó al secretario de Estado de EUA, James Baker para entablar conversaciones inmediatas. Para despejar todas las dudas de Gorbachev, Baker declaró el 9 de febrero de 1990:
No sólo para Estados Unidos sino también para otros países europeos es importante tener garantías de si Estados Unidos mantendrá su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, y que la jurisdicción militar actual de la OTAN no se extenderá una sola pulgada hacia el Este. (Registro de las conversaciones entre Mijaíl Gorbachev y James Baker, 9 de febrero de 1990; Registro de Seguridad Nacional, Universidad George Washington, DC.)
Hasta aquí había un acuerdo independiente de la existencia de documentos escritos
El problema era, no obstante, que Occidente, el particular los estadounidenses, entendían el derrumbe del comunismo como “su victoria,” querían la victoria total y que Rusia no tenía más voz. Occidente no había ganado la Guerra fría. El sistema comunista la había “perdido,” en realidad. No podía sobrevivir.
Los halcones de Estados Unidos vieron la oportunidad de destruir completamente a Rusia. Robert Gates revela en sus memorias que el entonces secretario de la Defensa, Dick Cheney, estaba determinado a “aniquilar a Rusia.” Según Gates:
En 2000, en un periodo de gran humillación y dificultades para Rusia, impulsar la expansión de la OTAN a Oriente, cuando se había hecho creer a Gorbachev y a otros que esta no tendría lugar por lo menos en el futuro cercano, no sólo obscureció la relación entre Estados Unidos y Rusia, sino que hizo más difícil trabajar constructivamente con Rusia.
Baud subraya al referirse a la crisis de Ucrania que esta muestra la ausencia de “pensamiento estratégico” en Occidente. Esto explica la propuesta que Rusia presentó por escrito, a mediados de diciembre de 2021, a Estados Unidos y a la OTAN para firmar un tratado tripartita sobre el tema de las garantías de seguridad.
