La jefatura de nuevo gobierno de la Cuarta Transformación para el periodo 2024-2030, encabezada por la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, deberá crear su propio modelo de comunicación social para poder gobernar a la sociedad mexicana y construir el “Segundo Piso de la 4-T”.
Javier Esteinou Madrid*
El proyecto de comunicación de la 4-T
Independientemente de las diversas estrategias de difusión institucionales que utilice para alcanzar dicho objetivo comunicativo, como son el empleo las oficinas de prensa, los tiempos de Estado, los espacios en Youtube, las ruedas informativas, la “conferencia matutina del pueblo”, las redes sociales, etc., un recurso fundamental sobre el cual es imperioso que reflexionen la sociedad y el flamante régimen político sobre ¿cuál es el uso que se les dará a los medios de difusión públicos durante la novel administración morenista?
Los medios públicos en el lopezobradorismo
Para comprender esta realidad y contar con una perspectiva amplia que permita potenciar la comunicación de servicio público superando la óptica de gobernabilidad del “Primer Piso” del modelo de la Cuarta Transformación, es fundamental esclarecer ¿cómo se comportaron dichas entidades de transmisión colectiva durante la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024)?
Al respecto, se puede señalar que la misión que desempeñaron los canales de comunicación estatal en tal periodo fue operar diferenciadamente bajo dos grandes mecánicas de propagación colectiva para informar a la sociedad: la mecánica de diferenciación frente a los medios comerciales y la mecánica de intervención ideológica para la gobernabilidad.
La etapa “culturalista”
En un primer momento, en la etapa de la diferenciación frente a los medios comerciales, los canales de Estado se caracterizaron por ejercer una función “culturalista” basada en la estrategia de transmitir con buena calidad, originalidad y empeño múltiples flujos de mensajes y programas muy valiosos de carácter educativo, cultural, informativo, deportivo, entretenimiento, opinión, etc. En este sentido, se puede decir que en dicho nivel los medios públicos cumplieron decorosamente con la aportación para la sociedad mexicana de una alternativa de comunicación diferente a la oferta informativa que arrojaban los medios comerciales privados.
La fase de “legitimación política”
Sin embargo, en un segundo momento, al tener que definir informativamente la posición que adoptarían ante los conflictos económicos, políticos y sociales del país, los canales públicos abandonaron su comportamiento “culturalista” y corrieron ideológicamente su identidad hacia el oficialismo con objeto de legitimar narrativamente al sistema de gobernabilidad imperante.
De esta manera, pese al establecimiento de importantes normatividades constitucionales que delimitaban la naturaleza de la comunicación de servicio público, los medios de difusión de Estado no pudieron mantener su autonomía, equilibrio, neutralidad y equidad, sucumbiendo ante las presiones impuestas por las fuerzas del poder gubernamental establecido, ejerciendo una labor de defensa del sistema político reinante.
Dichas políticas de comunicación se estructuraron bajo las siguientes tres tácticas diferenciadas de apología y persuasión colectiva para construir la nueva hegemonía ideológica del “Primer Piso” del sistema de gobernabilidad morenista: elaboración de “directrices noticiosas a modo”, creación de “series o programas propagandistas especiales”, y aplicación de “linchamientos informativos selectos”.

Hacia otro modelo de comunicación público
Frente a tal desafío civilizatorio la nueva administración tiene la obligación de rescatar la verdadera naturaleza de la comunicación de servicio público que le corresponde ejercer a los medios de difusión de Estado y no convertirlos en soportes ideológicos para el “lavado de imagen” gubernamental.
Por consiguiente, los medios públicos no deben ser instrumentos para la guerra mediática, ni para la pleitesía al poder instalado, sino deben redimir su esencia de canales de Estado que es la promoción de la comunicación de servicio público. Deben ser espacios que nutran la deliberación publica ofreciendo información objetiva, verídica, neutral, transparente, pertinente, imparcial, plural y equilibrada para crear una opinión pública plural, democrática, incluyente y tolerante.
En este sentido, deben promover la conversación pública evitando la instalación del “pensamiento único” que descalifica y nulifica la disidencia para respaldar la concentración autoritaria de poder, avivando la edificación de la “Dictadura Perfecta”.
De lo contrario, si el nuevo modelo de comunicación en la fase del “Segundo Piso” estructural de la Cuarta Transformación de la República no impulsa el arquetipo auténtico de la comunicación de servicio público y solo reconstruye una nueva “Aguja Hipodérmica” oficialista con más perfeccionamiento tecnológico y ampliación de su cobertura nacional para inculcar la propaganda morenista a la nación; se volverá a provocar gradualmente una severa concentración de poder a nivel ideológico que ocasionará recurrentemente contradicciones sistémicas impidiendo el avance social.
El análisis de dicha realidad hoy día cobra una importancia medular, pues existen fuertes presiones políticas para acorralar financiera, jurídica y administrativamente a los medios de difusión públicos para que actúen como vitrinas del narcisismo mesiánico, abandonando su autonomía e imparcialidad como medios de Estado, por cuya misión luchó la sociedad civil durante varias décadas en México.
Hay que recordar que la experiencia histórica demuestra que la concentración del poder absoluto corrompe absolutamente y la centralización unilateral de la información termina creando “absolutismo cognitivo”, que es veneno puro para la democracia social.
*Revista Telemundo, No. 198, Sección Colaboraciones, Primera Revista Especializada en Cine, Video y Televisión, Creatividad en Imagen S.A. de C.V, Ciudad de México, México, agosto – septiembre 2024, página 39, Ciudad de México, México, RevistaTelemundoCineNo198Ago-Sep2024.pdf (revistapantalla.com)
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