Las negociaciones ocurridas en la segunda semana de enero en Ginebra, Bruselas y Viena, entre los representantes de Rusia, de Estados Unidos, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y de la Organización para la Cooperación y la Seguridad de Europa (OSCE), no pudieron avanzar en la solución de las principales cuestiones propuestas por Rusia a Estados Unidos y a la OTAN. En las palabras del vicecanciller ruso Serguéi Ryakov, la discusión está atorada en un “callejón sin salida”.
Un extraño punto positivo fue que, luego de un congelamiento de dos años y medio del Consejo OTAN-Rusia y de cualquier diálogo de seguridad sustancial, las conversaciones fueron “francas”, ambos lados aceptaron regresar a ellas, en especial en lo que respecta al problema de la reducción y control de armas estratégicas, además de cerrar la laguna de la desconfianza.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, manifestó su “decepción” al calificar las conversaciones generales de “fracaso”, pero también afirmó que hubo momentos positivos y expresó su esperanza de que el diálogo continúe en el futuro. Como destacó, las iniciativas de las conversaciones partirán de Rusia, para recibir “respuestas concretas a cuestiones concretas y de principios”.
En estrecho alineamiento con el canciller Serguéi Lavrov, Peskov afirmó que Rusia espera recibir dentro de algunos días una “declaración escrita” que contenga respuestas concretas del lado estadounidense: “Con relación a esas cuestiones de principio, debe haber… resultados y una respuesta concreta”.
Resaltó que la OTAN dijo a Moscú que la Alianza no avanzaría hacia el Este
Pero observó que ella está empeñada en reclutar nuevos integrantes, como Finlandia y Suecia, países mencionados en una declaración del secretario general, Jens Stoltenberg, el 13 de enero, y, además, agregó, que en algunos países miembros hay la demanda de aumentar el contingente de la OTAN en sus respectivos territorios. Peskov observó: “Si la OTAN nos quiere dictar a donde y en qué dirección debemos colocar nuestras Fuerzas Armadas dentro de nuestro propio territorio, esto no es posible. Estamos hablando del territorio ruso”.
El telón de fondo de esa escalada fue la presentación por Rusia, en diciembre, de un esbozo de tratado dirigido a Estados Unidos y a la OTAN en el que exige “garantías de seguridad” de ambos, en particular la exigencia de que ni Ucrania ni otros estados post soviéticos, como Georgia, sean admitidos en la Alianza Atlántica, además de la renuncia al estacionamiento de misiles de corto y mediano alcance en los países vecinos de ambos lados.
Luego de la paralización de las relaciones estratégicas entre Rusia y Occidente, el deseo legítimo de Moscú de analizar una arquitectura de seguridad sensata para Europa, que tenga en cuenta los intereses fundamentales de seguridad de Rusia, fue arrogantemente rechazada por Estados Unidos y por la OTAN. Ambos mantienen la consigna de que Rusia, con su envío de tropas a las proximidades de la frontera con Ucrania, estaría planeando la “invasión” del país vecino. Así, a pesar de las conversaciones, Estados Unidos y la OTAN parecen estar comprometidos a darle una lección a Rusia y humillar su liderato.
Una propuesta
El 23 de diciembre, la ejecutiva del Círculo Willy Brandt, que desde 1997 está comprometido en esfuerzos constructivos de paz entre el Este y Occidente, publicó una declaración titulada “La actual crisis de Ucrania y el orden de paz europea”, la cual, en los días siguientes, fue respaldada por varias personalidades destacadas, entre ellos políticos, especialistas en estrategia, escritores y otros.
La declaración subraya que la situación militar a lo largo de la frontera Ucrania-Rusia aumentó espectacularmente en las últimas semanas y que no se encuentra ninguna solución a la vista: “Estamos extremadamente preocupados con una escalada que puede llevar a la guerra, la cual se puede desencadenar por un incidente militar no provocado o por actos preventivos. La diplomacia europea debe tener como objetivo evitar una guerra con Ucrania y su objetivo debe ser resolver a mediano plazo los problemas de seguridad europeos subyacentes. Rusia concentró enormes fuerzas militares a lo largo de la frontera con Ucrania. La amenaza y el envío de fuerza militar que busca explotar objetivos políticos se deben condenar”.
El documento afirma que, aunque la OTAN esté preocupada con la “injustificada acumulación militar rusa”, no presentó ninguna propuesta para resolver la crisis; en lugar de esto aumentó la disposición a la acción militar:
La suspensión de la movilización militar y la renuncia al estacionamiento de nuevos sistemas de armas no está a la vista por el momento, una escalada extra está programada.
