abril 25, 2026

El señor salió de viaje… ¡al más allá!

El señor salió de viaje… ¡al más allá!

Bolivar Hernandez, desde Guatemala*

Esta es la historia de Fulgencio, un hombre misterioso. Era tan reservado y hermético, que sus amigos íntimos no sabían a qué se dedicaba y de dónde provenían sus muchos recursos económicos.

Tenía varios inmuebles en la finca, que eran casas grandes construidas sin planos arquitectónicos, casas feas, sólidas, sin chiste. Además, coleccionaba automóviles de lujo, que se los traían rodando desde los EEUU; tenía una docena.

De repente viajaba súbitamente a Tapachula, Chiapas, en México, y se iba en la avioneta de sus clientes mexicanos. ¿A qué iba a Tapachula? ¡Sabrá Dios!

Fulgencio, de joven, fue un migrante en la Unión Americana

Donde hizo una pequeña fortuna, sin saber en qué actividad económica específicamente, y al retornar a la patria, encontró en la finca el sitio ideal para invertir su dinero en sitios baldíos. Y también establecer su residencia familiar.

Fulgencio tenía dos familias, una en Texas, mujer y tres hijos mayores; y la otra en Guatemala, mujer y dos hijos pequeños.

Era un hombre alto, corpulento tirando a gordo, completamente calvo, como bola de billar era su cabeza, reluciente. Se le veía seguido paseando por las avenidas de la finca, con un enorme perro, fuerte, que arrastraba con fuerza a su dueño.

Era un gran conversador y amaba todo lo mexicano y odiaba a los gringos. Tenía un trato distante y poco cariñoso con su mujer y con sus niños chicos.

Fulgencio poseía una bodega muy grande en la finca y la cual daba en alquiler a sujetos de dudosa reputación, que se dedicaban al negocio de compra-venta de autos usados, al parecer robados.

Era alcohólico y mujeriego, un seductor nato

Un día la esposa se fastidió de su presencia y se largó con sus hijos a otra parte. Fulgencio vivía solo en una gran mansión en la finca. Separado y luego divorciado. Sus hijos le temían y su mujer también.

En alguna ocasión, coincidimos en un restaurante cercano a finca, y observé a Fulgencio con su esposa desayunando, y comprobé que durante todo el tiempo, él no le dirigió a su mujer, ni la mirada ni la palabra.

Durante mis recorridos de madrugada, me percaté que Fulgencio tenía muchos días sin aparecer paseando al animal, su mascota. ¡No sospeché nada!

Pero una tarde entró a la finca un carro fúnebre y se dirigió al domicilio de Fulgencio. Sacaron su cuerpo en un ataúd, y se lo llevaron.

Su muerte es un misterio y es la comidilla de todos los colonos de la finca.

Todos se preguntan: ¿Qué pasó? ¿De qué murió? Unos dicen: ¡Lo mataron!, y otros afirman que fue un suicidio.

Alguien habló por teléfono a su oficina y la secretaria respondió: El señor salió de viaje… ¡al más allá!

*La vaca filósofa. 

Foto: TRAPHITHO

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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