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Tren Maya avanza bajo ataques de la guerrilla ‘verde-indigenista’

Foto: Pixabay

Desde que se colocaron las primeras vías, el Tren Maya, -el proyecto de infraestructura más grande de México de las últimas décadas-, ha estado bajo fuertes ataques del cabildo indigenista ambiental internacional.

No es de extrañar, ya que tal beligerancia bien coordinada, es un patrón con las obras de infraestructura de gran porte en los países en desarrollo de todo el mundo; objetivos prioritarios de las guerrillas irregulares «verdes-indígenas», al servicio de la agenda antidesarrollo del establishment transatlántico, cuya finalidad es preservar los recursos naturales de los países para el usufructo supranacional.

La obra abarca 1,550 kilómetros que se extiende por cinco estados –Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo-, para el transporte de carga y pasajeros. Al mismo tiempo que la coerción ambientalista comenzó, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha dejado en claro que no cederá a la presión.

En agosto de 2020, acusó públicamente a un grupo de ONGs mexicanas de recibir dinero del extranjero, incluidas fundaciones privadas, de los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido y del Partido Verde Alemán, para la campaña contra el Tren Maya.

En noviembre de 2021

Su gobierno emitió un decreto declarando de «interés público y seguridad nacional» la realización de proyectos de infraestructura para comunicaciones, transporte, hidráulico, sanitario y otros considerados «prioritarios y/o estratégicos para el desarrollo nacional”. Tanto la construcción como la futura administración del Tren Maya y el recientemente terminado aeropuerto internacional Felipe Ángeles fueron confiados a las Fuerzas Armadas.

Un cambio de unos 50 km en la ruta del ferrocarril, la llamada Ruta 5, entre las ciudades de Cancún y Tulúm, en el estado de Quintana Roo, decidido a principios de este año, se convirtió en el nuevo caballo de batalla de los supuestos defensores radicales del medio ambiente, una vez que la nueva ruta atraviesa una zona forestal con numerosos ríos subterráneos, cuevas y dolinas (depresiones en terreno calizo). El 22 de marzo, Día Mundial del Agua, un grupo de artistas y celebridades autodenominados Colectivo Sálvame del Tren lanzaron la campaña Selvame del Tren, difundiendo en redes sociales videos con testimonios de celebridades y lugareños, en contra del cambio en el diseño.

El Tren Maya está destruyendo la selva, proclamó el actor Eugenio Derbez. Cientos, miles de árboles ya han sido talados, y podría haber millones más, dijo la cantante Natalia Lafourcade.

El presidente de México replicó, acusando a las celebridades de ser pseudoambientistas, y poco conocedoras de la realidad del país y “Me gustaría que estas celebridades aprendieran más, no se sorprendieran, tal vez ni siquiera sabían lo que iban a causar con lo que están proponiendo, posiblemente fueron utilizados», dijo (Infobae, 29/03/2022).

Otras dos manifestaciones han demostrado que la campaña contra el Tren Maya tiene mando internacional. El 28 de marzo, Greenpeace México llevó a cabo otra de sus «atrevidas acciones” propagandistas:  un grupo de manifestantes corriendo a través de las máquinas funcionando en el tramo en construcción, paralizando el trabajo durante horas. Greenpace, desde su nacimiento en 1969, le debe su crecimiento al esplendido apoyo que recibe de la nobleza británica y de magnates muy bien conocidos por su afinidad neocolonial.

Otro llamativo apoyo

Vino de la Ocean Futures Society, dirigida por Jean-Michel Costeau, hijo del difunto explorador marino (convicto malthusiano) Jacques-Yves Costeau. El día 29, La ONG californiana emitió un comunicado agresivo, pidiendo a AMLO que escuche «las peticiones honestas hechas por grupos organizados en México, representados por artistas, músicos, defensores del medio ambiente, investigadores y académicos». «Podemos asegurar que nadie nos paga por hacer público este comentario», dice el texto (El País, 29/03/2022). En un ataque directo al presidente, la declaración afirma que «no debemos olvidar que nadie es dueño de un país y que cada generación debe celar tratando de dejarlo en mejores condiciones que lo recibido».
Aunque la Asociación declare que su misión es «explorar nuestro océano global, para actuar de manera responsable para su protección, y celebrando la importancia vital de los océanos para la supervivencia de toda la vida en nuestro planeta», se necesita cierta imaginación para vislumbrar el vínculo entre un proyecto ferroviario dentro de un país y la -indudablemente importante- preservación de los océanos. Quizás un vínculo más preciso sea la tradición neomaltusiana de la familia Costeau, manifestada por su difunto patriarca, para quien el problema de la «superpoblación» del planeta tendría que ser enfrentado con la muerte de 350.000 personas por día, como se afirma en una notoria entrevista con la revista Correo de la UNESCO en 1991. Arquitecto de la formación, Jean-Michel parece haber heredado la ojeriza del padre al progreso humano, que, para ambos, debería ser el privilegio de unos pocos.

*MSIa Informa

Foto: Pixabay
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