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En un suceso que no captó mucho la atención de los medios occidentales ni de comunicación ni políticos, el pasado mes de febrero el ministro de relaciones exteriores húngaro Péter Sziijárto estuvo de gira en Teherán, la capital iraní, para firmar un acuerdo de cooperación económica entre ambos países. Tal acuerdo se inscribe en la política de Hungría de mantener la distancia de la geopolítico anglo-americana en la guerra Ucrania-Rusia, manteniendo un cause independiente.
Por parte de Irán, acudió su ministro de relaciones exteriores, Hussein Amir-Abdoliahian.
En la conferencia de prensa para darse a conocer este acercamiento, Sziijarto planteó que esta reunión tenía como objetivo coadyuvar a evitar un agravamiento de los sucesos en el Oriente Medio que podrían desembocar en una amenaza a la seguridad global.
Es de resaltar que rara vez un país de la OTAN visita Irán, debido a las sanciones que pesan sobre este país.
Al argumentar que Irán será un socio confiable en el futuro económico, el ministro húngaro dijo que su país entrará al mercado iraní enviando tecnologías agrícolas y productos alimenticios.

El impacto de la visita, fue analizado por diferentes organizaciones
Tal fue el caso de la Organización Sionista de América (ZOA, siglas en inglés), la cual a través de su presidente Morton Klein dijo que el acuerdo debería ser rescindido de manera inmediata, pues esto era una desgracia: “Ninguna nación civilizada de la Tierra debe hacer acuerdos con Irán, se pone en peligro América, Israel, Europa y Sudamérica.
Se quejó de que Hungría otrora fue un país destacado por ser un defensor de Israel, afirmó.
El acercamiento Irán-Hungría se dio en el contexto del desacuerdo del país magyar a una declaración de la Unión Europea de condena a Rusia, por el segundo año del conflicto bélico con Ucrania.