Aunque la llamada telefónica entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y el estadounidense, Joe Biden, a principios de diciembre, no haya bajado los ánimos, el comunicado dice:
“La propuesta presentada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia para dar garantías de seguridad a partir de tratados fue rechazada por muchas voces de Occidente, sin considerar elementos importantes, como futuros reglamentos de control de armas… Hasta ahora, Occidente no reconoce la importancia de la situación en torno de Ucrania para Rusia. En esta situación, se deben tomar más medidas para evitar una conflagración. Alemania, como el miembro más importante de la OTAN, ve a su nuevo gobierno especialmente desafiado. Sugerimos que se den los siguientes pasos:
1) Apoyamos las reivindicaciones del presidente de la facción del SPD (Partido Socialdemócrata), Rolf Mützenich, que correctamente exigió negociaciones directas entre la OTAN y Rusia de acuerdo con sus respectivas propuestas, con el fin de encontrar una salida a la crisis y acabar con la actual escalada en espiral. La propuesta de medidas generales de refuerzo de la confianza y de la transparencia no es de ninguna forma suficiente. La suspensión de la movilización militar y la moratoria verificable del establecimiento de nuevos sistemas de armas es urgentemente necesaria. Alemania y Francia deben invertir más en el mecanismo de búsqueda de soluciones del Formato de Normandía.
2) El inminente diálogo OTAN-Rusia se debe utilizar de inmediato, a fin de atenuar la situación tan tensa. Para este propósito, se deberá tomar la decisión de reabrir la misión de comunicación entre la OTAN y Rusia. Este mecanismo debe ser reactivado y utilizado, para hacer posible la cooperación estable en lo que toca al respeto de los problemas subyacentes y complejos de la seguridad europea y crear una nueva confianza, en un diálogo continuado y estructurado. Las negociaciones deben ser preparadas para abrir el camino a una nueva forma de abordar el control de armas europeo.
3) El objetivo debe ser envolver a Rusia y a la OTAN en un proceso continuo de conversaciones, lo que también debe ocurrir entre las jerarquías más altas. Además de la cuestión de Ucrania, que no es miembro de la OTAN, lo que está en juego son cuestiones claves relativas a la seguridad europea, para evitar una futura espiral armamentista y no perder de vista un orden de paz paneuropeo. Lo necesario es más transparencia y previsibilidad: de esta forma, el Tratado de Cielos Abiertos podría revivirse de inmediato para realizar inspecciones mutuas sobre movimientos de tropas y maniobras a gran escala. Los tratados de control de armas convencionales se deben retomar en el mediano plazo.
4) Apoyamos las propuestas de diplomáticos experimentados, oficiales generales y científicos retirados para la realización de una conferencia de la más alta categoría, que, de acuerdo con la validez continuada del Acta Final de la Conferencia de Helsinki de 1975, de la Carta de París de 1990 y del acuerdo de Budapest de 1994, debería promover la revitalización y la renovación de los pilares centrales de una arquitectura de seguridad europea estable. Mientras esta conferencia ocurre, cualquier escalada militar, otras maniobras a gran escala y el posicionamiento de los sistemas de armas del lado de Rusia y de la OTAN se deben evitar de forma comprobada. Estas negociaciones, que también incluyen garantías de seguridad obligatorias, no deben dejarse tan sólo a Estados Unidos y a Rusia. La OSCE tiene mucha experiencia en el campo de prevención de crisis y en el manejo de conflictos, así como en el control de armas convencionales; su papel debe reforzarse.
Los impulsos que dieran (el canciller) Willy Brandt y (el (secretario de Estado) Egon Bahr, para la seguridad común y la nueva “política para el Este” partieron de la idea de que el progreso no sucede tan sólo con la repetición de fórmulas. Solamente un diálogo bien preparado y la consistencia conceptual pueden desembocar en progresos de la seguridad de Europa. Esto significa que los intereses de Rusia también se deben tener en consideración. Las preocupaciones de los vecinos de Rusia son justificadas. Como miembros de la OTAN, ellos gozan de la protección de Washington. Pero eso también implica la responsabilidad de contribuir a la solución de la crisis actual. En lo que corresponde a Rusia, eso incluye también ofertas de cooperación económicas y una cooperación económica reforzada”.
Entre los firmantes de la declaración se encuentran:
- Prof. Peter Brandt, hijo del excanciller Billy Brandt;
- Edelgard Buhlmann, exministra de Educación;
- Heidemarie Wiezcorek-Zeul, exministra de Desarrollo y Cooperación;
- Ralf Stegner, exdiputado federal y exministro del estado federal de Schleswig Holstein;
- Hellmuth Hoffman, exdiplomático y exrepresentante permanente en las negociaciones de desarme de Ginebra;
- Prof. Dr. Horst Teltschik, expresidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich;
- Dr. Alexander Rahr, prominente “kremlinólogo” alemán, cofundador del Club de Debates de Valdai;
- Dr. Antjie Vollmer, expresidente del Parlamento Federal;
- Dr. Michael Staeck, presidente de la Academia de Artes de Berlín.
*MSIa Informa

