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Brasil recibió tan sólo en la última semana de abril, las visitas de tres altos representantes del poder mundial para terminar de disciplinar al país a la agenda ambientalista, indigenista e identitaria, con el objetivo de mantenerlo maniatado y sometido a los dictámenes del eje, Washington, Londres y Bruselas. Estos fueron: Linda Thomas Greenfield, embajadora de EUA en la organización de las Naciones Unidas (ONU); Virginijus Sinkevicius, comisario europeo del Medio Ambiente, Océanos y Pesca; y Alice Wairimu Nderitu, asesora especial de Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio. Linda Thomas-Greenfield es la cuarta alta funcionaria del gobierno de EUA que visita Brasil desde febrero pasado, después del enviado especial para el clima de la presidencia, John Kerry, la representante comercial (USTR), Katherine Tai y el subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Energía y Medio Ambiente, José Fernández –secuencia que da idea del tamaño de las presiones de Washington sobre el gobierno del presidente, Lula da Silva. En el programa oficial
Constaron reuniones con funcionarios de alto escalafón del gobierno brasileño, miembros de la sociedad civil y de ONG, con foco en “desafíos y prioridades compartidos, incluyendo la promoción de democracia y cooperación multilateral, combate a los cambios climáticos, seguridad alimentaria, cooperación continua en migración regional y garantía de equidad para comunidades raciales, étnicas e indígenas marginalizadas”.
Aunque no es citada, la irritación estadounidense con la ambivalente postura brasileña en el conflicto en Ucrania fue tema destacado en los encuentros con el canciller Mauro Vieira y el asesor especial sobre relaciones exteriores de la Presidencia, Celso Amorim.
En Salvador, estado de Bahía, donde estuvo con la ministra brasileña de Igualdad Racial, Anielle Franco, la embajadora anunció algunas “limosnas”, consabidas maniobras cuando se trata de hacer favores de bajo costo/beneficio a países como Brasil, siempre ávidos de semejantes donativos y recursos a fondo perdido. De acuerdo al boletín de la embajada norteamericana en Brasilia, fueron 500 mil dólares destinados a “eliminar barreras hacia la inclusión de comunidades marginadas y carentes mediante la capacitación de líderes de la sociedad civil y de la creación de redes comunitarias”.
Amenaza de bloqueo
El segundo visitante en jerarquía se trata de Virginijus Sinkievicius, comisario del Medio Ambiente, Océanos y Pesca de la Unión Europea (UE), quien vino a informar sobre la inminente adopción de la legislación europea que bloqueará la importación hacia el bloque de cualquier producto relacionado a la deforestación sea ilegal o permitida por las legislaciones nacionales. Es decir, en el caso brasileño, la UE pretende simplemente pasar por encima de las determinaciones brasileñas vertidas en su Código Forestal de 2012 y del dispositivo de reserva legal, el cual permite la deforestación selectiva de acuerdo con el bioma donde se encuentren las propiedades rurales (hasta 20% en la Amazonia, 65% en el Cerrado y 80% en los demás biomas). El comisario europeo dejó su mensaje en una larga entrevista concedida a la periodista Daniela Chiaretti publicada en el diario Valor Económico del 3 de mayo pasado.
La UE, Brasil y otros países del mundo necesitan adoptar una perspectiva integral para poder cumplir los compromisos acordados con relación al clima y la biodiversidad. La regulación de la Unión Europea contra la deforestación busca reducir la carga del consumo de la propia UE. La regulación abarca todas las formas de deforestación impulsadas por la expansión agrícola relacionada a siete commodities –carne de res, madera, aceite de palma, soya, café, cacao, caucho-, en el país productor dentro de la UE como en otros países.
Y, claro, según él, la regulación no es una herramienta comercial ni un instrumento proteccionista. Existe para ayudar a combatir los cambios climáticos y la pérdida de la biodiversidad asociadas a la deforestación global. A propósito del acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur
Sinkievicius afirmó que, a pesar de las restricciones presentadas por los gobiernos sudamericanos contra el llamado instrumento adicional –restricciones de carácter ambiental que no constaban en el texto aprobado inicialmente-, no hay una disposición europea para “reabrir el acuerdo”. En suma, tómelo o déjelo. Sobre el Fondo Amazonia, la “limosna verde” que saborean las entidades brasileñas involucradas con la agenda ambientalista-indigenista, el euro-comisario afirmó: “La UE está dispuesta a contribuir”, pero, sin sorpresa, no se comprometió con números o fechas. Sinkievicius cerró la entrevista reiterando el apoyo europeo al gobierno de Lula:
La Amazonia brasileña alberga una tercera parte de la biodiversidad mundial y posee una enorme gama de ecosistemas cuyas especies tienen gran potencial genético. La UE apoya firmemente la ambiciosa agenda ambiental del presidente Lula y los compromisos de revertir las actuales tendencias de la deforestación de la Amazonia brasileña. Es importante que la UE y Brasil establezcan una colaboración más estrecha en los próximos años, pues enfrentamos muchos retos comunes, incluyendo la degradación ambiental, el crimen organizado, y también el impacto de la guerra de Rusia contra Ucrania y las consecuencias de la crisis de la Covid-19.
Empero, la visita-intervención más enigmática fue la de la asesora especial de Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio, la keniana Alice Wairimu Nderitu, quien estuvo diez días en el país. El lacónico comunicado oficial de la oficina de la ONU en Brasil apenas dice:
Durante la misión, la asesora especial se reunirá con altos funcionarios y representantes del gobierno, representantes de organizaciones de la sociedad civil y representantes de comunidades indígenas y minorías en todo el país, así como miembros de la comunidad internacional, para entender mejor los recientes acontecimientos en el país. La visita tendrá foco especial en la situación de los pueblos indígenas, de los afrodescendientes y de otros grupos y comunidades vulnerables del país.
En circunstancias diferentes, con otro gobierno la Sra. Nderitu no sería aceptada de ninguna manera en una misión oficial. No hay ninguna justificación para que los “recientes acontecimientos en el país” referidos en el boletín de la ONU sean de la competencia de la función que ejerce la Sra. Nderitu.
