En México, el tiempo promedio desde una prueba de VPH hasta una colposcopia puede superar los 45 días, un periodo en el que muchas mujeres abandonan el seguimiento por barreras económicas, logísticas y emocionales.
En el marco del mes de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, especialistas advierten sobre un problema invisible que sabotea los esfuerzos de erradicación de esta enfermedad en México: las “pacientes fantasma”.
Este término se refiere a las miles de mujeres que, tras recibir un resultado anormal en una prueba de VPH, se pierden en el sistema de salud antes de recibir un diagnóstico o tratamiento definitivo, un fenómeno que agrava una crisis que en 2024 cobró la vida de 4,646 mujeres en el país, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Un estudio reciente publicado en BMC Women’s Health sobre el sistema de salud mexicano reveló que el tiempo promedio entre una prueba de VPH de alto riesgo y una colposcopia puede superar los 45 días. Este periodo, sumado a barreras como la falta de recursos, el miedo o la desinformación, crea una peligrosa brecha en la que un alto porcentaje de mujeres, nunca completa su ruta de atención.
A nivel global, la tasa de “pérdida de seguimiento” en países de ingresos bajos y medios oscila entre el 30% y el 70%, de acuerdo con investigaciones publicadas en Annals of Global Health y la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO).
El problema de fondo en la lucha contra el cáncer cervicouterino ya no es la detección, sino el seguimiento. De nada sirve una prueba positiva si la paciente se pierde en un laberinto burocrático y emocional durante semanas o meses, afirma la Dra. Suelen Hernández Anaya, Gineco Colposcopista y Directora de Consejo Médico de Grupo Reina Madre, la red de clínicas especializadas en salud femenina con presencia en México.
Encontramos que el eslabón más débil de la cadena es la capacidad del sistema para acompañar a la mujer desde que recibe la noticia hasta que se sienta en una mesa de exploración para recibir tratamiento. Ahí es donde se pierden las vidas, añade la Dra. Suelen Hernández.
Para resolver esta brecha
Grupo Reina Madre implementó un sistema de semaforización de riesgo basado en tecnología, que ha sido validado a través de más de 334 mil consultas ginecológicas durante 2024.

Este modelo clasifica a las pacientes según su nivel de riesgo —verde, amarillo o rojo— y automatiza la ruta clínica, agendando citas, enviando recordatorios y asegurando que ninguna mujer con una lesión de alto grado quede sin atención.
Los resultados de este sistema demuestran que es posible reducir el tiempo total de diagnóstico y tratamiento a menos de cinco semanas, un tiempo récord comparado con las más de 22 semanas que puede tomar en otros sistemas.
Además de la tecnología, Grupo Reina Madre ataca la raíz del problema de seguimiento: La escasez de especialistas. A través de su Diplomado en Detección de VPH y Cáncer Cervicouterino, la organización ha formado a más de 110 médicos colposcopistas. Este programa tiene un doble impacto: Mientras impulsa la formación de ginecólogos que cerrarán la brecha de atención en el país, estos mismos médicos en formación, supervisados por expertos, brindan atención gratuita a mujeres en situación de vulnerabilidad.
Solo en 2024, el diplomado atendió a 1,346 mujeres —de las cuales el 96% nunca se había realizado un chequeo ginecológico—, detectando oportunamente 136 casos que de otro modo habrían engrosado la estadística de las pacientes fantasma. El 82% de estas mujeres no contaba con seguridad social y el 80% percibía ingresos menores a $13,000 mensuales, lo que confirma que la brecha de seguimiento golpea con más fuerza a quienes menos recursos tienen.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha fijado la meta de eliminar el cáncer cervicouterino para 2030 a través de su estrategia 90-70-90: 90% de niñas vacunadas contra el VPH, 70% de mujeres tamizadas y 90% de mujeres con lesiones tratadas.
Sin embargo, sin sistemas eficientes que garanticen el seguimiento y formen al personal necesario para cerrar la brecha entre el tamizaje y el tratamiento, alcanzar el último “90” será imposible. La experiencia del sector privado en México demuestra que existen modelos probados y escalables para enfrentar el desafío de las “pacientes fantasma” y asegurar que cada detección se traduzca en una vida salvada.

