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Y si cometemos pecado, ¿nos vamos al cielo o al infierno?

Ivette Sosa

Según narra una leyenda, fue Quetzalcóatl quien hurtó el árbol del cacao a los dioses para regalarlo a los mortales, con el fin de que éstos pudieran cultivarlo en la tierra. y estuvieran bien alimentados, para desarrollar mejor sus habilidades en las ciencias y artes.

Sin duda, agradecemos al cielo este exquisito regalo, pues amén de ser una generosa fuente de energía, resulta un delicioso postre e incluso tiene usos diversos dentro de la pujante industria cosmética. 

No hay duda, un excelente y bondadoso elíxir divino, pues los granos de cacao contienen antioxidantes, como la epicatequina, que según diversas investigaciones es anticancerígena, y también te protege de enfermedades cardiovasculares y hasta te reduce de peso.

En la antigüedad

Las semillas del cacao eran empleadas por los mayas y aztecas como moneda de cambio, además de ser visto como un producto vinculado al mundo espiritual.

También, por sus diversas propiedades naturales, el chocolate ha transcendido a los ámbitos de la belleza, salud, arte y moda, sin olvidar, por supuesto, al exquisito mundo culinario.

Y no necesitas ser un gran chef para comprobarlo. Sólo basta pelar una rica fruta, tomarla suavemente en tu mano y rociarla con… ¡gotas de chocolate!.

¡Mmmm!, un placer que incita al pecado. Como Eva en el paraíso, cuando instigó a Adán a comer del fruto prohibido. Por eso te pregunto: Y si cometemos este pecado, ¿nos vamos al cielo o al infierno?

Foto: Adam Nigro
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