febrero 28, 2024

Viktor Orbán y los valores cristianos de la civilización europea

Viktor Orbán y los valores cristianos de la civilización europea

MSIA Informa

“Hay algo extraño en el hecho de que el Primer Ministro de un lejano país centroeuropeo de diez millones de habitantes esté dando un discurso en el aniversario de la mayor revista conservadora en el mundo de habla alemana. La verdad es que un (Konrad) Adenauer o un Helmut Kohl deberían estar aquí. Pero hoy tendrán que conformarse conmigo”.

Estas fueron palabras del Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, invitado especial a la celebración del cincuentenario de la revista suiza Weltwoche en Zúrich el pasado 22 de noviembre. Su presencia es más representativa que extraña, ya que Orbán, que lleva 17 años en el poder en Budapest, se ha convertido en el principal portavoz, de un conservadurismo racional, apegado a los valores de la civilización cristiana occidental que Europa encarnaba; dejados atrás en las últimas décadas, a cambio, prefirió someterse al inmediatismo de la destructiva hegemonía unipolar de EEUU, al cautiverio de Bruselas, y, en paralelo, a la globalización financiera.

Orbán fue al grano:

Hoy, en Europa, la tendencia intelectual general en política es la dirección liberal progresista. Es tranquilizador que todavía exista una revista en alemán que representa los principios conservadores. Para mí, es muy terapéutico estar hoy aquí con ustedes.  Por supuesto, es una buena noticia saber que todavía hay lugares en Europa donde se puede hablar libremente. Y, Suiza es, sin duda, uno de esos lugares. El resto de Europa es progresista, hay una hegemonía liberal y el discurso y las convicciones conservadoras son estigmatizadas al instante…

El líder húngaro afirmó que su país y los anfitriones tenían un problema común:

Se llama Unión Europea. No son miembros de la Unión Europea, pero continúan siendo europeos, y Bruselas esta sobre nosotros.

Para Orbán: Europa carece de políticos y está llena de burócratas

Y, por si fuera poco, también está el problema de que, en términos intelectuales, las instituciones administrativas han sido dominadas por el orden liberal progresista importado de Estados Unidos. Estamos ante una mezcla inexplicable. En lugar de políticos en posiciones de liderazgo, hay burócratas; pero estos burócratas no son neutrales en su visión del mundo, como se debería exigir a una burocracia profesional, sino que son partidarios comprometidos del liberalismo progresista que llegó del extranjero y se apoderó de toda Europa… Esa es la razón por la que no hay líderes nacionales fuertes, y en Bruselas el propio término “líder fuerte” tiene connotaciones negativas. Por lo tanto, si alguien se atreve a decir en Bruselas que se necesita un líder fuerte, recibirá la evaluación más negativa que se pueda imaginar. No es permitido decir que se necesitan líderes fuertes.

Europa no se gobierna a sí misma

Mi tesis es que Europa ha perdido la capacidad de gobernarse a sí misma. Esto significa que sin poder definir cuáles son sus objetivos, no reconocen los medios que deben utilizar para alcanzarlos. En otras palabras, es incapaz de actuar de forma autónoma y soberana. Lo digo con cierta amargura, y para un húngaro es un sentimiento doloroso, porque estamos hablando de la cuna de la civilización occidental. Y es cierto que la civilización occidental también se ha establecido en otros continentes, pero su núcleo, su corazón, sigue estando aquí en Europa. Lo que vemos hoy nos causa dolor, dijo Orbán.

Y enfatizó:

Hoy en día, Europa se ha extraviado. Su participación en el PIB mundial (Producto Interno Bruto) está disminuyendo. Para 2030, se prevé que Alemania sea el único país europeo entre las diez economías más grandes del mundo, ocupando el décimo lugar. Es evidente que la ampliación está más allá de nuestra capacidad de respuesta, y Europa también es incapaz de hacer frente a los conflictos regionales, ya sea en los Balcanes o en Ucrania…

