abril 15, 2026

La dimensión religiosa de la guerra Rusia-Ucrania

La dimensión religiosa de la guerra Rusia-Ucrania

Además de sus evidentes consecuencias militares y geoeconómicas, la guerra en Ucrania también contiene un aspecto más profundo: el cultural y espiritual, ámbito que ha prosperado en la reconstrucción de Rusia y que ha acompañado su florecimiento cristiano tras la desintegración de la Unión Soviética.

Desde que la contienda estalló, por la sencilla defensa de los valores cristianos, el patriarca de Moscú y de todas las rusias, Cirilo I, ha sido puesto en el centro de una feroz campaña internacional orquestada por distinguidos miembros del poder angloamericano y, principalmente, por los encumbrados y ahora desnudados representantes del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), también conocido como la ONU de la Iglesias, que ahora exige la expulsión de la entidad de ese líder religioso. Incapaz de realizar acciones positivas para detener la guerra, la ONU está caminando a su obsolescencia y lo mismo podemos decir del CMI.

Luego de la caída del Muro de Berlín, en noviembre de1988, en lugar de que las potencias occidentales saludaran y colaboraran con un país que salía pacíficamente del comunismo, erigieron otro muro destinado a contener a Rusia, tratándola de gasolinera con armas nucleares. Desde la óptica de los hegemonismos esto significaba que su destino la confinaba a ser un abastecedor de materias primas, ante todo energéticas, obligada a rendirse incondicionalmente a las reglas de los valores europeos divorciados de sus raíces culturales cristianas.

Acatar la agenda LGBT, el neo maltusianismo, la ideología de género, se transformaron en el pasaporte de entrada a la civilización europea. A pesar de que tal ideología torcida se ha encastillado en las sedes de la OTAN y de la Comunidad Europea en Bruselas, no representa de ninguna forma el sentimiento profundo de las naciones del viejo continente, y mucho menos es compartida por la tradición rusa, que brinda un tributo muy específico a la patria, a la familia y a la religión.

Por eso, hacer un objetivo nacional el resurgimiento cultural y espiritual de la nación eslava, entra, evidentemente, en un choque con la apostasía europea, públicamente confrontada en varias ocasiones por el presidente Vladímir Putin, y por otros miembros de su gabinete, además de por un numeroso grupo de la elite pensante del país.  

El sentimiento nacional que cala en la población rusa fue expresado por Nikolai Patrushev, secretario general del Consejo Nacional de Seguridad de Rusia, en una entrevista al periódico oficial Rossiiskaya Gazeta (29 de abril) en que afirmó:

En este sentido, Rusia eligió el camino de la protección integral de su soberanía, la defensa firme de los intereses nacionales, la identidad cultural y espiritual, los valores tradicionales y la memoria histórica.

Nuestros valores espirituales y morales nos permiten seguir siendo nosotros mismos, ser honestos con nuestros antepasados, preservar al individuo, a la sociedad y al Estado. Los europeos, por ejemplo, han hecho una elección diferente. Han adoptado los llamados valores liberales, aunque en realidad son neoliberales. Promueven la prioridad de lo privado sobre lo público, el individualismo que suprime el amor a la patria y la paulatina desaparición del Estado. Ahora es obvio que, con tal doctrina, Europa y la civilización europea no tienen futuro. Todo indica que repetirán las lecciones que aún no han aprendido, afirmó. (En esta edición publicamos la entrevista.)

El fenómeno histórico de negar unas raíces tan esplendidas es muy típico de la decadencia civilizatoria y marca la diferencia entre civilización y cultura. Europa y Estados Unidos son países ricos y civilizados, pero con una cultura declinante, ya que ésta última presupone el ejercicio de principios de trascendencia en el entendido de que no sólo la prosperidad y el progreso económico, -hoy en declive- son las causas de la felicidad.

Cuando Putin ordenó el inicio de las operaciones militares en Ucrania, sabía, junto con el liderazgo político-militar y religioso de Rusia, que estaba “pateando el tablero” de ese orden mundial hegemónico euro-atlántico que convirtió a Ucrania, desde el golpe de estado de 2014, en un ariete contra la seguridad territorial rusa.

Por otra parte, los más de los líderes europeos, figurones de una comedia dirigida desde Bruselas y Washington, saben que la victoria de Putin en Ucrania significaría el fin de la utopía unimundista avivada desde el nacimiento del establishment anglo-americano en las conferencias de paz de Paris en 1919, al finalizar la Primera guerra Mundial. Sin entrar por ahora en el tema, ya sabemos lo que los acuerdos de Versalles, ahí firmados, provocaron en Europa.

El Consejo Mundial de Iglesias

Años más tarde, aquella utopía de un gobierno mundial, tomo su cauce de acción, y entre otras vertientes, en 1937 aquilatadas figuras del poder anglo americano fundan el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) para estimular el diálogo interreligioso de una manera tan pálida que abrió la puerta para una interpretación vaga del necesario ecumenismo.

