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Nunca quedó claro por qué el tradicional primer debate electoral entre Joe Biden y su contrincante, el expresidente Donald Trump, fue adelantado; lo que sí es transparente es que más tarde o más temprano, el debate fue un fiel reflejo de la debacle no sólo del aún presidente Biden, también de la propia política de Estados Unidos.
El presidente Biden confuso y con signos de senilidad cada vez más disimulados, difícilmente podría haber cumplido un segundo mandato, de haber ganado las elecciones de noviembre. Su deprimente desempeño en el choque con Trump, desencadenó una rotunda señal roja de advertencia en las filas del Partido Demócrata, especialmente entre los grandes donantes de la campaña.
De repente, la innegable senilidad del presidente, que todos, incluidos los medios corporativos, habían estado tratando de disimular, se transmitió en tiempo real a todo el mundo por la patrocinadora del debate, la cadena CNN. De inmediato su letargo provocó una fuerte presión sobre él, para que se retirara de la campaña y dejara espacio a alguien por lo menos con mejor facultades mentales.
En rigor, la actuación en el debate fue solo la última de una larga serie de manifestaciones del deterioro mental de Biden
Ya evidentes en 2020, cuando fue elegido para impedir la reelección de Trump, desde entonces se dilucidaba la falta de opciones del establishment para mantener la insostenible pretensión de ampliar su programa excepcionalista, en un mundo que lo repudia. En este contexto, la senilidad del presidente es una metáfora de la propia decrepitud del sistema hegemónico estadounidense.
Por el otro, Trump mostró tener los pies más en la tierra en cuanto se refiere a la deteriorada situación estratégica internacional. Así, mencionó que él se propone acabar la guerra en Ucrania, y refiriéndose al presidente Selensky como una persona que cada vez que viaja a los Estados Unidos, se lleva una buena cantidad de dólares para cubrir los gastos bélicos.

Evidentemente la poderosa gran prensa nacional y extranjera, acordaron dar más énfasis a la a supuestas o mentiras reales y los aspectos más transitorios y estridentes que Trump trajo a colación en el debate. Ya que, evidentemente, hacen mella en el electorado norteamericano, a ejemplo de su desprecio por los inmigrantes, y su ira contra China e Irán.
Retrocediendo en el tiempo
Podría decirse que la vergonzosa imagen personal que dejará Biden en la recta final de su administración, representaría una “venganza de los dioses” por el apoyo incondicional y decidido que ha dado, desde su escaño en el Senado y la Casa Blanca, a todas las aventuras bélicas en las que EE.UU. se ha visto involucrado o apoyado en las últimas cuatro décadas.
Una larga lista que va desde las Malvinas a Ucrania y Gaza, pasando por Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria, Somalia, Yemen y otros países devastados en nombre de la democracia y la lucha contra el terror.
En cuanto a Trump, a pesar de ser solo tres años más joven que los 81 de Biden, tiene las ventajas de una salud mental considerablemente superior y de no ser visto como un sirviente del establishment, además de ser un feroz opositor de la agenda woke, favorecida por gran parte de las élites de Washington y segmentos crecientes del electorado.
Sin embargo, su propensión a crear realidades paralelas en relación con países clave como China e Irán, lo llevaron a arrebatos como los ataques con misiles contra Siria en 2017 y el asesinato del general iraní Qassem Soleimani a principios de 2020.
Ahora, atentos estamos a la agenda de Kamala Harris, en caso de que llegara a ganar los comicios del próximo 5 de noviembre y ocupar la Casa Blanca, como huésped distinguida durante tres años.
¿Qué se le critica a Harris?
La candidata del Partido Demócrata a la presidencia de EU tiene un currículum impresionante como exfiscal general de California y senadora de Estados Unidos, pero a menudo ha sido atacada por su bajo perfil como vicepresidenta: Van desde su falta de experiencia y liderazgo, hasta su escasa capacidad de comunicación, pasando por su lentitud a la hora de afrontar las crisis.

