Ivette Sosa*
Para ser un buen pintor se requiere ser auténtico, dominar el dibujo y desarrollar una paleta y estilo propios.
Es Alexander Zanches, poeta, pintor, joyero artesanal, jardinero y promotor cultural quien habla en exclusiva con diarionoticiasweb.com
Nacido en la ciudad de David, en Panamá en 1968, ha publicado a otros autores a través de sus plegables Catapulta Literaria y Papyroflexya, la poesía despierta. Está en proyecto la publicación de otro plegable: Grapholokyos, el arte de imaginar.
También ha participado en recitales de poesía y música, encuentros de escritores y festivales de poesía en Colombia, Cuba, Centroamérica y México.
Refiere que su obra se ha dado a conocer en grupos entre México y Colombia, con presencia en Cuba, la mayor de las veces por sus propios medios y el apoyo de gente generosa, a través de autoediciones.
-¿Qué es la pintura para ti?
-La pintura, como parte del Arte…
Prefiero llamarle las artes, en plural. Es una comunidad de valores éticos y estéticos, La estÉtica es Ética en la que convergen siete formas generales de este lenguaje espiritual que digo, y que fuera donado en su proceso evolutivo a la humanidad por la vida misma.
-¿Cómo llegas a la pintura?
Me recuerdo de muy niño rellenando de color, a lápiz, las ilustraciones de los libros que caían en mis manos, En cuarto o quinto de primaria gané un concurso de salón por una pintura, también a lápiz, de tema ecológico. Mi primer asombro ante una obra con función social fue a través del arte popular, en los paisajes que ilustraban las unidades del transporte público citadino conocidos como diablos rojos, hoy desaparecidos. Con el mundo mayor de la pintura el encuentro fue en 1986, cuando conocí al maestro Brooke Alfaro y a la maestra de origen uruguayo Ileana Moratorio.
-La obra que he visto tuya es irreverente, ¿así es, o solo es mi apreciación?
Es irreverente por cuanto se niega a valerse desde los recursos clásicos-académicos, porque insiste en expresarse a pesar de que no se apoya en boceto, como estudio previo de la obra en sí.
Soy pésimo dibujante. Para compensar esta falencia, cumplo el mandato de una de mis maestras, consistente en procurar los rasgos generales a solo pincel, desde el colorismo. Mi trabajo es una búsqueda de comunión con lo mundo onírico-vigiles a que la pareidolia invita.
¿Qué pintores han influido en ti?
La lista es larga, seré, no obstante, lo más conciso posible. Los ya dichos Alfaro y Moratorio, así como Hugo Bilbao, Arcadio Cayín Herazo (e.p.d.), Cáncer Ortega Santizo (e.p.d.), Rodrigo Jaén (e.p.d.), Juan Manuel Justiniani Caballero, José Inocente Duarte, Roy Arcia, María Elena Barcos y Giselle Eudoxie, entre una lista considerable.
-Desde la visión del pintor, ¿Cómo debe ser vistos un cuadro?
No hago distinción entre el artista y el observador de una pieza de arte. Ambos participan del ministerio de la creación y de la re-creación, danza pánica. Para ambos, por igual, hay un mensaje oculto tras antiquísimos códigos que aceptan y promueven el ritual al que acuden el artista y el observador por propia voluntad y en actitud de fiesta.
-¿Qué técnicas prefieres y por qué?
Pesan las restricciones en torno a las salas de arte
-Háblame del arte antes y después de la pandemia de Covid-19
Nos agarró de sorpresa. Tomé conciencia del problema a inicios de marzo, cuando ofrecía mis servicios de atención al cliente, en un hostal de la exclusiva zona turística de Bocas del Toro, en la frontera norte entre Panamá y Costa Rica. Pesan las restricciones en torno a las salas de arte.
Desconozco sobre propuestas para un protocolo que permita la reapertura de las salas de exposición, galerías y teatros, No puedo hablar aún de un arte post-covid. El Covid es, aún, realidad tangible. Tengo, sí, la esperanza de un renacimiento espiritual latinoamericano y mundial, resultante de la reflexión general en torno al valor de la vida y su fragilidad.
-En tu caso, ¿estamos ante el mismo artista o esta sacudida sanitaria mundial también ha cambiado la forma de expresarte y ver tu arte y el arte en general?
Como el río y como la nube, nadie es hoy el mismo que fue ayer. Y es que no puede ser ya exactamente el mismo. No hay modo. ¿Cuántas células y neuronas mueren por nanosegundos? Como el río, soy y no soy el mismo, en inefable paradoja.
Curiosamente, en medio de la crisis, tuve la suerte de reencontrarme con el acrílico, como tantas anteriores veces y, sí, es un aliento fresco y nuevo. Es el despertar al famoso nuevo día que desde muy antiguo anuncian los poetas. Quizás no sea nuestro siglo sino el de la alborada del ya citado Nuevo día.
