Culiacán y Los Mochis lideran el descontento social; el oficialismo pierde terreno en los municipios clave.
Juan Manuel Acuña Salomón*
Existe un amplio sector de la ciudadanía sinaloense que quiere castigar al partido oficialista en las urnas, pero siente un profundo rechazo a votar por las siglas del PRI o del PAN, debido a pasados agravios y al desgaste de sus actuales dirigencias nacionales.
Los estudios de opinión pública y encuestas de rechazo partidista de cara a 2027, demuestran que el PRI sigue siendo la marca política con los negativos más altos en la entidad. La tasa de antipatía hacia el tricolor ronda el 46%, un fenómeno arrastrado por el desgaste histórico de la marca, los escándalos de su dirigencia nacional y, de manera interna, el repudio de las bases locales hacia la imposición centralizada de candidaturas desde la Ciudad de México.
El Partido Acción Nacional (PAN) se ubica en el segundo peldaño de los negativos en Sinaloa, arrastrado en gran medida por su alianza con el tricolor, registrando un voto de castigo directo que oscila en casi un 30%.
A pesar de que el partido oficialista Morena mantiene el primer lugar en intención de voto para 2027 en la entidad, sus niveles de rechazo han registrado incrementos notables debido a la crisis de seguridad pública y la inconformidad del sector agrícola.
Si bien el promedio estatal de rechazo se sitúa en torno al 22%, en mediciones regionales focalizadas el rechazo explícito a la continuidad oficialista se dispara hasta un 56% en Culiacán y un 65% en Ahome (Los Mochis). En Mazatlán, la tendencia de opinión negativa hacia el partido en el poder, también sostiene un crecimiento constante.
En contraste, Movimiento Ciudadano (MC) reporta un rechazo mínimo que apenas promedia el 5%. El ciudadano sinaloense no los percibe con enojo; simplemente el partido adolece de una falta de presencia estructural y sus perfiles permanecen fuera del radar de conocimiento general.
Bajo este tablero
La figura de Mario Zamora cobra fuerza propia por encima de los negativos de los partidos de la alianza opositora. De consumar Alejandro “Alito” Moreno la imposición de Paloma Sánchez Ramos, una eventual salida de Zamora de las filas del PRI no sería leída en la entidad como una traición al bloque, sino como un acto de congruencia y legítima defensa política.
Zamora se presentaría ante la opinión pública como el único liderazgo con el valor de desafiar el centralismo cupular de la Ciudad de México.
El binomio “Hartazgo de Morena + Rechazo al PRIAN” en las principales ciudades de Sinaloa
Es el combustible perfecto para consolidar un voto útil que desplace a las inercias partidistas. Ni el oficialismo está a salvo del voto de castigo en los municipios que concentran más del 70% de la votación estatal, ni la oposición tradicional (PRI-PAN) logra capitalizar la inconformidad por su propia imagen negativa.
Estas dinámicas abren la puerta para que un perfil posicionado como el de Mario Zamora capitalice el descontento ciudadano a través de una vía alternativa, operando como un sólido “Plan B” en caso de que la dirigencia nacional del PRI imponga su voluntad.
Lo ideal, desde una perspectiva de competitividad electoral real, sería la formalización de una gran alianza ciudadana encabezada por Zamora, quien cuenta con el visto bueno de una gran parte de la militancia y simpatizantes en el PRI y de una corriente fuerte dentro del PAN, mas no así de un comité estatal disciplinado a las órdenes del centro.
