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Este miércoles, el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo de Ucrania, Volodímir Zelenski, mantuvieron una “larga” conversación telefónica; la primera desde el inicio de la invasión rusa, hace ya más de un año.
El gobierno de China anunció que enviará una delegación a Ucrania con el fin de buscar una “solución política” al conflicto con Rusia, tras anunciarse la primera conversación telefónica entre los presidentes Jinping y Zelenski, después de un año del conflicto bélico con Rusia.
Pekín enviará a un representante a Ucrania, como mediador para buscar una solución pacífica con sus 12 puntos de hoja de ruta. Una vez más, mientras China apuesta por la diplomacia, Estados Unidos por la guerra, advierten geopolíticos.
En marzo pasado
Xi Jinping se reunió con su homólogo ruso, Putin.
Ahora, hay cambios que no han ocurrido en 100 años. Cuando estamos juntos, impulsamos esos cambios.
Las palabras pronunciadas por el presidente chino, Xi Jinping, al despedirse de su contraparte ruso Vladimir Putin, tras la cumbre llena de significados celebrada el 20 y 21 de marzo no son mero uso de retórica diplomática. Reflejan la realidad ineludible de que las dos potencias están dando un fuerte impulso a la reconfiguración acelerada del orden de poder mundial en torno a la consolidación del eje euroasiático como el nuevo centro de gravedad geopolítico-geoeconómico del planeta. El momento es muy singular, India por su cuenta, pero en muchos sentidos convergiendo, y un número creciente de países menos desarrollados, ahora denominados “Sur Global” han expresado gran interés en participar en este movimiento histórico; se están uniendo a organizaciones como el grupo BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), y la colosal Iniciativa China Franja y Ruta. De manera que la confirmación de la alianza chino-rusa significa nada menos que duplicar el número de ausentes para la agenda hegemónica del “Occidente colectivo” liderado por Estados Unidos.
La declaración conjunta emitida en el evento afirma categóricamente: Las dos partes señalaron que los cambios mundiales actuales se están acelerando y los estándares internacionales están pasando por ajustes profundos, incluida la paz, el desarrollo, la cooperación y los resultados de beneficio mutuo, que instituyen una tendencia histórica irresistible. La formación de un modelo multipolar internacional se está acelerando. Hay un número creciente de potencias regionales fuertes decididas a defender sus derechos e intereses legítimos. (…)Al mismo tiempo, el hegemonismo, el unilateralismo y el proteccionismo siguen siendo predominantes, y es inaceptable reemplazar los principios y normas reconocidos del derecho internacional por un ‘orden basado en reglas’ (China Briefing, 22/03/2023).
El mensaje apunta hacia la dirección correcta: los centros de poder occidentales adictos a la hegemonía, por eso el líder del bloque no tardó en mandar el recado. En Washington, el presidente Joe Biden demostró una reacción casi infantilizada: “Si algo sucedió, fue que Occidente se ha agregado significativamente más. Nosotros somos los que estamos expandiendo las alianzas, la oposición (sic) no. Dígame a dónde van. Dígame cómo, de hecho, existe una circunstancia en la que China ha hecho un compromiso significativo con Rusia, ¿qué compromiso pueden hacer? ¿Económicamente?” (The Hill, 3/23 /2023).
En términos económicos
La alianza concreta entre el candidato a convertirse pronto en la mayor base industrial y la mayor potencia económica, con los recursos naturales más numerosos y la mejor tecnología militar avanzada del orbe, ya es un poderoso factor que induce el cambio. Además, la asociación está catalizando la formación de un sistema financiero internacional extra-dólar, que ha despertado un creciente interés y representa en sí mismo un fuerte golpe al pilar central del poder estadounidense, el privilegio exorbitante del dólar como moneda de referencia. En su comentario sobre la cumbre, el ex diplomático británico Alastair Crooke señaló:
Pero esa no era la esencia de lo que el presidente Xi denominó ‘cambio’; El comercio, los intercambios militares y un cambio de sistema financiero ya estaban “en el horno”. Lo que Xi y Putin están sugiriendo es que deberíamos dejar de lado las viejas gafas del orientalismo occidental, por las cuales nos hemos acostumbrado a ver el mundo, y pensar de manera diferente.
¡Sí!, pensar en un mundo multipolar, cooperativo y propenso a un impulso de desarrollo compartido, en el cual el hegemonismo se haga a un lado, para dejar paso libre al buen común.
