Francisco Rodríguez*
¡Es cierto! AMLO está desesperado, ansioso, paranoico ante el fracaso de su experimento “corcholatero” y ante la irrupción de una posible candidatura presidencial, encarnada en la senadora Gálvez, que se oponga exitosamente a quien él “destape”.
Y es que si hasta hace tres semanas se veía remota la posibilidad de que sus opositores, constituidos por ahora en Alianza, siquiera hicieran un buen papel en los comicios de junio del próximo año, hoy la ciudadanía está animada, apoya a la hidalguense frente a tantos estúpidos e ilegales ataques del tabasqueño. En tanto, ella está abriendo al PAN, PRI y PRD las puertas del Congreso de la Unión que, también, hasta hace unas semanas eran apenas una rendija por la cual podrían pasar sólo algunos de sus militantes.
Ya le dije a usted aquí hace unos días que a AMLO sólo le faltaba alentar un proceso de desafuero –como el que él sufrió durante el foxiato– en contra de la senadora incómoda, pero fue más allá.
En su matiné del viernes divulgó documentos fiscales de las empresas de la señora Xóchitl, como él se refiere a ella, que sólo pudieron ser extraídos del SAT, ahora en manos de uno más de los amigos de su hijo Andy López. Y ello, señor Presidente, no sólo no es digno de un Jefe de Estado, también es ilegal y por ello es que la aludida va a demandarlo penalmente.
Porque la senadora respondió de inmediato a aquello de que durante los últimos nueve años, “sus” empresas –ahora dirigidas por el cónyuge y la hija de Gálvez, desde que ella se lanzó por la candidatura de la que fuese delegación Miguel Hidalgo de CDMX– han facturado mil 400 millones de pesos, lo que evidentemente fue un discurso para la cahiriza, los Amlovers y fauna que se le parezca.
Un perro oso
Vía Twitter, ella respondió que cuando hiciera uso de su nombre en sus mensajes por esa red, le colocara la arroba correspondiente, y además que AMLO acababa de acometer un perro oso.
Explicó la legisladora y aspirante presidencial que, con ello, el de Macuspana deja evidencia de que está usando todo el aparato de inteligencia para investigarme dolosamente por mi aspiración. Sígale, no le tengo miedo. No hay nada que ocultar.
Ha violado una serie de leyes y, por ello, procederé legalmente contra usted y quien resulte responsable. Me queda claro que ni contar sabe. Eso explica el porqué de los sobrecostos de sus obras. Dijo que mi empresa recibió más de mil 400 millones de pesos y, según su propio documento, no llegan ni a 80.
Confirma que prefiere las empresas patito de los elevadores del IMSS, los contratos de su prima Felipa, los sobres amarillos de sus hermanos y las casas prestadas a su familia, concluyó.
¿Es Xóchitl Gálvez la horma del calzado de López Obrador? ¿O una piedra en su zapato?


