Bolivar Hernandez*
Las sociedades son esclavas de las modas en el vestir. Las modas van y vienen, las novedades de hoy ya se usaron en el pasado.
Un espíritu crítico como el mío, no se deja imponer moda alguna. He procurado hacer un estilo único, mío, muy mío.
Un rasgo en mi vestir que causa admiración entre muchos es que toda mi ropa está personalizada, con un bordado. Por lo regular es solo una inicial, la B, y pocas veces con mi nombre completo, Bolivar.
En otro lado expliqué el porqué de mi ropa personalizada, pues desde hace 20 años, que vivo como soltero, mi ropa la envío a las lavanderías.
Por la mañana
Pasaba temprano a dejar una bolsa grande con la ropa sucia a la lavandería de mi barrio y por la tarde, la recogía. Mi sorpresa era mayúscula al llegara a mi departamento de soltero, y revisar el contenido de la bolsa, y descubrir que venía una parte de ropa mía y otra parte de prendas ajenas.
Calzoncillos, playeras, camisas, pantalones, calcetines eran intercambiados por otras ropas de extraños. Yo devolvía lo ajeno al día siguiente y mi ropa no volvía nunca a mi de nuevo.
Por eso tomé la sabía decisión de personalizar toda mi ropa, excepto la ropa interior. Y así, nunca más fui objeto de la sustracción de mis prendas. Fui despojado de varias camisas de lino blanco, que eran mis favoritas por su corte elegante, y tela fresca que se arruga en forma elegante.
Desde muy joven opté por tener pocos trapos, pero finos
Detesto la ropa corriente y de mal gusto que ofrecen la mayoría de los almacenes o las bodegas de ropa usada, que en la finca llaman Pacas. Desechos de ropas americanas que saturan el mercado de ropa de segunda o tercera clase, hay ahí prendas con valor de un dólar.
Cuando fui funcionario público de altos vuelos, vestía fino y elegante, con zapatos y corbatas italianas; y con trajes de alpaca o buena lana. Más aún cuando laboré en la Embajada de México en Chile, por razones obvias.
Un día ya muy lejano cuando volví a la vida de un ciudadano común y corriente, y no tenía obligación de nada ante ninguna institución, me despojé para siempre de la corbata, ese signo de opresión masculina.
Mi atuendo de la actualidad son pantalones de mezclilla, lona le dicen en la finca, camisas de colores pastel, y sacos o suéteres vistosos. Zapatos cómodos como son los botines italianos.
Vivo en una finca en la cual los caballeros visten mal, con playeras con algún tipo de anuncio comercial, o con camisas a cuadros, como con tela de manteles, pantalones cortos, shorts, y tenis de colores fosforescentes.
Suelo asistir a restaurantes elegantes y mi atuendo corresponde con el sitio, al menos yo procuro adecuarme al ambiente del lugar.
Hoy
Decidí desayunar en un restaurante que posee una de las terrazas más bellas de la finca, y me colocaron en una mesa con vista a un hermoso jardín interior.Me ubico en una mesa pequeña, y observo que varias personas me miran con gran curiosidad, me percato de ello y les sonrío a todos ellos, principalmente son señoras de mediana edad, entre 40 o 50 años, calculo yo.
Desayuno plácidamente cuando de una mesa cercana surge una mujer que está acompañada de su marido, y se dirige a mi mesa, y me dice:
Usted no es de aquí, de Guate, por su manera de vestir tan apropiada y elegante, ¿verdad?
Disculpe mi atrevimiento, esto no se hace en Guate. Pero le quiero preguntar varias cosas sobre su vestimenta, por ejemplo, por qué tiene toda su ropa personalizada y por qué usa un pañuelo en la bolsa externa superior del saco, y por qué el pañuelo en el cuello?
Y agrega:
Déjeme decirle que soy parte de una empresa dedicada al diseño de imagen, y usted es un prototipo de la imagen de un caballero elegante y distinguido.
Cuido con esmero mi presencia física
Me rasuro todos los días, y me corto el cabello con regularidad, y el baño es cotidiano. Digo todo lo anterior porque algunos conocidos míos, contemporáneos míos, han decidido vivir desliñados, con un cierto abandono de sus personas.
Ellos me reclamaban el porqué yo me sigo acicalando tanto, cuando ya no hay un para qué.
Ser fashion en una finca, lo sé perfectamente, es un contrasentido absoluto. Pero me acicalo para mi gusto y comodidad, absolutamente.
Podría ser algo de vanidad o mucho, eso no es relevante para mi, pero es mi manera de estar en la vida, vivito y coleando aún.
¡Hasta pronto desobedientes!
*La Vaca Filósofa

