En todo el mundo aumentan los temores de una repetición de la crisis financiera del 2008. De hecho, los efectos devastadores de las guerras en curso y las graves dificultades enfrentadas por el crédito privado, tanto en EUA y fuera de ellos, están impactando negativamente las economías de forma severa.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
En los últimos meses, algunos fondos privados de crédito ya quebraron y, en las últimas semanas otros se ven en búsqueda desesperada de liquidez para bregar con grandes retiros de inversionistas. Y la corrida sigue. En los EUA, el sector de crédito privado es estimado en aproximadamente 2 billones de dólares, pero el mercado potencial es mucho mayor.
El crédito privado se refiere a inversionistas que prestan dinero directamente a empresas e individuos privados, sin pasar por los bancos. Son fondos, no bancos, y, por ende, no están sujetos a reglas y controles del sector bancario.
Funciona así:
Gestores de activos captan recursos de inversionistas de todo tipo, incluyendo fondos de pensiones y aseguradoras, que buscan altos retornos, superiores, por ejemplo, a los títulos públicos y corporativos. Algunos operan directamente, mientras otros, grandes operadores financieros, crean “fondos ad-hoc” para la gestión de préstamos.
En los últimos años, aumentó significativamente la proporción de pequeños ahorradores, los llamados inversionistas al menudeo, quienes transfirieron su dinero hacia fondos de crédito privado. Ellos son atraídos por las tasas de interés ofrecidas más altas. Al final de 2024, representaban casi el 17% del total.
Una orden ejecutiva emitida por el presidente Donald Trump en agosto pasado, relativa a las pensiones, también está incentivando a muchos ciudadanos a transferir su dinero hacia gestores de crédito privado.
Los prestatarios –en su mayoría pequeñas y medianas empresas que los bancos consideran de muy alto riesgo para un préstamo tradicional –pagan tasas de interés más altas a cambio de un rápido acceso al capital y condiciones flexibles de financiamiento. Sin embargo, incluso para ellos, la tasa de incumplimiento debido a pagos retrasados, llegó a un récord de 9.2%.
Esta actividad se ha generalizado desde 2008, cuando los gobiernos endurecieron las restricciones a los préstamos bancarios, que muchas veces se concedían muy fácilmente.
Con frecuencia, nos encontramos con un mercado opaco de préstamos
Que sustentan empresas con balances igualmente opacos. Recordemos que los mercados privados, por definición, no son negociados públicamente. La falta de transparencia dificulta saber lo que se incluye en una oferta de crédito privado e incluso entender anticipadamente cuando los inversionistas iniciales podrían solicitar el reembolso de su dinero.
Además de esto, hay temores de que los rápidos avances en la Inteligencia Artificial (IA) puedan comprometer los negocios y la rentabilidad de algunas empresas de software, volviendo obsoletos a sus productos y desencadenando una ola de quiebras. Durante la pandemia, los acreedores privados invirtieron fuertemente en empresas de software.

El gran problema: El “carrusel” no termina con la concesión de crédito a los prestatarios
Algunos de los cuales, ciertamente no ofrecen las condiciones necesarias para lograrlo. Los préstamos concedidos son considerados activos y se convierten en capital subyacente para la emisión de otros títulos y también, o principalmente, derivados financieros.
Así, entramos en el bosque oscuro de Dante, pero rumbo al Infierno que no al Paraíso.
En las últimas semanas, algunos inversionistas en fondos de crédito privado solicitaron el reembolso de su dinero, temerosos de que sus gestores estuvieran sobrevalorando préstamos garantizados por empresas de riesgo.
Después de la quiebra de dos fondos estadounidenses ligados al sector automotriz, la ansiedad en Wall Street se concentró en el fondo de crédito privado Blue Owl Capital, que fue alcanzado por una ola de peticiones de rescate el mes pasado, forzándolo a suspender los pagos y liquidar activos para reembolsar a sus acreedores. La empresa vendió préstamos por el valor de 1 400 millones de dólares y sus acciones cayeron un tercio de su valor.
BlackRock, la mayor gestora de activos en el mundo, con unos 14 billones de dólares
Tuvo que limitar los rescates de su fondo Hold, después de un aumento repentino en las peticiones de reembolso. Blackstone, conocida por sus adquisiciones directas de empresas, tuvo que hacer lo mismo con su fondo de crédito privado Bcred.
El banco Morgan Stanley también decidió recientemente limitar los retiros de sus fondos. JP Morgan Chase, por su parte, redujo el valor de préstamos que los fondos de crédito privado habían ofrecido al banco en garantía para nuevos préstamos. Esto redujo el potencial apalancamiento de los fondos en cuestión-
Muchos argumentan que el sector no es lo suficientemente grande para impactar todo del sector financiero. En parte, esto es verdad. Sin embargo, lo mismo era verdad para el sector de hipotecas subprime, antes de la crisis de 2008.
Es por esto que los principales banqueros están cada vez más nerviosos, expresando su condición con frases de cowboy como “aún no sentimos la tempestad, pero los caballos en los establos están relinchando de miedo”.
Y Jamie Dimon, CEO de JP Morgan Chase, llego a admitir, en relación a la crisis de crédito privado, que “cuando ves una cucaracha, esto significa que hay muchas otras escondidas”.
Sin consideramos que los precios globales están subiendo y el PIB cayendo, podemos ser tentados a decir: Mala tempora currunt (corren tiempos malos).

