junio 08, 2026

Donbass: Transición a un orden mundial multipolar

Donbass: Transición a un orden mundial multipolar

MSIA Informa

Declaración del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana

La decisión de la Federación Rusa de reconocer la independencia de Donetsk y Lugansk, provincias insurgentes del Este de Ucrania (Donbass), anunciada por el presidente Vladímir Putin el 21 de febrero, representa el golpe de gracia al Nuevo Orden Mundial, proclamado después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, cuya espantosa fisonomía apareció rápidamente en la destrucción de Irak en la Guerra del Golfo, por una coalición de países al mando del poder angloamericano.

En él, Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la vacilante Unión Europea (UE) se erigieron guardianes de la comunidad internacional, paladines de los supuestos valores universales e inmutables de la democracia.

Esta presunción abrió el camino del descalabro del Derecho Internacional, en el cual la arbitrariedad fue acotada en la vaga terminología del orden natural de las cosas. No sorprende que tal proceder antojadizo haya sido bien ratificado por el secretario general de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, en la reunión del Consejo de Seguridad de la entidad, horas después del anuncio de Putin:

Una violación de la integridad territorial y de la soberanía de Ucrania e inconsistente con los principios de la Carta de Naciones Unidas.

La historia reciente

Registra que la atención a tales normas y patrones “naturales” y las preocupaciones por la integridad territorial de las naciones soberanas y los principios de la Carta de las Naciones Unidas no parecen aplicarse a los países fuera del bloque euroatlántico.

Un caso típico viviente es el de Siria, con un tercio de su territorio ocupado y gran parte de su producción de petróleo usurpada por las fuerzas militares de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Turquía, además de mercenarios yijadistas financiados y equipados por esas potencias de la OTAN -sin ninguna anuencia del gobierno de Damasco o del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas-.

A pesar de las dimensiones de la devastación impuesta al país por un conflicto instigado desde el exterior -más 500 mil muertos y 12 millones de desplazados y de refugiados-, el asunto no ha provocado ni siquiera una diminuta fracción de la difusión de la prensa ni la histeria político-diplomática conferida al enredo ucraniano y a la situación se acepta como si fuese parte del orden “natural”.

Lo cierto es que la decisión rusa demuele ese orden jurídico hobesiano de dos pesos y dos medidas, consecuente con la histórica declaración conjunta de Rusia y de China a favor de un nuevo sistema mundial justo, divulgada el 4 de febrero, cuyos puntos clave se condensan en construir un sistema de poder mundial multipolar apegado al buen entendimiento del Derecho Internacional, para favorecer el bien común, ya contenido en los principios de Naciones Unidas, y el desarrollo como un factor clave para garantizar la prosperidad de las naciones.

Foto: Pixabay

La iniciativa del Kremlin

Que será seguida por una presencia militar directa en Donbass, puede considerarse la moldura hacia la transición del orden mundial multipolar en ciernes, que traza con un acto concreto una línea divisoria entre los dos escenarios político-estratégicos. Para recordar, Moscú ya había señalado el agotamiento de su paciencia con los ardides geopolítico del eje euroatlántico, ante la fulminante intervención en los trastornos ocurridos en Kazajistán, a la cabeza de una misión de paz de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), solicitada por el presidente Kassym-Jomart Tokayev.

En esa ocasión, Putin llegó a referirse al uso de “tecnologías Maidan” para fomentar las protestas populares que iniciaron la insurgencia, referencia explícita a las maquinaciones del eje EUA-UE en las manifestaciones de 2014 en Ucrania, que dieron lugar al derrocamiento del presidente pro ruso Viktor Yanukovich y la declaración de independencia de Donetsk y Lugansk.

La nueva intervención recorrió ocho años de maniobras dilatorias y, finalmente, la negativa explícita de Kiev, instigada por las potencias occidentales, de cumplir los acuerdos de Minsk de 2014-15, en los cuales Ucrania se comprometió a conceder la autonomía administrativa a las dos provincias de población mayoritariamente rusa, además de la negativa abierta de Estados Unidos de garantizar por escrito que Ucrania nunca sería incorporada a la OTAN. El aumento de los bombardeos de militares y paramilitares ucranianos contra los insurgentes en los últimos días, constatados por los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa (OSCE), funcionó como la proverbial gota que derramó el vaso (desde 2014, más de 9 mil habitantes de Donbass murieron en tales enfrentamientos, la gran mayoría de ellos civiles).

Es significativo que China haya apoyado abiertamente la intervención de la OTSC y, a pesar de una posición más cautelosa sobre la situación de Donbass, no haya dejado lugar a dudas sobre su inclinación, como lo muestra el editorial del periódico semioficial Global Times del 22 de febrero: “La paz y no la guerra es del mayor y común interés de todos los países del continente europeo. En este sentido, solamente con un aterrizaje suave de la crisis Rusia-Ucrania Europa podrá alcanzar la paz. La verdadera seguridad debería ser inalienable, común, integrada, cooperativa y sustentable. Esto significa que los intereses de seguridad de todos los lados deberían ser respetados y salvaguardados y, si las preocupaciones de seguridad de cualquiera de las partes fuesen ignoradas o incluso pisoteadas, las disputas geopolíticas continuarán y nunca cesarán. El nudo tiene que desatarlo el que lo ató. Rusia y Ucrania necesitan tener diálogos cara a cara. EUA y la OTAN deben ser, tanto como sea posible, apartados de la crisis Rusia-Ucrania y no debe haber la agregación de más elementos de complicación para influenciar la situación”.

Es evidente que para ambas potencias es más fácil posicionarse en condiciones de equilibrio de fuerzas, al contrario de ocasiones anteriores en las que no podían oponer más que protestas formales a los actos unilaterales del eje euroatlántico, como el ataque de la OTAN a Yugoslavia en 1999, sin el respaldo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Durante el conflicto, el entonces primer ministro ruso, Yevgeny Primakov, dio media vuelta en su avión sobre el Atlántico, cuando se dirigía a Washington para analizar la crisis, al ser informado del inicio de los ataques de la OTAN, y la embajada china en Belgrado fue demolida por proyectiles lanzados por aviones estadounidenses, en un pseudo accidente nunca aceptado por Pequín.

La intervención rusa en Donbass señala que aquellos tiempos son páginas pasadas, aunque sea cierto que el viejo sistema mundial, con llanto y rechinar de dientes, resistirá bastante para salir de la escena.

Fotos: oleg_mit/Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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