Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Necesitamos de claridad. Detrás de las recientes bancarrotas en los EUA, hay otros motivos de preocupación, empezando por el fiasco de las autoridades de la supervisión bancaria, destacando la Reserva Federal.
Desde nuestra perspectiva, la omisión del banco central en intervenir al sistema bancario se debe a que sus directivos estaban plenamente conscientes de que sus políticas monetarias oscilantes, con tasas cero primero y, después, con aumentos en los intereses, contribuirían a girar el sistema bancario de adentro hacia afuera. De manera errónea, asumieron que la abstención era la segunda opción peor; la primera habría sido seguir con la política de inyección masiva de liquidez hasta que la burbuja estallara.
El gobierno y las autoridades bancarias no fueron tomados por sorpresa
Estaban listos para nuevas intervenciones, con el objetivo de salvar todo el sistema. Mejor intervenir después de la quiebra de un banco regional que la de uno de los “demasiado grandes para quebrar”. De hecho, terminó habiendo una inundación de intervenciones. Se formó un Mecanismo de Rescate Bancario (Bank Bailout Facility), mediante el cual el gobierno concede préstamos a los bancos. La Reserva Federal anunció una “ventanilla de descuento”, para préstamos de emergencia a bajo costo.
Bajo el liderato de Fed y del Tesoro, seis grandes bancos –JP Morgan, Wells, Citibank, Bank of America, Goldman Sachs y Morgan Stanley-acordaron disponer 30 mil millones de dólares para el First Republic Bank. No obstante, esta montaña de dinero no fue suficiente para impedir el colapso. La Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC), la agencia de protección financiera, intervino también para garantizar los depósitos hasta de 250 mil dólares. Sin embargo, téngase en mente que su fondo cubriría solamente el 2% de los 9.6 billones de dólares de depósitos asegurados.
Hay en curso una versión buscando desviar la atención de los bancos muy grandes. Se habla de manera insistente de los riesgos de insolvencia de bancos regionales y de los llamados bancos de ahorro y préstamo, aquellos que recogen ahorros y conceden préstamos a empresas y familias locales. Sin duda, no se pueden negar sus actuales dificultades, creadas justamente por las altas tasas de interés. Recordemos una crisis semejante, pero en una situación de diferente gravedad sistémica ya ocurrida en la década de 1980, nuevamente a cuenta del crecimiento vertiginoso de las tasas de interés por parte de Fed.
Por ende, es ingenuo creer que los bancos regionales son entidades totalmente independientes con relación a los 20 mayores bancos estadounidenses, los llamados” sistémicos”. Durante el año pasado, según el JP Morgan, los bancos menores perdieron 1.1 billones de dólares en depósitos transferidos hacia los mayores.
También hay otra explicación
Según la cual los bancos europeos, y no los estadounidenses, estarían en el ojo del huracán. Ciertamente, después de la crisis del Credit Suisse y de las graves fibrilaciones del Deutsche Bank (DB), no se pueden negar las grandes dificultades crecientes enfrentadas por el sistema bancario europeo.
Nunca nos cansamos de denunciar el arriesgado comportamiento del DB, la superestrella de los derivados “de ventanilla” (OTC). Pero tampoco podemos olvidar que el sistema bancario europeo entró en aguas turbulentas, justamente, al copiar los métodos especulativos del estadounidense y de la City de Londres.
Igualmente, es necesario tomar en cuenta el mayúsculo error de la calificación de riesgo, las conocidas empresas estadounidenses. Hasta la víspera de la quiebra del Silicon Valley Bank (SVP), la Moody’s le otorgaba una calificación A3 y la Standard & Poor’s (S&P) le atribuía una calificación ligeramente inferior-Bbb. Ciertamente, ellas estaban lejos de las AAA distribuidas antes de la quiebra de Lehman Brothers en 2008. Todavía los títulos del SVB eran considerados en nivel grado de inversión, es decir, dignos de inversión y, por tanto, no especulativos.
Incluso en el caso del fallido First Republic Bank, obsérvese, las agencias S&P y Fitch incluirían al banco entre las empresas “basura” (junk) solamente después de las intervenciones de rescate.
En su perspectiva bancaria global para 2023
La S&P afirma que el sector bancario estadounidense se encuentra saludable y el riesgo está disminuyendo. Para Moody’s, la perspectiva sería estable, aunque haya alertado de vientos contrarios en una economía en desaceleración.
Se trata de desvalorizaciones graves, en detrimento de los ahorradores y de los inversionistas honestos. Se persiguen comportamientos, por lo mínimo, incompetentes e inadecuados, los cuales ya habían surgido con fuerza en 2001, en la víspera de la quiebra de Enron, el gigante energético estadounidense y, después la Gran Crisis de 2008.
Desde 2001, el Congreso de los EUA ha realizado varias iniciativas de reforma, que, sin embargo, no llevaron a las agencias calificadoras a comportarse de manera más correcta.
*MSIA Informa

