En su discurso de toma de posesión, el presidente estadounidense Donald Trump dijo: Aplicaremos aranceles e impuestos a países extranjeros para enriquecer a nuestros ciudadanos.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Esto no puede ser catalogado como una simplificación extrema o un slogan electoral: Es una declaración preocupante, reveladora de una falta de entendimiento del funcionamiento de las complejas economías nacionales e internacionales en la actualidad.
Algunos ideólogos estadounidenses argumentan que Trump nos encaminará a una desordenada desglobalización, en favor de un nacionalismo económico exasperado y casi autárquico. En realidad, ningún país, mucho menos los Estados Unidos, que ambicione dictar sus condiciones al resto del mundo, pueden vivir en aislamiento progresivo y, al mismo tiempo, ejercer una dominación unilateral.
Primero, los aranceles producen inevitablemente reacciones políticas y económicas legítimas. Generalmente generan contra-aranceles, al igual que sanciones. ¿Por qué una gran nación debería sufrir con eso sin responder? ¿Pudiésemos pensar que Canadá o México serían inducidos a someterse por miedo al vecino gigante? ¿Pero y China? ¿Y el grupo de países BRICS, todos juntos? ¿Y, por qué no, la Unión Europa? Esto llevaría a una guerra económica global con repercusiones geopolíticas extremadamente peligrosas.
Los aranceles se imponen para garantizar que, en lugar de importar ciertos bienes, éstos puedan producirse en territorio propio
En, este caso, en los Estados Unidos. Es verdad, por ejemplo, que China tiene un superávit comercial favorable de 270 mil millones de dólares con EEUU. Europa también tiene un superávit de 130 mil millones de dólares.
Durante el año pasado, China exportó más productos hacia los EUA de los que importó. El desequilibrio es, por encima de todo, resultado de la política estadounidense de outsourcing (tercerización), que ya lleva décadas, es decir, la opción de transferir empresas hacia países donde la mano de obra es barata y donde es posible hacer cosas que serían prohibidas en los EUA, por ejemplo, por las leyes ambientales.
Esta política fue implementada no solamente con China, sino también con México. De hecho, centenas de las llamadas “maquiladoras” surgieron a lo largo de la frontera, donde empresas, muchas de ellas controladas por capitales estadounidenses, producen para el mercado de los EUA a precios muy bajos. Situación creada por las multinacionales estadounidenses.
Vale cuestionar: ¿Las empresas estadounidenses conseguirán sustituir rápidamente los productos que no llegarán de otros países a causa de los aranceles? ¿Son capaces de hacer esto? Y si lo es, ¿Cuánto tiempo necesitarán para crear y operar negocios locales capaces de llenar el vacío creado?

Estados Unidos no son Rusia
Cuando las sanciones les fueron impuestas, después de la anexión de Crimea, Moscú lanzó inmediatamente una política centralizada de apoyo a las empresas locales, para sustituir los productos bloqueados e intentó, especialmente con China, cubrir rápidamente ciertas importaciones tecnológicas ausentes.
¿Trump tiene una política dirigista de esa magnitud? ¿O dejará al mercado hacerle el servicio? Puede ser un error de cálculo.
Además de esto, los aranceles sobre productos importados aumentarán los precios al consumidor en los EUA. Tal vez, no inmediatamente 10% como los aranceles impuestos a China. Pero ciertamente aumentarán en algunos puntos porcentuales. ¿Y cuánto aumentarán a lo largo del tiempo? Arancel no es una palabra mágica para enriquecer ciudadanos norteamericanos a costa de otros países. Por el contrario, existe un riesgo de empobrecimiento.
Los efectos generales de las restricciones al comercio mundial. no deben subestimarse. Para conocerlos, bastaría desempolvar los estudios hechos sobre las consecuencias negativas generadas por las políticas tarifarias impuestas después de la gran crisis de Wall Street de 1929.
En ese entonces, el gobierno de Herbert Hoover firmó la famosa Ley Arancelaria Smooth-Hawley, imponiendo tasas de más del 20% sobre todos los productos importados. Por lo menos, 20 países respondieron con tarifas similares.
De 1929 a 1933, las exportaciones e importaciones estadounidenses cayeron un 67%, y con ellas el comercio mundial. Los efectos de la crisis financiera y de los aranceles sobre el resto del mundo produjeron la Gran Depresión, con alta inflación, colapso de la producción y millones de desempleados. Ella solamente fue derrotada por las políticas de renacimiento del New Deal de Franklin Delano Roosvelt.

Alguien debería recordar y explicar todo esto al presidente Trump
Una ayuda para un mejor entendimiento también podría venir de la Unión Europea.
Ya que la UE también será afectada por los aranceles, ¿por qué no unir fuerzas con el grupo BRICS y mandar un mensaje claro al presidente estadounidense, para no cometer un error semejante?
No es un desafío, sino un consejo amigable, y también una invitación para ojear al mundo y asumir el control de un urgente orden geopolítico multilateral, en relación al actual peligroso desorden global.

