Arturo Ríos Ruiz
Las lágrimas son un mecanismo de comunicación para expresarnos, liberar el cuerpo de estrés y ayudar a equilibrar nuestras emociones.
Las lágrimas emocionales contienen hormonas como la leucina encefalina, un calmante natural que produce el cuerpo. Se llora por una emoción fuerte, como la tristeza. Es la explicación científica, entre otras, del llorar, hombres y mujeres.
Públicamente, en los tiempos recientes, se conoce que tres presidentes han llorado, o al menos han estado a punto de soltar las lágrimas, “pucheros”, en la que se han visto presionados de varias maneras:
López Portillo apostó que el petróleo haría de México un país rico y lució su frase inolvidable: “Administrar la abundancia”.
Calculó mal y hundió a México en una profundacrisis. Se devaluó el el peso y nacionalizó la banca, se enredó y lloró durante su último informe de gobierno, el 1 de septiembre de 1982.
Controló las lágrimas
Felipe Calderón, perdió dos secretarios de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y José Francisco Blake Mora en vuelos aéreos. El primero, el avión se desplomó en la Ciudad de México y el segundo, su helicóptero cayó en una zona boscosa cuando se dirigía a Morelos.
El 4 de noviembre de 2008, Calderón hizo varias pausas en su discurso, tomando aire con cara compungida, en donde expresó varios halagos a Mouriño, con quien dijo que compartió diversos ideales. Dominó las lágrimas.

El caso más reciente…
La mañana del martes pasado, cuando el presidente AMLO, se refirió a que desde hace 25 años él y su familia fueron víctimas del espionaje por el gobierno federal.
Lo comparó con la polémica por la casa en la que vivió su hijo José Ramón, en Houston, Texas; durante su narración tuvo que hacer varias pausas para que su voz no se quebrara. Su rostro era de notoria conmoción.
En Publimetro, Miguel Cervantes entrevistó a Miriam Cervantes, fisonomista certificada en comunicación facial y en grafología, consideró que el presidente, de verdad mostró un momento de dolor y explica cuál fue el motivo:
La cabeza hacia abajo, boca apretada y mirada baja muestran combinación de pena y dolor. No quiere mostrarse abiertamente. Es una señal de vulnerabilidad. se sintió victimizado y lo trae al presente. Este acto puede generar empatía en personas que se han sentido víctimas bajo circunstancias similares.

