Crónica del gran encuentro ciudadano en la AARC. El reloj apremia: Advierten que esperar a diciembre, será fatal para la alianza.
Juan Manuel Acuña Salomón
Hoy acudí al auditorio de la AARC a un evento convocado bajo el rimbombante título de Gran Encuentro Ciudadano. Nadie me lo platicó; ahí estuve, caminando los pasillos, observando el termómetro del lugar y sintiendo el pulso de un evento que prometía ser el inicio de algo distinto, pero que terminó oliendo a más de lo mismo.
A primera vista, la iniciativa de la Gran Alianza Ciudadana se presentaba como un intento loable y digno de rescatar: una mesa de reflexión para buscar salidas a la profunda crisis social e institucional que nos hunde cada día en Sinaloa. Sin embargo, conforme avanzaban los minutos, el barniz ciudadano comenzó a brillar por su ausencia.
El esquema fue prácticamente calcado de los conversatorios del Colegio de Economistas, pero con un candado que sofocó de entrada cualquier chispazo de debate. Se programaron tres ponencias en un formato unidireccional y rígido. No hubo micrófono para la concurrencia, no hubo sesión de preguntas y respuestas, y más de uno se quedó con las ganas de encarar el presídium. Cierto es que jamás anunciaron que habría espacio para el público, pero callar a la asistencia en un “encuentro ciudadano”, convierte la bandera cívica en mera utilería.
Arriba del escenario, los discursos siguieron la partitura esperada
Escuchar a Manuel Clouthier asegurar que no buscará candidatura alguna es una escena que hemos visto en repetidas funciones; basta una invitación formal —y un poco de ruego organizativo— para verlo de nuevo en los micrófonos. Juan Habermann hilvanó un mensaje enfocado en colocar el bienestar de Sinaloa por encima de las siglas y las parcelas de grupo. Por su parte, las 12 propuestas de Aarón Sánchez funcionaron como un pliego petitorio técnico dirigido a los “pretensos”: La hoja de ruta mínima, si verdaderamente existiera la voluntad de sacar al estado del hoyo.
Hasta ahí, la agenda formal cumplió su trámite institucional. Pero la verdadera sustancia de la jornada no estaba en el presídium, sino abajo, en las entreveredas del lobby. Ahí, entre el murmullo de las tazas de café y los saludos de ocasión, el evento se quitó la máscara para convertirse en lo que realmente era: Una vibrante pasarela política, un espacio de cabildeo y medición de fuerzas con todo y aplausómetro integrado.
En medio de ese trajín, aproveché el manejo del pasillo para tomar el pulso de la concurrencia. Crucé saludos breves con Mario Zamora y Manuel Clouthier, y toqué base con otros asistentes conocidos de la grilla y el ámbito empresarial como Omar Garfias, Melchor Godoy, Irma Moreno Raúl Ibáñez, Oscar Lara, Sergio Rosales, Ramiro Garza y Andrés Félix.
Fue en ese mismo pasillo donde sostuve una plática más extendida con César Emiliano Gerardo Lugo, presidente del PRI en Sinaloa, quien se encontraba flanqueado por la senadora Paloma Sánchez. Entre broma y veras, le confesé a Emiliano que, por un momento, pensé que Paloma me evitaría debido al tono crítico de mis columnas.
La respuesta me tomó por sorpresa: Lejos de cualquier fricción, me comentaron que leen con atención lo que escribo y que es la propia Paloma quien muchas veces le comparte mis textos. La charla, amena y franca, cerró con el compromiso formal de reunirnos pronto para tomar un café y discutir la agenda estatal a fondo.
Ese recorrido de pasillo me dejó clara una estampa irónica: En el recinto no había tropa, puros militares de alto grado. La sociedad civil convocada parecía reducirse a la misma cúpula de siempre jugándose sus cartas, como si las cúpulas fueran el pueblo y la gente de a pie no tuviera cabida en el mapa.

La pasarela terminó por acomodar el tablero local
Con doble cachucha: Sergio “Pío” Esquer haciendo malabares como dirigente de Movimiento Ciudadano y aspirante cantado a la gubernatura. Se mencionó la asistencia de Robespierre Lizárraga del PAS, que no asistió, mientras que la ausencia de Wendy Barajas (PAN), fue tema comentado en los corrillos.
Paloma Sánchez, Paola Gárate y Sergio Esquer ocupando primera fila, mientras Eduardo Ortiz y, en tercera fila, Mario Zamora, preferían mimetizarse entre el público. En la retaguardia, suspirantes a otros cargos como Noé Heredia, Erika Sánchez e Irma Moreno medían el ambiente.
Al final, el “aplausómetro” de la jornada entregó sus palmas a Mario Zamora, Pío Esquer, Paloma Sánchez y Paola Gárate. El mensaje que quedó flotando en el aire es transparente: De este tipo de aparadores saldrán las cartas fuertes para la gubernatura y, si termina de cuajar la tan mentada alianza, quien encabece la boleta.
Salí del recinto con una certidumbre: La sociedad sinaloense reclama a gritos espacios auténticos de representación frente a la crisis, pero la clase política sigue atrapada en la prisa de reciclarse. Cuando en un evento ciudadano abunda la alta jerarquía y falta la tropa, cuando el micrófono se reserva para unos cuantos, y al ciudadano común se le convoca únicamente para llenar sillas y aplaudir, no estamos ante una alianza cívica, sino ante la puesta en escena de la simulación electoral.
Lo que hace falta en Sinaloa es unidad. Hoy no la veo en la clase política y tampoco en la autodenominada “sociedad civil”. Seamos claros: Si no hay unidad real, todo se va a ir al carajo y terminaremos entregando el estado sin siquiera disparar un solo tiro.
¿Valdrán la pena más eventos como este? Pienso que sí, pero con formatos radicalmente distintos y sin estar disparando tiros de escopeta al aire, sin son ni ton. Si de verdad quieren a Sinaloa como dicen en los discursos, el primer paso es unirse en un solo bloque y estructurar una estrategia sólida y real.
No se ocupan pasarelas; ya habrá tiempo para eso. Lo que urge son mesas de trabajo formales para construir esa tan anhelada alianza, algo de lo que estoy convencido que es urgente y factible. Esas reuniones de trabajo deben darse con la representación viva de la sociedad civil y los presidentes de todos los partidos de oposición. Esperarse a diciembre sería fatal: demasiado tarde. ¡Tienen que darse ya!