Entonces y ahora, la institución se dedica a promover y apoyar con vigor causas seculares compatibles con un cuerpo doctrinario relativista, que en la postmodernidad raya en lo absurdo, y cuyo resultado es desestabilizar, subvertir y desmembrar el Estado nacional soberano. Entre sus fundadores se encontraba John Foster Dulles, secretario de Estado de los EEUU, uno de los ejecutores de la Guerra fría, y Sir Lord Lothian que catalogaba al Estado soberano de ser una “influencia demoniaca” causante de guerras y conflictos. Con alta y bajas a lo largo de estos 100 años se ha tramado consolidar estructuras de un gobierno mundial para sustituir la era de los estados nacionales, ya que el nacionalismo, según ellos, era la causa de las guerras.

Desde entonces, en Europa, el termino nacionalismo se transformó en un sinónimo de nazi. Y todo lo que se opone a esa agenda de lo políticamente correcto se ha tildado de ultra derecha.

La amplia estructura del CMI le ha permitido ser un valioso coadyuvante de la guerra cultural que se libra en el mundo liberal occidental para ahogar la sociedad en el hedonismo radical, la desaparición de la familia natural, la agenda identitaria, el movimiento “woke”, transhumanismo etc. etc.

Inquisición contra Cirilo I

Casi al comenzar la guerra Ucrania-Rusia el Patriarca de Moscú y todas las Rusias, Cirilo I pronunció, el 7 de marzo, un famoso sermón que tuvo gran revuelo internacional, refiriéndose a que la carta de admisión al mundo liberal occidental exige rendirse a un sistema de convicciones antípodas del cristianismo, cuyas manifestaciones se saludan con fanfarrias por ejemplo en las manifestaciones del movimiento LGBT+ y etc.

Otra homilía de Cirilo l, comentada en el periódico AsiaNews del 27 de abril, es un ejemplo de su combate contra lo que califica de “contravalores” occidentales. En la histórica catedral de la Asunción, dentro del Kremlin, enfatizó:

El pueblo ruso necesita redescubrir su unión interior, “porque solamente en la unidad esta nuestra fuerza, y si mantuviéramos la fe de nuestros padres en nuestros corazones, entonces Rusia será invencible”. Agregó que “no siempre la victoria es de las armas, sino también la victoria del espíritu, y a muchos, hoy, les gustaría que ese espíritu desapareciera”. Enumeró las tácticas del enemigo que “disemina confusión, crea nuevos ídolos, llama la atención para nuevos pseudo valores, para invertir la dimensión de la conciencia del hombre, de aquella vertical que une a Dios a aquella horizontal, sobre la cual se implantan todas las exigencias de la carne humana”.

Nada más ilustrativo en contra del papel que juega Cirilo l y la Iglesia Ortodoxa que dos artículos recientes publicados por el periódico Financial Times, vocero de la City de Londres, en sus ediciones del 18 y 19 de abril. “La Iglesia Ortodoxa Rusa da legitimidad a la guerra de Vladímir Putin en Ucrania”, y “La «guerra santa» del Kremlin contra Ucrania” son los titulares de los artículos publicados respectivamente, dejando traslucir el temor de que el ejemplo de Rusia defendiendo los valores cristianos se propague a otros países, Hungría, por ejemplo.

Mintiendo, asegura, “La idea de una » guerra santa» en Europa puede parecer un retroceso a siglos pasados.  Sin embargo, así es, en esencia, la forma en la que la Iglesia Ortodoxa Rusa y su jefe, el Patriarca Cirilo de Moscú, han retratado la invasión rusa de Ucrania”.

Este comportamiento no solo muestra cómo la iglesia y el Estado se han entrelazado en la Rusia de Vladímir Putin, sino que también es importante comprender las motivaciones para la Rusia de Moscú. Aunque no forma parte formalmente de él, la Iglesia Ortodoxa Rusa se ha convertido en un pilar de facto del  régimen autocrático de Putin.

“Ahora, muchos de los partidarios clericales de Moscú en Ucrania están dejando al patriarca Cirilo fuera de sus oraciones”.

“Cientos de sacerdotes ucranianos que siguen siendo formalmente miembros de la iglesia de Moscú han pedido que el Patriarca sea juzgado por un raro Tribunal de la Iglesia por bendecir la guerra”.

Engrosando la ola inquisitorial, el Financial Times, afirma: “Lord Rowan Williams, el ex arzobispo de Canterbury, después que visitó Ucrania la segunda semana de abril, declaró que existe un ‘caso sólido’ para expulsar a la iglesia rusa del Consejo Mundial de Iglesias, a menos que el Patriarca Cirilo I condene el asesinato de miembros de su ‘propio rebaño’.

