El nuevo partido replica los vicios de las fuerzas tradicionales al imponer delegados y relegar a sus fundadores. Somos repite el modelo de los partidos con dueño.
Juan Manuel Acuña Salomón
Somos es un nuevo partido político en México. Nace, en teoría, de la «marea rosa», pero en la realidad resulta ser un proyecto variopinto: Una mezcla donde convergen perfiles de diversos orígenes. En sus filas hay políticos que crecieron en el Partido Acción Nacional (PAN), como Gustavo Madero; en el Revolucionario Institucional (PRI), como Nacho Peralta; y en el de la Revolución Democrática (PRD), como Fernando Belaunzarán y su exdirigente Guadalupe Acosta Naranjo, entre muchos otros.
Pero un partido político, por su propia naturaleza, es una organización con un propósito claro: Conquistar el poder, aunque eso no siempre se traduzca en un beneficio para las mayorías ni para sus propios militantes.
En el papel, los principios iniciales de Somos giraban en torno a la participación ciudadana activa y a la rectitud en la política. Se planteaba una democracia con control ciudadano, donde la sociedad ejerciera un papel activo y fiscalizador; una plataforma nacida con el objetivo de transformar a México e impulsar la efectiva participación del pueblo en la vida democrática. Con ese discurso, convencieron a muchos.
Sin embargo, aquí es donde tuerce el rabo la mula. Desde la cúpula partidista encabezada por Guadalupe Acosta Naranjo, estos principios brillan por su ausencia. Tal es el caso de Sinaloa, donde se nombró como delegado en funciones de presidente a Humberto Zazueta, un incondicional de Guadalupe a quien lo que menos le importa es tomar en cuenta a los fundadores o a la militancia. Aquellos postulados que en el papel sumaron a tantos ciudadanos, hoy —al menos en nuestro estado— son letra muerta. ¿Serán estas instrucciones directas de Guadalupe Acosta?
La situación se ha convertido en un conflicto serio
Raúl Ibáñez, al frente de un nutrido grupo de fundadores de este partido en Sinaloa, ha sido excluido por completo de la toma de decisiones. El propio Raúl lo ha expresado con claridad:
Existe una visión, representada hoy por hoy por un delegado estatal en funciones de presidente, para conformar la nueva organización Somos, apoyado por actores locales que creen en las fuerzas tradicionales: asociaciones políticas carentes de convicción, lealtad e ideología que, por el emolumento adecuado, tuercen su voluntad al servicio del mejor postor.
La propuesta, como bien señaló Ricardo Arnulfo Mendoza, es pedir a la dirigencia nacional definiciones y presencia. La no intervención no es opción, a menos que Sinaloa no le interese a la dirigencia nacional y crea —erróneamente— que este es el camino adecuado para construir una organización que represente una verdadera alternativa, esa a la que la sociedad sinaloense aspira para defender las causas e intereses de nuestro estado. La situación actual solo abona a la desconfianza que la sociedad mantiene ante la clase política.
Acudimos motivados por construir algo diferente, que representara los mejores valores para un mejor Sinaloa.
La idea inicial y la razón de Raúl Ibáñez y de un grupo de sinaloenses fue siempre crear una organización que discuta sus diferencias civilizadamente, debata y argumente; convocar a una sociedad civil convencida de que la participación ciudadana puede incidir directamente en el tipo de gobernantes que merecemos.
Las alternativas partidistas actuales acatan y obedecen, pero no representan a los sinaloenses porque tienen dueño; todas, incluyendo a Morena. Y todo indica que Somos va exactamente por el mismo camino.
Esa es la realidad de Somos en Sinaloa hasta la fecha. La dirigencia nacional no muestra interés en tomar cartas en el asunto; peor aún, respalda totalmente las decisiones de un delegado que, desconociendo la realidad política sinaloense, actúa al margen de la mayoría de los fundadores y militantes activos.
Si este panorama se replica en el resto del país, el destino de Somos se avizora sombrío: Podría ser debut y despedida. Ojalá, por el bien de una opción que nació con buenas expectativas, rectifiquen a tiempo y retomen el camino original de la participación ciudadana y la rectitud en la política.
Aún hay tiempo de rectificar y remover urgentemente a su delegado, sustituyéndolo por alguien capaz de lograr consensos y conformar los comités municipales para constituir democráticamente el comité estatal, sin quedar sujetos a decisiones unipersonales y cupulares.
