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El rechazo contundente de los electores chilenos del proyecto de Constitución, sometido a un plebiscito popular el 4 de septiembre pasado, tendrá repercusiones fuera de las fronteras chilenas, ya que anota un revés para el proyecto del tambaleante Nuevo Orden Mundial, que viene trabajando por varias décadas para pulverizar los tejidos de cohesión interna de las naciones de Iberoamérica, esto es, su ethos común: sus raíces culturales cristianas. Lo que emergió en el plebiscito fue este factor cultural de apego a valores transcendentes de amor a la Patria constituida. Este elemento vital fue lo que escapó a los cálculos ordinarios de politólogos, juristas y el mundo político, dominado por lo que en la modernidad se califica del “cancelamiento” histórico, nuevo nombre de la ceguera.
Aunque en la elaboración del proyecto constitucional fue el resultado de un verdadero omelete de varias vertientes “post modernas” y contraculturales, -aliados polimorfos del proyecto de un gobierno mundial único-, el factor catalizador de esa respuesta de unidad nacional, fue la reacción al etnonacionalismo y la plurinacionalidad.
El destino era convertir a Chile en un retazo de regiones con derechos y sistemas jurídicos propios, bajo el manto de un Estado plurinacional. Por si las dudas, los números más altos del rechazo ocurrieron en las provincias del Sul, Araucanía y Bío Bío, que enfrentan la insurgencia de grupos terroristas mapuches.
Que la población mapuche, el grupo indígena mayoritario del país
Ha sido demandante de la autonomía demostró ser una ficción finamente cultivada por décadas por un batallón de antropólogos protegidos por el Consejo Mundial de Iglesias y por los organismos específicos de la ONU. En Ecuador y Bolivia, la imposición plurinacional, ejecutada por personajes idénticos tuvo éxito relativo ya que abrió las puertas de una inestabilidad institucional permanente.
Por el lado de la ideología identitaria y la preocupación ambientalista, la hipotética Constitución le daría derechos a la naturaleza, y subrayaba la preocupación por los animales como seres que sienten, al mismo tiempo que hacía del aborto amplio e irrestricto un derecho constitucional, pero no le daba ningún derecho a un ser humano en el vientre materno. Esto fue repudiado.
En el feminismo internacional desbocado causará una revuelta ya que tiene entre sus más notables miembros a la expresidente Michelle Bachelet que personalmente se empeñó en la aprobación del proyecto constitucional. Un día antes de la realización del plebiscito, la vicepresidente de la Comisión de la Mujer en el Parlamento Europeo, la jurista española del PSOE, María Eugenia Rodríguez Palop expresaba que la aprobación sería una “oportunidad histórica para cambiar la vida de las mujeres del mundo entero… ojalá llegara a España y a la Unión Europea”.
El presidente Gabriel Boric, bajó la cabeza e intentará reiniciar su gobierno con una amplia reforma ministerial contando con el apoyo de los expresidentes, Michelle Bachelet y Ricardo Lagos, para salvarse de la debacle.
Por otro lado, son sintomáticas las reacciones de otros gobiernos en la región que sintieron el golpe del plebiscito. Tanto Nicolás Maduro en Venezuela como Gustavo Petro en Colombia, atribuyeron el descalabro a una ¡victoria de Pinochet!, en referencia al hecho de que la Constitución en vigor es la establecida por el régimen del general Augusto Pinochet (1973-1990).
Petro es un caso singular
De inmediato se vistió con el saco de la derrota y desbocado comentó en su cuenta Twitter: “Pinochet revivió”. Agregando “solamente si las fuerzas democráticas y sociales se unen, será posible dejar atrás un pasado que mancha toda América Latina y abrir las alamedas democráticas”. Parece que está escuchando prematuramente pasos en el tejado.
En el plebiscito que aprobó la instalación de la Asamblea Constituyente (2021), la gran mayoría de la población si voto a favor de una nueva Constitución, un cambio, enérgicamente una exigencia que no es propia de Chile sino de Iberoamérica. Es un rechazo a los gobiernos establecidos identificados con la corrupción, y sin un rumbo de grandeza por construir, que atraiga a la población sobre todo a los más jóvenes, gobiernos y partidos, un mundo político que no han cumplido con su razón de existir: hacer justicia económica y social.
La revolución molecular difusa que se intentó en Chile, sufrió un golpe, toca ahora que Iberoamérica venza la política de la cancelación de los valores culturales y espirituales.

