Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma* Casi todos los vecinos de India, Pakistán, Sri Lanka, y Bangladesh están enfrentando problemas en su balance de pagos. Bangladesh lucha para pagar sus importaciones de combustible, debido a la escasez de dólares estadounidenses. Sri Lanka ya dejó de cumplir sus compromisos internacionales y Pakistán está en el umbral del incumplimiento. Además del choque de los precios de las “commodities”, ocasionado en parte mínima por la guerra en Ucrania, el verdadero gatillo se debe a las políticas cambiarias, derivado tanto de las decisiones monetarias de la Reserva Federal de los EUA, como de las tomadas por los países en cuestión.
Se sabe que, un aumento de las tasas de interés en los EUA tiene como efecto una desvalorización de las monedas de los países emergentes y conduce a una fuga de capitales.
Las tasas de cambio de la rupia pakistaní, de la rupia de Sri Lanka (SLR) y del taka bengalí se mantuvieron fijas en relación al dólar durante mucho tiempo.
Los tres países importan combustibles, alimentos y fertilizantes
Y, al resistir la desvalorización y mantener una tasa de cambio “fuerte”, mantuvieron también bajos los precios de los productos importados.
Sin embargo, al mismo tiempo, una tasa de cambio artificialmente fuerte vuelve a las exportaciones poco competitivas y no es sustentable a lo largo del tiempo.
Estos países tienen otro producto de exportación: la mano de obra humana. El Sur de Asia (incluyendo India) es una importante fuente de migración laboral –cerca de 43 de los 164 millones de migrantes en el ámbito mundial –y, en consecuencia, destinatario de remesas. Es un problema que también afecta a Italia, ya que cerca de 800 mil trabajadores inmigrantes vienen de esas regiones.
El Banco Mundial estima que, en 2023, 20% de los 815 mil millones en remesas globales llegan de ciudadanos asiáticos (excluyendo China) trabajando en el exterior. En 2021, las remesas, con valor de 157 mil millones de dólares fueron tres veces mayores que las inversiones extranjeras directas en aquella región asiática.
Las remesas permiten a los países del Sur de Asia mantener tasas de cambio fuertes, contra las realidades del mercado. Efectivamente, ellos tienen dos tasas de cambio: una oficial y una de mercado que refleja la desvalorización.
Los trabajadores quienes mandan dinero mediante canales bancarios deben usar la tasa oficial. Cuando la divergencia entre las dos tasas se torna muy grande, como en los últimos dos años, las remesas comienzan a declinar. Una gran diferencia se sustenta entre las tasas de cambio oficial y de mercado lleva al uso de otros canales informales para la transferencia de dinero por los trabajadores.
En el segundo semestre de 2021, las remesas recibidas totalizaron 2 100 millones de dólares, una caída de casi 50% en relación al mismo período del año anterior. Sri Lanka tiene un flujo de salida de más de un millón de trabajadores, muchos de los cuales dejaron de usar los canales oficiales, haciendo un incumplimiento muy probable.
A inicios de 2022, la tasa de cambio oficial era de casi 200 SLR por dólar, mientras la de mercado era más del 20% mayor. Al final, después del incumplimiento, subió a 360 por dólar.
La rupia pakistaní, que cayó más de 40% con relación al dólar en 2022, todavía se negocia en el mercado abierto con un descuento significativo en relación al cambio oficial. Para preservar sus escasas reservas cambiarias, Pakistán recortó las importaciones, forzando algunas industrias a cerrar, causando así daños a la economía. Las exportaciones pakistaníes cayeron 19% en el primer trimestre de 2023.
Y las remesas hacia Pakistán también fueron afectadas, cayendo 13% en los primeros diez meses del año pasado. Las reservas cambiarias se agotan y el incumplimiento es solamente cuestión de tiempo. Bangladesh tomó medidas correctivas
Cuando sus reservas monetarias comenzaron a desplomarse, ya en 2022, pero todavía estaban en un razonable nivel de 35 mil millones de dólares. El país negoció un paquete de rescate con el Fondo Monetario Internacional (FMI), recientemente aprobado, y tuvo que devaluar su moneda en casi 25%. Uno de los factores que llevaron al gobierno a actuar fue, justamente, una caída del 16% de las remesas. En todos estos casos, los gobiernos lograron mantener una tasa de cambio artificialmente fuerte, gracias a los flujos de dinero de millones de trabajadores migrantes, pero mesta política es insostenible a largo plazo. India también es un gran receptor de remesas -89 mil millones de dólares anuales –pero esto es una fracción de sus exportaciones totales. Nueva Delhi abandonó las tasas de cambio fijas en 1992 y permitió que la rupia encontrara su equilibrio.
Para sus vecinos, los problemas son muchos mayores a los de ella y están enfrentando turbulencias cambiarias y nuevas devaluaciones.
Los problemas asiáticos constituyen un motivo más para acelerar la creación de un orden mundial multilateral más justo, también desde el punto de vista económico y social.
*MSIA Informa