El surgimiento de la democracia cristiana

Antes de la Segunda guerra mundial, Europa tenía la capacidad de controlar su propio destino. Lamentablemente, no fue posible hacer uso de esto. Entre las dos guerras mundiales, los pueblos de Europa utilizaron su fuerza para luchar entre sí. Y en el proceso, se han debilitado mutuamente, tal vez de forma permanente, creando una guerra civil dentro de la civilización europea o cristiana. Era importante saber quién ganaba y quién perdía, pero en general, a escala europea, todos perdimos. Porque el resultado final fue el fortalecimiento de las potencias fuera de Europa. Me refiero a Estados Unidos y a la Unión Soviética. La mitad occidental de Europa quedó bajo la ocupación e influencia de Estados Unidos, y la mitad oriental bajo la ocupación soviética. Fue la primera vez que perdimos la capacidad de autodeterminación.

Pero durante este período, los líderes europeos se enfrentaron a un gran desafío intelectual: definir el lugar de Europa en este nuevo mundo, en el que ambas mitades de Europa estaban ocupadas por ambos bandos. El reto intelectual era cómo Europa podía seguir siendo ella misma, cómo podía mantener su propia calidad mientras se adaptaba al equilibrio de poder que se había creado. ¿Era esto posible? Personalmente, tengo mucho respeto por los líderes europeos de esa época, porque estuvieron a la altura de este desafío intelectual: Adenauer, (Robert) Schumann y (Charles) de Gaulle idearon una forma de preservar la calidad de Europa en un mundo dominado por las costumbres y normas anglosajonas en Europa occidental. Porque estaba claro que Estados Unidos esperaba que Europa Occidental tuviera democracias y que la economía adoptara el funcionamiento y las estructuras del capitalismo. Era obvio para los líderes de la época que la simple copia de los modelos estadounidenses conduciría al desastre en Europa, porque los modelos políticos y económicos anglosajones no eran nativos de Europa. Por lo tanto, para que este nuevo sistema tuviera éxito en Europa Occidental, la democracia y el capitalismo tenían que recibir de alguna manera un rostro y una calidad específicamente europeos. Esta solución fue la Democracia Cristiana.

Si lo pensamos bien, la Democracia Cristiana fue la respuesta a cómo transformar el concepto de bien común en una democracia puramente competitiva. El enfoque contractual de la democracia, característico del mundo anglosajón, se complementó con la idea del bien común, creando así una calidad política netamente europea. Se puede decir que lo que en el mundo anglosajón se llamaba democracia liberal, se llamaba democracia cristiana, en Europa. Lo mismo sucedió con el capitalismo, porque lo que podríamos llamar el “capitalismo vaquero” de los Estados Unidos es ajeno a Europa. Aquí tenemos un mayor sentido de responsabilidad y solidaridad, algún tipo de responsabilidad por los demás. Y así, toda la profunda tradición cristiana está dentro de nuestra economía. Y la Democracia Cristiana la ha gestionado bien. Fue un éxito.

Foto: Pexels

1990, punto de inflexión, Orbán situó el punto de inflexión histórico para Europa al final de la Guerra fría:

En 1990, Occidente ganó la Guerra fría contra el Este, contra la Unión Soviética. Fuimos liberados y las estructuras de poder soviéticas simplemente desaparecieron de Europa, de la mitad oriental de Europa. La pregunta fascinante -hasta el día de hoy- es qué ha sucedido con las estructuras estadounidenses en los últimos 33 años. Entonces, se desprende la provocadora pregunta de si fue un problema que los estadounidenses se quedaran aquí después de 1990.

Examinemos esta cuestión. Hay una lógica en esto, porque estamos hablando del Estado más poderoso de la civilización occidental, y es lógico que esta alianza sea liderada por su miembro más poderoso, Estados Unidos. Por lo tanto, era aceptable –e incluso útil– que Europa Occidental creara un acuerdo de este tipo: una Europa Occidental cristiana y unos Estados Unidos Occidentales cristianos. Así ocurrió en 1990. Esta ya no es la situación actual. Esta es la gran diferencia entre 1990 y 2023. La última vez que una Europa Occidental cristiana y una América Occidental cristiana trabajaron juntas fue en la era de Ronald Reagan. En ese momento, Europa todavía estaba bajo un liderazgo democratacristiano. Así que toda la presencia de Estados Unidos no causó ningún problema intratable. Pero desde entonces la situación ha cambiado, porque mientras tanto las fuerzas políticas cristianas en los Estados Unidos han sido reemplazadas por fuerzas liberales progresistas con peso y poder decisivos. En Europa Occidental y Estados Unidos, los conservadores tardaron en ponerse al día, y ahora, si miramos a nuestro alrededor los puestos importantes, todos han sido ocupados por liberales progresistas. Esto significa que las posiciones estadounidenses en Europa hoy son esencialmente progresistas y liberales y han tomado el control de nuestro continente. Y hoy, en toda Europa, los estadounidenses están trabajando arduamente para difundir estos principios liberales progresistas.

