Publicamos a continuación la presentación del libro La Economía Física del Desarrollo Nacional, edición en español de la editorial Capax Dei.
Lorenzo Carrasco*
Hace ocho años, cuando planeábamos con el doctor Jonathan Tennenbaum el proyecto de un libro sobre la economía física, pensamos inicialmente para Brasil, pues era en un momento, en que las condiciones ameritaban un debate a fondo del desarrollo futuro del país, luego de tres décadas de estancamiento general, sobre todo en los vitales renglones de la infraestructura, de la ciencia y de la tecnología.
El día de hoy el panorama económico no ha tenido ningún cambio, ninguna mejoría, y, más bien ha empeorado hasta arrastrar a la economía a un estado de depresión, no obstante que el mundo académico se resiste a aceptar tal realidad, enredado en la métrica nominal del crecimiento, aunque precario, del Producto Interno Bruto (PIB).
El contenido del libro, por lo anterior, sigue siendo absolutamente actual en la perspectiva del qué hacer económico, no solo de Brasil o de cualquier otra nación, sino también para forjar la política para la integración física de Iberoamérica.
La pandemia del COVID-19, evidenció la fragilidad de la globalización financiera, cúspide del sistema de libre comercio, que se implantara en las últimas tres décadas. Entonces, el núcleo oligárquico de los países desarrollados se frotaba las manos elucubrando cuan fácil sería, después de la caída del Muro de Berlín y la disolución del imperio Soviético, someter a los estados nacionales a estructuras propias del gobierno mundial.
Para estos mentores, el fin de la Guerra fría no se suscribía únicamente a la derrota del socialismo real hundido bajo el pesado fardo del colectivismo marxista, sino que alcanzaba la anhelada derrota de todas las instituciones que conforman el Estado nacional soberano, por lo cual, según este escenario, se estaba a un paso de entrar al paraíso eterno liberal, el triunfo definitivo que pondría fin a la historia.
Esto, a lo que se ha denominado una era neoliberal de la economía y neoconservadora en las intervenciones globales militares, se estrelló simultáneamente con la realidad. En primer lugar, la realidad pandémica, que mostró un grado escandaloso de desesperación e incapacidad, especialmente en las naciones más ricas, cuyos insumos médicos esenciales en una emergencia, no estaban en manos de sus estados, pues los sectores industriales de peso se habían desplazado a países de mano de obra más barata por la obsesión de reducir los costos y elevar al máximo las ganancias.
La “reingeniería” económica justificada con términos como “just-in-time” y “outsourcing”, propagados éstos histéricamente en todos los foros y medios de comunicación económicos, debilitó las mismas cadenas productivas. La pandemia arrancó las máscaras de civilización para dejar al desnudo las peleas mezquinas por adquirir respiradores, mascarillas, vacunas y medicamentos. La soberbia neoliberal quedó derrotada por la fuerza de la naturaleza, a un precio de las dolorosas pérdidas de vidas humanas.
Segundo, al mismo tiempo le llegó la hora a otro pilar de la globalización, sustentado en el añejo pensamiento maltusiano y eugenésico, disfrazados de ecologismo e indigenismo. En las últimas cuatro décadas se ha promovido un alarmismo climático misántropo, enfocado a limitar el progreso humano y el bien común, y concomitantemente, a aumentar los niveles de pobreza extrema. Así fue como se convirtió al dióxido de carbono (CO2) en el principal “villano ambiental” del planeta, con la consecuente promoción de la descarbonización de la matriz energética mundial.
No obstante, lo que parecía ser una firme muralla para contener el avance tecnológico y, por ende, elevar el nivel de vida integral, pasa también por un severo choque de realidad, impuesto por la ineficacia y los altos costos de las “energías verdes”, así como por la elevación de los precios del gas sometidos a la especulación de los mercados “libres” (spot), en un panorama agravado por la perspectiva de un invierno riguroso en el hemisferio norte. La venganza de la energía nuclear, calumniada y atacada en los últimos 40 años está a la vista.
En tercer lugar, por el lado neoconservador, las aventuras hegemónicas, en particular en la estratégica región del Medio Oriente y del Centro Asiático, han quedado sepultadas por la humillante derrota y huida de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, en Afganistán.
De 1990 a 2020, cuando brotó la pandemia del COVID 19, pasaron 30 años en que la civilización occidental desperdició la oportunidad de liderar la creación de un mundo cooperativo capaz de alinear las fuerzas de la humanidad para derrotar a las verdaderas emergencias globales, el hambre y las enfermedades, con la certeza de que hoy se poseen las potencialidades económicas y científicas para lograrlo en un plazo de entre una y dos generaciones.
El desarrollo de la región euroasiática impulsada por los gigantescos programas de infraestructura engranajes de la iniciativa Cinturón y Ruta liderados por China y Rusia, tomó un camino diferente al desvío que la civilización occidente emprendió a favor del modelo darwiniano-maltusiano de libre comercio asentado en la sobrevivencia del más apto y del egoísmo institucionalizado. No solo no se atendieron esas verdaderas emergencias, sino que se actuó con negligencia para proteger un sistema vergonzoso de iniquidad e injusticia, en nombre de modernización y progreso globalizado. Miles de billonarios y decenas de millones de miserables es el resultado de las cuentas que habrá que saldar.
La sincronicidad de esos choques de realidad inicia un nuevo momento que llama a reconstruir el orden mundial para convertirlo un uno más apto para sentar las bases de un periodo de paz y prosperidad, en que se logre un equilibrio entre el vertiginoso ascenso económico de China, la recuperación estratégica de Rusia y el regreso del desarrollo económico del mundo occidental. Esto trae consigo abandonar la idea de instaurar estructuras de “gobierno mundial” por encima de la soberanía y del poder de los estados nacionales. Más aún, se vislumbra en el horizonte, quizá por primera vez en la historia, la posibilidad de sustituir la supremacía de una potencia hegemónica, con un orden de cooperación y armonía de estados nacionales, asociados en el bien común y el respeto a los fundamentos materiales y espirituales de cada nación.
Este libro es una herramienta fundamental para el entendimiento de los principios físicos de la economía real, cuya reparación de la devastación causada por la globalización financiera, es un imperativo para el avance de la civilización mundial en las décadas venideras. La Editorial Capax Dei lo pone a disposición de los lectores de habla hispana con orgullo y satisfacción.
*Presidente del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa)

