mayo 30, 2026

Mencia y Cuauhtémoc entregados a su tierno amor en medio de la guerra

Mencia y Cuauhtémoc entregados a su tierno amor en medio de la guerra

 

Arturo Rios

Se iban los días y para Mencía y Cuauhtémoc el verse, era una necesidad imperiosa. Cuando el héroe mexica no acudía, ella sufría intensamente. Lloraba en silencio, pensaba en la fatalidad y elevaba oraciones al creador pidiendo la protección a su ser amado.
La congoja la invadía, por la noche era dominada por el sueño. El nuevo día se hacía eterno en la espera de esa tarde.
Su vista se iluminó y se estremeció henchida de felicidad, cuando apareció la figura esbelta y bella de su amado.
–Perdona, ayer me fue imposible verte, sufrí el no ver tus ojos y el dibujo de la risa en tus labios, sentir el calor de tus manos y hablarte como lo hago ahora. Te amo, musitaba Cuauhtémoc sin ser entendido; ella olvidaba al instante sus penas al verlo sano y salvo.
–Mi amor, el sufrimiento me asedió, los peores pensamientos asaltaron mi ser, tu ausencia me produjo terribles inquietudes, el sueño fue de pesadillas y cada momento del día ha sido un castigo. Pero, estás aquí y mi corazón está lleno de gozo, se ilumina mi vista con tu imagen, a Dios doy gracias de verte…
Cuauhtémoc la miraba con ternura
Sus ojos negros se dulcificaban al apreciar los rasgos tiernos de la doncella, cuyo rostro, resplandeciente de felicidad, se reflejaba en las pupilas del recio hombre que tanto la amaba. Sellaban el encuentro con besos y un abrazo que unía sus cuerpos y encendía sus adentros.
Por las noches, Cuauhtémoc reflexionaba bajo el cobijo respetuoso de las sombras. Selene iluminaba la faz de la tierra, el aire soplaba frío y la manta de algodón cubría el cuerpo del jefe guerrero.
Repasaba las urgencias para hacer frente a los extranjeros y le ensombrecía la realidad:
Los españoles eran superiores en las artes militares y poco a poco sumaban aliados entre los nativos y concluía en que le propondría a su primo Cuitláhuac, el tlatoani, atacar Tlaxcala, donde estaban los forasteros.
Pero como un rayo, llegó a su mente el recuerdo de Mencía, ella estaba con los tlaxcaltecas, por lo que si Cuitláhuac accedía a su propuesta, primero la sacaría de ahí y la enviaría a Ichcateopan, con sus familiares, a fin de que estuviera protegida.
Una vez recuperado el poder
Se casaría con ella en rápida ceremonia; la poseería a fin de asegurar descendencia, ante la posibilidad de morir en la batalla.
Viviría con ella el resto de sus días y serían inmensamente felices.
–¡Cuauhtémoc! ¡Cuauhtémoc!, le gritaba un mensajero que corría apresurado hacia donde se encontraba.
–¿Qué sucede? ¿Por qué vienes tan agitado?
–El tlatoani ha muerto…
Cuitláhuac, perdía la batalla fue derrotado por la Viruela.
Foto: Walkerssk/Pixabay 

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Soy un hombre y periodista independiente, no tengo partido político. La crítica es mi posición. Me titulé a los 65 años y tengo 74. Mi vida es el Periodismo.

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