La gran pregunta es si, en estas circunstancias, será posible que Europa restablezca su propia calidad autónoma, para mantener en última instancia su autonomía dentro del gran sistema de alianzas occidentales con lo que ahora se llama cortésmente ‘soberanía estratégica’. 

La falta de grandes líderes

Para Orbán, el problema se agrava por la ausencia de grandes líderes europeos: “La manifestación más sorprendente de todo este fenómeno es que Europa ha perdido a sus estupendos políticos, que podrían recordarnos a los viejos grandes. No es casualidad que sintiéramos un contraste tan grande cuando mencioné a los antiguos dirigentes y todos pensamos en los actuales. Esto no es sorprendente, ya que el discernimiento político y la capacidad de actuar son como cualquier otra capacidad humana. Es lo mismo en nuestra profesión: si no practicas algo, te atrofias, al igual que los músculos de un astronauta en un estado de ligereza. Y después de 1990, después de que la gran generación de Kohl y Adenauer –perdón, (Jacques) Chirac y Kohl– abandonara la escena y llegara una hegemonía dominante liberal progresista en Estados Unidos, esencialmente dejamos de usar las habilidades necesarias de los grandes líderes europeos. Lo que estoy diciendo no es una crítica personal dirigida a nadie en particular, sino una descripción estructural, porque con tal estructura es difícil, o tal vez incluso imposible, esperar líderes que se parezcan a los grandes de antaño”.

¿Dónde está la salida?

Una vez diagnosticado el problema, Orbán respondió:

Entonces, ¿qué debería hacer Europa en esta situación? En primer lugar, necesitamos un escenario, y tenemos que estar preparados, en caso de que Estados Unidos abandone Europa, parcial o totalmente. Además, tenemos que considerar seriamente las garantías militares y de seguridad europeas. Para ello, hay que rehabilitar las habilidades de liderazgo político, olvidando lo que piensan del liderazgo estos locos posmodernos. Las teorías frankensteinianas liberadas de los departamentos de sociología a la política deben ser olvidadas y debemos volver a la cultura clásica de la política y el liderazgo europeo. Y, lo más importante, tenemos que educar a una nueva generación de políticos. Pero hoy en día, la política no es atractiva. Los jóvenes más talentosos no se están metiendo en política, lo que puede ser un problema, especialmente en el lado conservador. Necesitamos educar a una nueva generación de políticos conservadores, y no podemos aceptar la excusa, que recuerda a los filósofos escolásticos, de que no entrarán en el agua hasta que hayan aprendido a nadar. Tenemos que lanzar a los jóvenes a lo más profundo, para que puedan nadar y aprender. De lo contrario, no habrá generación de jóvenes políticos conservadores en Europa. Estoy convencido de que, en el debate sobre el desacoplamiento, el distanciamiento y la conectividad con el resto del mundo, debemos tomar la posición de la conectividad. Europa necesita recuperar el control de sus propias fronteras.

Y voy a hacer un último comentario cauteloso sobre el cristianismo y la cultura cristiana. Creo que la cultura cristiana necesita ser promovida, y sería bueno que fuera acompañada por la evangelización, pero eso está mucho más allá de mi competencia política y es un mundo diferente. Pero si no recuperamos la fe en que seguir el camino propuesto por Cristo es el camino hacia un mundo más libre, más humano y más habitable, y es ahí donde encontraremos la pregunta final y las respuestas de la vida humana, si no hacemos que se recupere esa fe, será muy difícil volver a hacer que Europa sea independiente y tenga éxito.

Fotos: henryleester/Pexels

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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