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El discurso del presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, en la celebración del Día de la Victoria en Moscú, a pesar de las especulaciones delirantes de la prensa internacional, no trajo novedades respecto a los motivos de la operación militar especial en Ucrania, las cuales ya fueron explicadas anteriormente por él mismo. Lo nuevo es que las ideas que pueden darle forma al nuevo orden de relaciones internacionales están ahora en el campo de batalla.
Sin duda, lo que está en juego va mucho más allá de las fronteras finales de Ucrania después del conflicto, sino toda la arquitectura del orden de poder mundial. Así lo señaló el director del Servicio de Información Exterior (SVR) de Rusia, Serguéi Naryshkin, “no habrá retorno al orden antiguo”, que deberá ser sustituido por “un nuevo orden mundial que sea justo y sustentable” (Sputnik Brasil, 07/04/2022).
Para el Kremlin y para la población rusa, el 9 de mayo señaló el 77 aniversario del triunfo de los aliados sobre la Alemania nazi, en 1945, lo cual la entonces Unión Soviética pago con la sangre de 27 millones de seres humanos y una devastación sin precedentes en la historia de las guerras. Como afirmó el presidente Putin:
Estamos orgullosos de la invicta y valiente generación de vencedores, de la que somos sus herederos, y es nuestro deber guardar la memoria de quienes aplastaron al nazismo y de quienes nos obligan a estar atentos y a hacer todo lo posible para que el horror de una guerra mundial nunca se repita.
En su discurso, Putin volvió a mencionar las justificaciones existenciales de la acción militar, lo que ya hiciera en los pronunciamientos en los que anunció el reconocimiento de la independencia de las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk el 19 de febrero, y en el que pronunció al inicio de la operación militar, cuatro días después.
A pesar de todos los desacuerdos en las relaciones internacionales, Rusia siempre ha abogado por la creación de un sistema de seguridad igual e indivisible, un sistema que es vital para toda la comunidad internacional, afirmó.
A propósito de la propuesta rusa de un acuerdo de garantías de seguridad mutua, presentada a Washington y a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en diciembre del año pasado, recordó que las potencias occidentales “tenían otros planes. Y lo vimos”.
Resaltó lo que ahora es evidente:
Sin ocultar nada, se venía preparando otra operación punitiva en Donbás y una invasión de nuestras tierras históricas, incluida Crimea. En Kiev, anunciaron la posible adquisición de armas nucleares. El bloque de la OTAN comenzó a explotar militarmente nuestros territorios adyacentes. (…)
Repito, vimos cómo se desplegaba la infraestructura militar, cómo empezaron a trabajar cientos de asesores extranjeros y cómo se realizaban entregas regulares de las armas más modernas de los países de la OTAN. El peligro crecía día a día. Rusia dio una respuesta preventiva a la agresión. Fue una decisión forzada, oportuna e independiente.
EEUU, sobre todo después del colapso de la URSS, empezó a hablar de su excepcionalidad, humillando así no sólo al mundo entero, sino también a sus estados satélites, que deben fingir como si no se dieran cuenta de nada y tragarse todo sumisamente. Pero somos un país diferente”.
Demás hizo una dura crítica al deterioro de los valores fundamentales de Occidente:
Rusia tiene un carácter diferente. Nunca renunciaremos a nuestro amor a la patria, a nuestra fe y a los valores tradicionales, a nuestras costumbres ancestrales, a nuestro respeto a todos los pueblos y culturas. En Occidente parece que han decidido abolir esos valores milenarios…
Esta degradación moral se convirtió en la base de falsificaciones cínicas de la historia de la Segunda guerra mundial, de incitación a la rusofobia, a la glorificación de los traidores, a la burla de la memoria de sus víctimas, en borrar el valor de los que ganaron e hicieron posible la victoria.
Sabemos que a los veteranos estadounidenses que querían acudir al desfile de Moscú se les prohibió hacerlo, pero quiero que sepan que estamos orgullosos de sus hazañas, de su contribución a la victoria común.
Honramos a todos los soldados de los Ejércitos aliados -los estadounidenses, los británicos, los franceses-, a los participantes de la resistencia, a los valientes soldados y partisanos de China. A todos los que derrotaron al nazismo y al militarismo.
Es un hecho que los puntos clave del manifiesto de Pequín apuntan a un mundo muy diferente del que defienden las potencias occidentales. En lugar de la hegemonía unipolar, un sistema mundial multipolar; en lugar de un modelo único de democracia, respeto a las peculiaridades de cada nación: la seguridad externa de un país es indivisible y no puede obtenerse a costa de los demás; en esencia, “paz, progreso y cooperación” en el centro del sistema internacional, con el desarrollo como “un factor clave para garantizar la prosperidad de las naciones
En este contexto, es significativo que la gran mayoría de los países del mundo perciban el carácter de pivote que tiene el conflicto de Ucrania y que se nieguen a ceder a las presiones del eje euroatlántico para unirse a las sanciones contra Rusia, cuyas consecuencias económicas potencialmente ruinosas son cada vez más evidentes.