Lord Rowan (de Inglaterra, fue dirigente espiritual de la Comunión Anglicana 2002-2012) y es famoso por haber llevado las demandas del cabildo LGBT al interior de la estructura clerical de la Iglesia Anglicana. Esta y otras desviaciones aceleraron el desmoronamiento de tal institución

Por otro lado, para animar el linchamiento del Patriarca Cirilo I, el pasado 7 de abril el Parlamento Europeo en un comunicado lo condenó:

Se condena el papel del Patriarca Cirilo I de Moscú, jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, por dar justificación teológica a la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania; y elogia la valentía de los 300 sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa Rusa que firmaron una carta que condena la agresión,

En ese mismo sentido, en los Estados Unidos, todas las redes del Consejo Mundial de Iglesias en fundaciones, Iglesias y universidades se movilizan para sancionar a Cirilo I. Por ejemplo, el famoso Instituto Dietrich Bonhoeffer, con sede en Washington, puso en alerta a sus seguidores solicitando presionar para que en la próxima asamblea del CMI, a realizarse en septiembre, se cancele o por lo menos se suspenda indefinidamente la filiación de la Iglesia Ortodoxa Rusa.  “Ya que Cirilo I persiste en justificar la agresión de Putin estilizando la invasión como una cruzada religiosa”, dice un comunicado del Instituto.

Una Nueva Conferencia de Helsinki,

La agudización de la guerra y la ofensiva mediática contra Rusia, Putin y Cirilo I provocaron la cancelación de una reunión que el patriarca tendría planeada con el Papa Francisco, quien ha mantenido la neutralidad y ha realizado fuertes llamados en búsqueda de un sistema estable de paz mundial.

En este sentido el secretario de Estado del Vaticano, cardenal  Pietro Parolin, ha propuesto que en el camino de la pacificación se debería convocar de inmediato una nueva conferencia de Helsinki. La Conferencia para la Seguridad Y cooperación de Europa Occidental Oriental tendiente a establecer una comunidad de convivencia, se realizó en 1975, y tuvo la participación activa y oficial del Vaticano.

En un artículo del Il Messaggero del 29 de abril, a propósito de la presentación del libro Contro la guerra, del Papa Francisco se dice que:

“En cuanto al tema debatido del envío de armas, el  secretario de Estado del Vaticano  repitió que las naciones tienen «derecho a defenderse de la invasión sufrida», señalando, sin embargo, que solo la esfera militar, sin perseverar en el frente diplomático, es como un fin sin esperanza.

En los últimos días, el cardenal había declarado en una entrevista con la Agencia de Noticias Católica que Kiev tiene el derecho «legítimo» de defensa, pero que el envío de armas podría desencadenar una escalada «terrible».

Pero veo que muchos están enviando armas, y eso es algo terrible en lo que pensar», incluso, si «el principio de autodefensa sigue siendo válido».

Además, hizo un fuerte llamado a los líderes europeos para abandonar el letargo que los ata al destino marcado por Washington y la OTAN y moverse significativamente en favor de la paz.

Abandonar el esquema de guerra y asumir el esquema de paz significa fortalecer la participación en los organismos internacionales y también redescubrir una mayor capacidad de iniciativa europea. La guerra en curso en Ucrania es terrible en el corazón de Europa y la Europa cristiana, dijo.

La deriva en ese momento, recordó el cardenal, dejó de reunir a los diversos protagonistas. Tengo la impresión de que esta guerra fue el resultado de un proceso creado en las últimas décadas». Y, «cuando hablamos de la erosión del multilateralismo, y cada uno trató de resolver los problemas para los intereses de grupo, era lógico que fuéramos a una tercera guerra mundial en pedazos.

Parolin reiteró: «Necesitamos el espíritu que el entonces primer ministro [italiano] Aldo Moro interpretó en Helsinki en 1975, yendo más allá de la lógica de los bloqueos e involucrando a todas las naciones. La paz redunda en interés del pueblo, la seguridad internacional redunda en interés de todos. Hoy, necesitamos redescubrir ese espíritu, necesitamos una nueva Conferencia de Helsinki».

Cabe recordar que el Pontífice del momento de Helsinki, fue Pablo VI, quien, en su misión de pacificador para evitar otra guerra en Europa, años antes había presentado al mundo su profética Encíclica Populorum Progressio, desarrollo el nuevo nombre de la paz (1967).

En este último sentido religioso-cultural, son el Papa y el Patriarca de Moscú, las figuras claves para promover efectivamente una paz duradera; un nuevo impulso para el “bien común europeo”, que en última instancia puede terminar ayudando a la Iglesia romana en su lucha contra el peligro de un cisma identitario en Europa.

*MSIa Informa

Foto: Tama66 

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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