Del otro lado del conflicto, los asesores angloamericanos del presidente ucraniano Volodomir Zelenski planearon turbar las celebraciones del día de la victoria en Rusia y en Bielorrusia con una operación militar para recapturar la Isla de las Serpientes en el mar Negro, cuya guarnición ucraniana se rindió a la Marina rusa en los primeros días de la guerra.
La intención era presentar la toma de la isla como un revés humillante para el presidente ruso, Vladímir Putin y, a pesar de la oposición del Estado Mayor ucraniano, consciente de los riesgos de una operación de escaso valor militar, Zelensky dio personalmente la orden para su ejecución. El resultado fue desastroso, con pérdidas dolorosas de aeronaves y embarcaciones y la muerte de casi 100 militares.
Por ironía, Zelensky pudo celebrar la victoria sobre los nazis, porque Ucrania perdió 8 millones de sus ciudadanos en la guerra, pero prefirió seguir ocultado los vínculos neonazis de gran parte de su ejército y efectuar una operación militar descuidada e inocua, como si fuese tan sólo un acto de una tragicomedia rellena de efectos especiales.
A todas luces, a pesar de ser saludado como un gran estadista en sus discursos por video dirigidos a los parlamentos influenciados por Washington, el presidente ucraniano no ha demostrado ninguna preocupación por las vidas humanas perdidas, en tanto que mantenga el apoyo de sus patrocinadores occidentales.
A su vez, el presidente estadounidense, Joe Biden, que también ignoró la fecha histórica (en Estados Unidos y en Europa, la victoria sobre Alemania se celebra el 8 de mayo), prefirió usar el 9 de mayo para anunciar la firma de la versión actual de la Ley de préstamo y arrendamiento de guerra, para seguir armando a los ucranianos en su lucha para defender su país y su de democracia de la brutal guerra de Putin (White House 09/05/2022).
La ley de préstamo y arrendamiento (Lend-Lease Act) original de 1940, en realidad contribuyó a armar a la URSS y a Gran Bretaña su lucha contra el nazifascismo, antes incluso de que Estados Unidos entraran a la guerra, en diciembre de 1941. Al final de la Guerra, los gastos en armamentos y equipamiento con un monto aproximado de un billón de dólares a precios actuales (en gran medida resarcidos por británicos y soviéticos) tuvieron un papel crucial en la consolidación de lo que vendría a ser después el “complejo de seguridad nacional”, el núcleo del poder real estadounidense de la post guerra.
En su versión actual, la intención real es debilitar a Rusia con una guerra prolongada -como admiten abiertamente altos funcionarios de Washington-, canalizar ganancias enormes al complejo de seguridad nacional e intentar lo imposible: dar marcha atrás a la pérdida de la hegemonía de Estados Unidos en el escenario mundial, que marca el fin de toda una era de predominio geopolítico y geoeconómico de Occidente.
*MSIa Informa

