Arturo Rios
El pusumiche, un diminuto pez, endémico de Tecpan de Galeana y en ninguna otra parte del mundo se encuentra, mide máximo 1.5 centímetros.
De la laguna de Tenexpa, se introduce en río de Tecpan y avanza contra corriente, como el salmón, decenas de kilómetros río arriba.
Es un fenómeno ancestral, amenazado por extinguirse y a fin de año, se observa por la orilla del afluente la cinta iniciada en la laguna de Tenexpa y termina en la Sierra de Tecpan, en una poza inmensa nombrada Poza del Pusumiche.
Es la meta del Pusumiche, ahí suelta sus huevecillos para iniciar el ciclo de reproducción de la especie. Muere la madre y de los embriones, surge la vida de sus descendientes y se cuentan por millones. Un fenómeno inigualable en esa parte de las costas de Guerrero.
Pero en toda esta belleza natural, surge una terrible realidad
Centenas de personas, interrumpen el viaje de los pececillos y con canastas, bolsas de tela y redes de tejido cerrado, atrapan los pusumiches para venderlos por puñados, ya que se cocinan en tortas de huevo, y resultan de gran exquisitez.
Todos ignorantes, vendedores y consumidores que, con esa práctic,a atacan el equilibrio del medio ambiente y ocasionarían la extinción de tan rara especie exclusiva de Tecpan.
En Guatemala, zona maya
Hay un pez parecido, que mide unos 8 cm de longitud, lo llaman Manjúa, es translúcido.
Se pesca todo el año en el Golfo de México, tiene muchas espinas que son comestibles.
Se consume como botana, en distintos guisos y son diferentes al Pusumiche y con diferentes hábitos.

