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¿Quién hablará por Brasil en la COP30?

Imagen: Tumisu

En ningún otro país el ambientalismo-indigenismo ha sido un instrumento tan astuto de manipulación política-ideológica como en Brasil. Aquí, desde finales de la década de los 1980s, la cuenca del Amazonas fue convertida en el villano ambiental mundial número uno.

Lorenzo Carrasco*

Sin rubor alguno, las diferentes disposiciones gubernamentales referentes al ambiente y a los pueblos indígenas se han dictado por agentes de influencia, operando en vía doble: La primera, en los órganos del Estado, y la segunda, en el eficiente ejército irregular de organizaciones no gubernamentales (ONG), cuya militancia trasmite en alta voz las directrices externas. Además, tenemos a sectores del Ministerio público y del Poder judicial también cooptados para apoyar ese plan contra el progreso y contra el deseo común a toda la población de ser una gran nación.

Un ejemplo que cae a pedir de boca de nuestra afirmación, es el del biólogo Joao Paulo Capobianco, actual secretario ejecutivo del Ministerio del Medio Ambiente y Cambio del Clima (MMA) y brazo derecho de la actual ministra Marina Silva. Él es oriundo del Instituto Socioambiental (ISA) –rama antigua del ambientalismo-indigenismo– del cual fue cofundador, del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM) y de la Fundación SOS Mata Atlántica, ocupó el mismo cargo en el primer paso de la ministra Marina  da Silva en el MMA, habiendo sido el coordinador de su raquítica campaña presidencial en 2010.

Le pertenece la célebre frase que simboliza la mentalidad de los militantes verdes nacionales: La Amazonia es de Brasil, en términos. Hasta la ley brasileña condena a perder la custodia de una madre o de un padre que maltrate a su hijo, dicha en junio de 2008 en una ceremonia oficial.

En el contexto de la diplomacia gubernamental y casi gubernamental en preparación para la COP30

El jueves 12 de junio, ocurrió una reveladora reunión de la amalgama ambientalista en la embajada de Brasil en Oslo, Noruega, en la que concurrieron autoridades, empresarios, ejecutivos y “onegeiros” de los dos países, para deliberar el devenir de la conferencia climática. Según la nota oficial del gobierno brasileño, “el encuentro reforzó la relevancia de la sociedad Brasil-Noruega y el protagonismo brasileño en las conversaciones internacionales sobre el clima y el ambiente” (COP30 Brasil, 12/06/2025).

La verdad es que Noruega ha sido uno de los principales gobiernos extranjeros involucrados directamente en el plan ambiental brasileño, en el sentido de forzarlo hacia la preservación radical de los biomas Amazonía y Cerrado, en detrimento de las actividades económicas en ellos desarrollados.

Es la donadora más grande del Fondo Amazonia, con más de 3,4 mil millones de reales desde su fundación en 2008, recursos que no se pueden utilizar en actividades diferentes a las definidas por el aparato de organizaciones no gubernamentales que “asesora” al fuerte Banco Nacional de Fomento Económico y Social (BNDES– estatal) en la utilización de los fondos. En 204, por ejemplo, Estados Unidos y Alemania, también donadores del Fondo, advirtieron explícitamente al gobierno brasileño que el dinero no se podría emplear en la pavimentación de la autopista BR-319 (Manaos-Porto Velho), uno de los objetivos de ataque sistemático del aparato verde-indigenista.

En Oslo, la CEO de la COP30, Ana Toni, resaltó el papel de Brasil como “articulador de soluciones innovadoras y del diálogo multisectorial para acelerar la realización de los compromisos del Acuerdo de París.” En defensa de la “transición ecológica,” afirmó que esta “es posible y debe ser justa, inclusiva y basada en la ciencia.”

Ana Toni, es otro caso del ambientalismo irracional instalado en el aparato del Estado

A cargo de la sub secretaria del Cambio del clima del MMA, y ejecutiva-jefe de la futura COP30. Tiene un vasto currículo internacional que va desde su paso por Greenpeace International, Action Aid Brasil, hasta la Fundación Ford y el Instituto Clima ya Sociedad (ICS), actualmente una de las organizaciones no gubernamentales más poderosas de Brasil, de la que fue fundadora y de donde saltó para el MMA, por invitación de la ministra Marina Silva.

Otros representantes presentes fueron André Guimarães, director general del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM),  el enviado especial para el tema de la sociedad civil y director ejecutivo de WWF-Brasil, Mauricio Voivodic, y Sineia do Vale, copresidente del Foro Internacional de los Pueblos Indígenas sobre Cambios Climático (IIPFCC) y enviada especial para el tema de los pueblos indígenas.

El IPAM y el WWF-Brasil son organizaciones no gubernamentales situados en el primer escalón de influencia del aparato ambientalista-indigenista que opera en el país. El primero, fundado en 1995, es la filial brasileña del Woodwell Climate Research Center estadounidense (retoño directo del Woodwell Hole Research Center).

Este último, fue determinante para que Brasil adoptara el mecanismo REDD (Reducción de Emisiones por Desforestación y Degradación Forestal), que cambió reducciones de desforestación por compensaciones financieras. El WWF-Brasil es la sección brasileña del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), fundado en 1961 por la familia real británica y una de las poderosas entidades pioneras del ambientalismo.

No es ninguna sorpresa que el IPAM, el WWF-Brasil y el ICS desarrollaran o apoyaran campañas activas contra obras de infraestructura y de explotación de los recursos naturales de la cuenca del Amazonas, como la pavimentación de la BR-319 y la explotación de la Margen Ecuatorial Brasileña.

Lo anterior nos mueve a preguntar: ¿Quién defenderá los intereses del anhelado Brasil potencia industrial, en la COP30?

*Publicado en Gazeta do Povo, el 17 de junio de 2025
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