junio 11, 2026

La triste historia de Magdalena, la niña invisible que regalaba dulces

La triste historia de Magdalena, la niña invisible que regalaba dulces

Bolivar Hernandez*
Magdalena fue la quinta hija de su madre, quien se distinguió por tener hijos con diferentes hombres, cada hija tenía a su propio papá. Entre la hermana mayor y la menor transcurrieron veinte años. La madre de Magdalena tuvo a su primera hija a los quince años; era una niña que continuaba jugando con muñecas.
La pareja de su madre fue su padrastro, él fue quien la crio desde niña; era la sexta pareja de su madre. El padrastro era un hombre hosco pero muy trabajador y responsable con el hogar. La madre de Magdalena se entregó por completo a cuidar y atender a su señor, y descuidó a la pequeña hija, absolutamente.
Magdalena creció con la indiferencia de su madre y de su padrastro. Era una especie de presencia sutil en su casa materna, no se notaba, pasaba desapercibida.
De niña, hacia muchos berrinches, rabietas, para llamar la atención; lloraba desconsoladamente, y gritaba: “Me quiero morir”.
Un ser humano que no es mirado ni escuchado por su familia, sufre demasiado. Se convierte automáticamente en un “Don nadie”. ¡Ignorado!
Lo que siempre le proporcionaron a esa niña despreciada, fue dinero a manos llenas para su corta edad. El dinero lava culpas, sin duda alguna.
Fue una niña con dinero en su cartera infantil, sin tener cómo gastarlo.
Cuando Magdalena entró a la escuela, a los 8 años, se alegró mucho saber o imaginar que tendría muchas amiguitas.
Era de lento aprendizaje
No era muy lista que digamos, y aparte era poco o nada agraciada físicamente. Feíta y tontita, no le auguraban nada bueno en su vida estudiantil. De inmediato fue objeto de acoso escolar, de burlas crueles de sus compañeritas. Bullying, le denominan a eso en la actualidad.
Ella sufría horrores: ser ignorada en casa y acosada en la escuela con mucha crueldad. Los niños chicos son despiadados en el trato con sus compañeritos estigmatizados como tontos.
La estrategia de Magdalena para ganarse el cariño de sus condiscípulos, fue darles regalos a todas las niñas, todos los días. Se dio cuenta, dentro de sus limitaciones intelectuales, que era factible “comprar afectos”.
Toda la primaria le costó bastante aprobar y pasar al siguiente grado, a empujones avanzaba, y por actos bondadosos de sus maestras, la aprobaban con la mínima calificación.
Durante los seis años de la primaria, Magdalena les llevó dulces a sus compañeritas; grandes bolsas de caramelos portaba en su gran mochila que en lugar de libros y cuadernos, contenía dulces.
Aún con esos regalos cotidianos, Magdalena no logró ser querida ni admitida entre sus compañeritas. Quien continuaron burlándose de ella, ya sea por fea o por tonta. Se pasaba los recreos en el patio, jugando solita. Y hablando sola, con una amiga imaginaria.
Durante los seis años de la primaria todos, maestros y alumnos, olvidaron el nombre de Magdalena, ya que era conocida solamente como “La niña que regala dulces“.
Magdalena, años más tarde, encontró cobijo en un claustro de monjas, pese a la oposición de sus amados padres. En el convento también se tuvo que cambiar el nombre, obligadamente.
*La Vaca Filósofa
Foto: Vic_B /

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Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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