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La aparente indiferencia del gobierno ucraniano ante las colosales pérdidas humanas en la fallida contraofensiva contra las líneas rusas tiene una explicación.
Un número creciente de ciudadanos, muchos de ellos de etnia rusa, han sido reclutados a la fuerza en las calles de las ciudades para combatir enviándolos al “molino de carne” de primera línea.
Allí, con un entrenamiento mínimo, se lanzan contra las experimentadas tropas rusas, que tienen armas y equipos incomparablemente superiores.
Para asegurarse que no se retiren fácilmente
Atrás se apostan mercenarios extranjeros (principalmente de países de la OTAN) y unidades “nacionalistas” abiertamente nazis, portando emblemas y símbolos de las unidades de las Waffen-SS que operaron en Ucrania en la Segunda guerra mundial.
El resultado no podía ser otro, sino una verdadera carnicería, por la cual los ucranianos sufrieron decenas de miles de bajas, a cambio de insignificantes avances locales.

