Si hubiese un Premio Nobel para la desfachatez, la presidente del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, sería una candidata seria para el de este año, por su declaración de que la inflación que aflige a la Unión Europea “vino de la nada.” O todavía mejor, para ella, sus causantes fueron la pandemia y el presidente Vladímir Putin:
La crisis de energía causada por el Sr. Putin… Es lo que él está tratando de hacer, causar el caos y destruir cuanto pueda en Europa. Esta crisis de energía está causando una fuerte inflación, que tenemos que derrotar. (RT, 31/10/2022).
Estas son sus justificaciones deshilachadas para mantener las tasas de interés europeas en el nivel más alto en más de una década, mientras la economía de la UE se hunde debido al alza de la energía, causada por las sanciones contra Rusia y una especulación que ya estaba sucediendo mucho antes de la guerra de Ucrania.
Como alta sacerdotisa del templo de las finanzas globalizadas
Lagarde cumple tan sólo con su papel de guardián de un sistema financiero internacional que hace mucho que perdió el contacto con la economía real.
Y, a cambio, funciona como uno de los pilares del poderío de la Hegemósfera -hoy amenazada por el ascenso del eje euroasiático como nuevo centro de gravedad geoeconómico y geopolítico del planeta.

