mayo 01, 2026

La tierra prometida la he buscado por más de medio siglo, sin ninguna fortuna

La tierra prometida la he buscado por más de medio siglo, sin ninguna fortuna

 

Bolivar Hernandez*

Pocas personas en el mundo, una minoría pues, vivimos con la sensación de que todo es provisional. Que no arraigamos en ningún lado porque nos marcharemos de ahí, en cualquier momento. Habitamos un suelo que no nos pertenece y del cual podemos ser arrancados y desarraigados sin piedad alguna más adelante.
Es el síndrome de los trasterrados, de los migrantes que por la fuerza o por la necesidad o por el miedo, deben dejar todo atrás, familia, amigos, y sus escasos bienes materiales. Y adonde llegan, no se hallan cómodos porque son ajenos, extraños, forasteros.
Los exiliados no quieren en el fondo encariñarse con los otros, porque algún día los tendrán que abandonar para siempre, y eso duele mucho.
Tampoco adquieren bienes muebles o inmuebles porque el día del retorno habrá que malbaratar todo o regalarlo, y salir con poca carga. Esas cargas emocionales o materiales son un lastre para poder caminar ligero.
La vida tiene así un sabor a provisional, a mientras tanto, a solo por ahora, porque mañana nadie sabe que nos espera…
Fluimos en la superficie de la vida sin mirar su profundidad
Flotamos en esa ingravidez social. Eso no es ni cómodo ni agradable para el migrante.
Un trasterrado solamente requiere una cama, catre o petate, y una mesa y una silla. Y sobrevive en una plena austeridad franciscana. Poca ropa y un par de zapatos buenos y resistentes para largas caminatas.
Este es el cuadro de la vida cotidiana de millones de seres humanos que malviven en otros países que no son los suyos.
La pregunta es: ¿Se puede vivir con lo mínimo?
Y mi respuesta es: Sí, inclusive con menos de lo mínimo.
He vivido en varios países y el menaje del hogar fue minimalista, con lo esencial para vivir con cierto decoro. Los lujos no caben en una casa de ningún migrante. Tenía plena conciencia de ser un ave de paso, una golondrina.
La vida del migrante, del forastero, es estar instalados en una utopía, en ese lugar inexistente. Y nos metemos en la cabeza el retorno, el eterno retorno al seno, al edén original.
Y un día se hace realidad el retorno al edén y lo que encontramos es un sitio extraño, ajeno, irreconocible, que no fue aquel que tuvimos que abandonar algún día muy lejano.
Y nos enfermamos todos de una extraña enfermedad incurable que se conoce como Nostalgia.
Y el pensar en continuar caminando con un rumbo incierto hacia ninguna parte, obliga al exiliado, migrante, vagabundo, a tomar su país portátil y meterlo en la mochila, y andar por nuevas veredas desconocidas.
Yo siempre he cargado mi país imaginario sobre mis hombros o en la espalda, y pesa bastante.
Posdata
La tierra prometida para mi no existe, la he buscado por más de medio siglo, sin ninguna fortuna.
*La Vaca Filósofa
Foto: TRASMO

About The Author

Un joven y dinámico diario web, con información actual, de ágil lectura, enfocado en Política, Negocios, Tecnología, Migración, Espectáculos, Estilo de Vida, Cultura, Derechos Humanos, Ecología, Medio Ambiente, Futbol, Sexualidad, Nota Roja, Nota Viral y diversos temas coyunturales de México y el mundo. Tenemos la colaboración de importantes plumas que escriben desde diversas partes del orbe y contamos con la fina ironía de caricaturistas reconocidos internacionalmente.

Related posts