Rubén Darío Reyes*
Nací en Cali Colombia, desde muy pequeño me apasionó la lectura, aprendí a leer muy rápido porque me cautivó la carátula y las imágenes de un libro que mi tío me regaló, Hansel y Grettel.
Luego, cuando salí de secundaria, me dediqué a leer por pasión y más adelante entré a la Universidad del Valle, en Cali Colombia, a estudiar la Licenciatura en Literatura y de ahí en adelante me he dedicado a enseñar por casi 20 años.
Desde hace 10 años trabajo con jóvenes en la preparación a la educación superior. He escrito algunos artículos periodísticos para medios alternativos, actuado en cortometrajes, y participo en eventos de promoción de lectura y gestión cultural.
Actualmente dirijo un grupo internacional interdisciplinario llamado las palabras no muerden, que se encarga de fomentar la cultura, el arte, la lectura y educación.
Didáctica, como el arte de enseñar
En el quehacer pedagógico de la mayoría de las áreas, habitualmente se habla de la didáctica, como el arte de enseñar y con una marcada presencia de la pedagogía; entonces entendido mi trabajo como un arte, me lleva a pensar en que siempre tengo que estar actualizándome, creando, innovando y sobre todo resignificando ideas y preconceptos establecidos.
Precisamente esto fue lo que me llevó a replantear la manera en que venía enseñando y programar mis clases, en el marco de la pandemia.
La mayoría de los docentes no estábamos preparados para la virtualidad y sobre la marcha nos tocó irnos reinventando, replanteando las distintas didácticas que, hasta el momento, habíamos utilizado.
La virtualidad me permitió poner en contacto a mis estudiantes con otras conciencias, otros saberes foráneos que les permitieron a ellos ampliar su visión de mundo.
Empecé a programar encuentros, conversatorios, conferencias con escritoras, historiadoras, psicólogas y profesionales de diferentes países, quienes nos acompañaban y desarrollaban un tema.
Las escritoras por ejemplo, nos presentaban su obra y nos hablaban de la manera en que la habían construido.
Los conversatorios
Contactaba a las invitadas, realizaba un cronograma de conversatorios y lo aterrizaba en mis horas de la clase. Durante el conversatorio, las invitadas compartían un tema o a través de un dialogo, nos presentaban su trabajo y luego los estudiantes participaban con las inquietudes que surgieran.
Debo decir que este trabajo fue posible primero, gracias a Dios porque permitió que todo se saliera bien, y luego a las invitadas que siempre mostraron una muy buena disposición y actitud para participar.
Los conversatorios los hacíamos a través de la plataforma de Zoom
Además, este diálogo intercultural le dio la posibilidad a muchos de ampliar su mirada del mundo, a veces obstaculizada por la violencia y las injusticias, darse cuenta de que hay otras realidades y que cualquier puede, desde su lugar, cambiar la perspectiva que tiene de esas realidades.
Además, pensar en un mundo donde si es posible, y en el que todos y todas al fin nos reconozcamos, nos escuchemos y creamos escenarios mediados por la palabra en los que se pueda hablar de paz, igualdad, proyectos de sociedad y empezar a vislumbrar una sociedad mejor.
