Bolivar Hernandez*
En esta ocasión remembro un encuentro fortuito que tuve, en 2012, con el entonces candidato a la presidencia de México por el PRI, el partido oficial, en gira de campaña por Querétaro, donde yo vivía en ese entonces.
Iba yo rumbo a la oficina de Relaciones Exteriores a recoger mi pasaporte, esto es en la calle Juárez, la misma del Teatro de la República, donde Enrique Peña Nieto haría un acto multitudinario con sus simpatizantes.
Caminaba yo muy bien arreglado de traje y corbata
Recién bañado, con mi cabeza rapada por las quimioterapias, para la foto del pasaporte, cuando veo venir directamente hacia mí a un grupo de hombres con aspecto de militares, que rodeaban a un hombre pequeño y de gran copete.
Guapo al decir de las mujeres priistas que, sin titubear, me enfrenta a media calle, y me abraza efusivamente y me pregunta:
-¿Cómo está usted, querido licenciado? 
Yo le respondo:
Estoy muy bien, gracias señor licenciado.
Era incierto decir que estaba bien, si tenía el rostro demacrado y con huellas visibles del cáncer, aparte calvo. En fin, no iba yo aclararle al futuro presidente de México, mi verdadero estado de salud, en ese momento. Nos abrazamos efusivamente con una sonrisa clásica de un político de cualquier país. Y nos despedimos como los grandes amigos o correligionarios que suponía él, que lo éramos.
La verdad de este insólito encuentro es ésta:
Enrique Peña Nieto me confundió con algún conocido suyo, y yo no lo saqué de su error, ni le aclaré que no iba yo a votar por él, por ser yo un hombre de izquierda, progresista.
De este insólito encuentro entre este humilde caballero y el futuro presidente de la República mexicana, hay fotografías y un texto de los periodistas locales publicado en la prensa del día siguiente.
Debo añadir que yo camino siempre a mitad del arroyo vehicular, a media calle, porque las aceras o banquetas casi siempre estaban rotas o inclinadas en Querétaro. Por eso camino con paso seguro, con la frente en alto, con cierta altivez por la calle. Esto, pienso ahora, motivó al candidato Peña Nieto a ir a mi encuentro y provocar ahora esta evocación de una confusión graciosa.
*La vaca filósofa.

