El presidente Donald Trump, desde su regreso a la Casa Blanca, se ha enfrascado en una guerra abierta contra un importantísimo cuerpo del poderío que en las últimas décadas ha encadenado y arrojado a Estados Unidos al ardid del globalismo, un proceso destructor que trata a los estados nacionales y sus intereses legítimos tal cual marionetas maniobradas por una casta oligárquica trasnacional, idílicamente bien calificada para enfrentar los grandes problemas mundiales, faltaba más.
En el terreno del ambiente y de la energía, Trump está desmontando sistemáticamente los instrumentos con los que Estados Unidos se convirtió en la principal caja de resonancia de los planes de descarbonización de la economía mundial, dizque para proteger el clima del planeta de un peligroso calentamiento causado por las emisiones de carbono emitidas por las actividades humanas.
Trump aprobó, en particular, un enorme paquete de medidas de desreglamentación que revierte la mayoría de las directrices ambientales y energéticas aprobadas por su antecesor, Joe Biden.
En un artículo publicado en el Wall Street Jornal del 12 de marzo, el director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Leo Zeldin, afirmó, con propiedad:
Estamos clavando una daga en el corazón de la religión del cambio climático… Esas medidas ahorrarán billones de dólares en costos regulatorios y en impuestos ocultos.
Trump cerró, al mismo tiempo, algunas fugas de recursos públicos que alimentaban ese aparato de influencia y de intervención extranjera
Como ejemplo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo internacional (USAID), cancelada oficialmente a principios de julio. Durante décadas, combinando la necesaria ayuda humanitaria, con instrumentos del elegantemente disfrazado poder suave, es decir protección ambiental, brutal control natal, promoción de una democracia ad hoc, etc. la agencia encauzó miles de millones de dólares a actividades de interferencia política en países con peso político negativo para los planes de Washington, con más eficiencia que los métodos más directos de los servicios de espionaje, como la CIA.
El tercer frente de lucha abierto por Trump incluye su virtual declaración de guerra a la intocable Reserva Federal, que ha impuesto un verdadero sistema financiero privado al país que, el que, a su vez, se ha convertido en uno de los pilares del poderío del Establishment oligárquico.
Luego de nominar al economista Stephen Miran para el Consejo de gobernadores de la Fed, Trump ha presionado al presidente del banco central, Jerome Powell, para que reduzca las tasas de interés mínimas, para disminuir el endeudamiento del gobierno, que ya llega a los 37 billones de dólares, con el pago anual de un servicio de la deuda que casi llega al billón de dólares.
El temor que se extiende por el sistema financiero internacional con la envestida de Trump
Se puede medir con la advertencia hecha por el artículo del Financial Times del 1 de septiembre:
Las intervenciones del presidente estadounidense contra el banco central más poderoso del mundo han provocado el recelo de que se comprometan los poderes de la Fed para fijar las tasas de interés y manejar la inflación. Un grupo de economistas de EUA y de Europa, dice que “muchos temen que los ataques puedan llevar a un cambio permanente de la Fed, para poner en primer lugar los empleos y la reducción de los costos de los préstamos del gobierno… La Fed se convertirá en un juguete en manos del gobierno.
Esto quiere decir que una política monetaria que privilegie la generación de empleos y una deuda pública menor constituye un virtual anatema para los profesionales de las altas finanzas globalizadas.
De los frentes de la “guerra civil” desencadenada por Trump, este último es el más crítico y peligroso. En 112 años, tan sólo dos presidentes se atrevieron a contestar la hegemonía de la Reserva federal: Franklin Roosevelt (1933-1945), al nominar para presidirla al banquero e industrial Marriner Eccles, quien orientó la política monetaria al fomento de las actividades productivas golpeadas por la Gran depresión.
Y John F. Kennedy (1961-63), quien trató de recuperar la capacidad de emisión de dólares del Departamento del Tesoro, antes de ser asesinado en noviembre de 1963. El resultado de este enfrentamiento tendrá importancia no solo para Estados Unidos, sino que repercutirá en todo el mundo.
