febrero 28, 2024

San Goloteo, El hombre de la bici barata

San Goloteo, El hombre de la bici barata

Bolivar Hernandez*
Esta es la historia de un señor que despierta sentimientos nobles entre sus vecinos de la finca donde habita. Son gente clase media alta, con ínfulas de aristócratas.
Un orgullo de los colonos es que en esta finca, vive un expresidente de la República, y varios políticos de dudosa reputación, por cierto.
Además, el rector de la USAC es mi vecino, y también es un funcionario público de dudosa reputación.
Por su bulevar arbolado de unos tres kilómetros de longitud, circulan automóviles de alta gama, blindados, de lujo, con vidrios polarizados para evitar miradas curiosas de su interior y de sus ocupantes.
Este señor es el único ser humano que anda en bicicleta por todos lados, y no se avergüenza de usar su fuerza motriz para impulsar su medio de transporte.
El hombre de la bici barata
Porque también entre las bicicletas hay clases sociales, existen bicicletas Mercedes Benz y BMW que cuestan un ojo de la cara o el monto de la pensión de un jubilado por varios años, pues realiza dos jornadas diarias, una matutina y otra vespertina sobre su miserable bicicleta.
Todo el santo día trepado en la bendita bicicleta de pobre. Obviamente, ya después de casi dos años paseando por la finca y siendo el único individuo con tales manías, ya todos los colonos lo ubican muy bien.
Los ricos colonos observan el recorrido del señor de la bici modesta, tanto en la mañana, muy temprano cuando salen a trabajar a sus empresas, y también cuando vuelven a casa, por las tardes, después de una ardua tarea de enriquecerse a costa de otros.
En cada residencia de la finca se puede notar la existencia de varios ostentosos vehículos de lujo, aunque ahí vivan solo dos personas.
En esta finca se nota el envejecimiento de sus moradores, pues los hijos crecieron y huyeron de sus hogares paternos, son casi todas residencias de ancianos.
En las madrugadas los colonos llevan prisa pero, aún así, se detienen por 20 segundos, bajan el vidrio polarizado del lado derecho, y saludan brevemente al señor de la ridícula bici. Dicen frases como:
Es usted un hombre admirable. Es usted un verdadero ejemplo de constancia. Algún día seguiré su ejemplo.
El señor de la bici miserable les sonríe y levanta su mano izquierda enguantada en señal de agradecimiento. No dice ni pío, no es necesario.
Cuando bajan los vidrios polarizados, el señor de la bici destartalada observa a señoras encopetadas, peinadas de salón, maquilladas, y con buenos vestidos y accesorios de fantasía; los señores visten con trajes de modas antiguas, y con corbatas horrendas, y con los cráneos pelados, calvos; a estos respetables caballeros se les alcanza a ver que el vientre les arranca desde la papada. Y se puede uno imaginar que los botones de las camisas están a punto de salir disparados durante una fuerte exhalación.
El señor de la humilde bicicleta llega a conclusiones provisionales
  • Él esta perfectamente consciente que no es ejemplo de nada.
  • Que la vida cómoda y sin apuros económicos de los colonos no permiten el ejercicio ni el deporte. ¿Para qué?
  • Que la salud debe ocupar entre los colonos un honroso decimoquinto lugar; al menos, entre sus prioridades.
  • Que sus fortunas, mal habidas o no, servirán para costear sus enfermedades presentes: diabetes, hipertensión, obesidad, artritis, anemias, y algunas adicciones como alcoholismo y tabaquismo.
La única vez que el señor de la bici de pobre, ha visto correr a las señoras de la finca es cuando ellas escuchan llegar a los camiones repartidores de refresco de cola y de agua embotellada. Y los persiguen una cuadra más adelante de sus residencias.
La finca es un oasis, un remanso de paz, se respira aire fresco. Pero no se respira salud, por ningún lado.
Mente sana en cuerpo sano
Decían los antiguos griegos, y se le atribuye esa frase a un tal Juvenal.
Salud por ellos, porque seguramente hicieron una promesa de Año Nuevo, la promesa de cuidarse mejor, mientras tragaban las doce uvas y luego llegaría la hora del pavo relleno de calorías, y los tragos.
* La vaca filósofa.
Foto: 3888952 en Pixabay

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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