Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma* El mercado de cambios global, el llamado FX (foreign exchange), unos de los principales componentes de la burbuja financiera y de derivados mundial, experimenta una creciente fibrilación.
El riesgo de una gran crisis es cada vez mayor. Esta es una afirmación del Banco de Liquidaciones Internacionales (BIS) de Basilea, el banco central de los bancos centrales, en su más reciente boletín Triennual Survey, el cual incluye datos de hasta mediados de 2022.
El mercado se encuentra afectado por una excepcional volatilidad, debido a las imprevisibles tendencias de las tasas de interés, aumento de los precios de las commodities, inflación alta generalizada y multiplicación de tensiones geopolíticas.
El volumen de negocios en los mercados FX ha crecido globalmente
En abril de 2022, su movimiento diario promedio era el equivalente de 7.5 billones de dólares, volumen, anualizado, sería de 30 veces superior al Producto Interno Bruto (PIB) global y 14% superior al registrado a inicios de 2019. Casi 90% de sus transacciones se hacen con dólares estadounidenses, con euros, yens y renminbis (al alza) registrando índices muy menores.
El dominio del dólar en los mercados de cambio globales de debe al hecho de que, en general, dos monedas diferentes no son intercambiadas directamente, sino por intermediación de la moneda estadounidense, cuyo papel en el rubro representa 40% de su facturación en los mercados FX.
Según el BIS, la mayor fragmentación del comercio de cambio dificulta la gestión, pues se pasan de negociaciones relativamente controladas y con límites de transacciones permitidas hacia formatos bilaterales de ejecución electrónica. El BIS habla de un cambio de formas “visibles” hacia otras más opacas. Es decir, es la misma diferencia existente entre los derivados financieros administrados en plataformas reconocidas y los “de ventanilla” u OTC (the “over-the-counter”), que también son contratos bilaterales y mantenidos fuera de los balances. Como resultado, las informaciones disponibles pueden resultar insuficientes para un adecuado análisis de las condiciones de mercado y sus vulnerabilidades financieras. Una fuente importante de estas últimas es el apalancamiento del dólar embutido en los mercados de cambio. A diferencia de la mayoría de los derivados, los basados en monedas involucran intercambios de capitales y, por lo tanto, generan obligaciones de pago (débitos) iguales a los valores totales de los contratos. A mediados de 2022, esta deuda en dólares totalizaba casi 85 billones en términos globales, pero, por estar fuera de los balances, está por lo tanto “ausente”.
Si consideramos todas las monedas, las obligaciones suman el equivalente de 97 billones de dólares, es decir, el equivalente al PIB global de 2021 y tres veces el total del comercio mundial. Las posiciones en dólares representan 88% del total. El dominio del dólar en los mercados cambiarios es evidente, pero representa un serio problema de control y gestión.

Estos son valores impresionantes
Para entidades no bancarias fuera de los EUA, tipo fondos de inversión, las obligaciones estimadas de pago fuera de los balances serían de 26 billones, el doble de sus deudas en dólares registradas en los balances. En 2016, este número fue de 17 billones de dólares. Los bancos fuera de los EUA, con acceso limitado a los créditos de la Reserva Federal, están cerca de 39 billones de estas obligaciones fuera de los balances, en comparación con 15 billones en los balances –es más de 10 veces su capital. Las transacciones cambiarias, por ende, crean obligaciones de pago futuro en dólares (deudas) sin aparecer en los balances y en las estadísticas de deudas. Gran parte de estas son de plazo muy corto y las necesidades de desplazamiento resultantes –el proceso de mantener una posición abierta después del vencimiento-imponen una gran presión sobre la disponibilidad de financiamiento en dólares. Los mercados cambiarios, por tanto, sin vulnerables a las restricciones del financiamiento. Sin embargo, dice el BIS, fuera de vista no debería significar fuera de la mente. El hecho de no ser vistos no significa que no existan y que no puedan causar estragos. Durante la Gran Crisis Financiera de 2008 y las turbulencias del mercado de marzo de 2020, se necesitaron acciones políticas extraordinarias e intervenciones de la Reserva Federal para evitar lo peor.
Uno de los problemas es la falta de información en torno a las deudas fuera de los balances. Así, en tiempos de crisis, las políticas que buscan restaurar el flujo regular de dólares a corto plazo en el sistema financiero son inciertas y envueltas en niebla.
En el segundo trimestre de 2022
Se estimó que la cantidad de deuda y préstamos denominados en dólares, en que ni el emisor/mutualista ni el acreedor sean residentes en los EUA, sea del 88% de la deuda internacional total y 65% de los préstamos bancarios en dólares. El BIS dijo que, en cualquier día de abril pasado, casi un tercio del ingreso cambiario, casi 2.2 billones de dólares, estaba en situación de riesgo, un aumento del 16% en tres años. Sin embargo, el riesgo de una de las partes de una negociación de moneda de no entregar el valor debido puede resultar en pérdidas materiales para los participantes del mercado, a veces con consecuencias sistémicas. En el pasado, hubo varios casos de serias dificultades y hasta el fracaso de algunos actores involucrados. En verdad, estamos sentados en un volcán listo para explotar. El BIS alerta también sobre esto, invitando a los bancos centrales y gobiernos a preparar con urgencia reglas y reformas. Las palabras y las danzas de los chamanes de las finanzas no son suficientes.
*MSIA Informa

